Archivos Mensuales: agosto 2017

Semana52 en YouTube

Semana52 en YouTube

Un día soñé que hacía este video… y se me quedó dando vueltas en la cabeza hasta que finalmente lo hice. La calidad del audio es bastante mediocre, pero me sirvió para aprender a editar video. Fue divertido.

Actualizando mi plan de carrera

Actualizando mi plan de carrera

Hace dos meses estaba regresando de correr en Entre Ríos, en el auto de mi amigo Juan. Me tocó el asiento trasero, donde siempre me echo unas espectaculares siestas. Muchos envidian mi capacidad de dormirme en cualquier lado, pero… ¿realmente creen que uno termina descansado después de estar con la cabeza colgando, con un hilo de baba cayendo por el costado de la boca?

Este largo viaje por la ruta precisaba sacarle algún provecho que no fuera dormir. Saqué mi celular y empecé a imaginar un plan de carrera para los 245 km que voy a correr en Noviembre. Y a eso le tenía que sumar que en pocos días me mudaba a Brasil.

Empecé armando un plan de tres días conservador. No estaba corriendo mucho y no me sentía seguro. Tenía miedo de empezar con todo y romperme a los pocos días. Decidí no esperar a instalarme en Río de Janeiro y diagramé un entrenamiento de 22 semanas progresivo, con objetivos a alcanzar todos los meses.

Y ocho semanas después… me sorprende encontrar que lo estoy cumpliendo. No solo eso, sino que en un momento me sentí tan cómodo que empecé a juguetear con las distancias, subiendo un poco los objetivos semanales.

Me resulta muy fácil armarle un entrenamiento a otra persona, pero no pensé que pudiese hacerlo para mí. Mi miedo estaba infundado, porque después de llevar recorridos más de 642 km en dos meses, reduje mucho mi cintura, y desaparecieron algunos dolores que tenía como el de mi cadera o mis rodillas. Entiendo que, simplemente, me había desacostumbrado a las distancias, y que gracias a haber empezado de a poco, me fortalecí como para seguir en carrera.

Gracias a que soy flexible con correr mi techo, encontré que puedo hacer fondos de 30 km cada dos días, en lugar de los 20 km que pensaba que era mi máximo de esta etapa.

El único día donde no pude entrenar fue cuando nos enteramos del fallecimiento de Kaius, mi sobrino brasileño. Mi mujer me dijo que entrenase, pero no me sentí cómodo con esa idea. Mi familia me necesitaba, así que me quedé. Estoy entendiendo que mi entrenamiento es muy prioritario en mi vida (me levanto temprano y salgo a correr entre 2:30 y 5:00 horas, dependiendo el objetivo del día), incluso por encima de actualizar este blog. Sin embargo, creo que la familia siempre está primero.

Estos fueron mis rendimientos de cada semana:

Los “Extra” de las semanas 01 y 02 fueron justamente entrenando con mi grupo Actitud Deportiva, con mi alumno o con amigos. A partir de ahora quisiera empezar a correr día por medio, con lo cual tendría semanas de tres salidas alternadas con semanas de cuatro, que entrarán en la categoría “Extra”.

Y este es mi progreso mensual, a la fecha (incluyendo el primer fondo de 33 km que hice hoy, que corresponde a la SEMANA 09):

Desafio_Spartathlon_Argentino_actualizado

Nótese los objetivos en la columna “Kilómetros”, lo que efectivamente corrí en “Resultado” y la “Diferencia” al final, con los números en rojo cuando da negativo. Veremos cómo siguen las 14 semanas que quedan.

Lo que extraño de correr en Buenos Aires

Lo que extraño de correr en Buenos Aires

Uno suele apreciar las cosas cuando ya no las tiene. También es cierto que uno distorsiona los recuerdos, y todo tiempo pasado parece mejor. Sin embargo, hay algunas cosas que extraño de cuando entrenaba en Buenos Aires.

Lo primero que debería reconocer, ya que es la ciudad en la que elegí vivir, es remarcar las ventajas de Río de Janeiro. El hecho de que amanezca más temprano es algo que me encanta. Quienes me conocen saben que mi cerebro se desconecta unos 15 minutos después de cenar. Soy una persona diurna, y en Buenos Aires no podía evitar despertarme cuando todavía era de noche. En Río, durante el pleno invierno, a las 6:30 ya hay claridad como para salir a entrenar.

Otra cosa que me gusta es la cercanía que tiene la ciudad con el mar. Uno puede ir a correr junto a la playa, pero… la novedad se agota pronto. Y hay mucho tráfico que pasa haciendo mucho barullo junto a la ciclovía, lo que hace que la experiencia de entrenar en Copacabana o Ipanema sea un poco estres– ah, perdón. Dije que iba a hablar de las ventajas. Sí, playas. Es un punto a favor.

Río tiene muchos, muchos corredores. Le da la bienvenida a los atletas con sendas para hacer bici o correr, estaciones para entrenar, e incluso pesas hechas con caños y cemento. Da un look medio presidiario, pero ahí están para que las use quien quiera.

Aquí también hay mucha seguridad. Quienes teman andar por la calle pueden ir contabilizando la cantidad de policías o agentes de tránsito. Tampoco imaginen un estado paramilitar. Hablamos de cariocas con camisa de manga corta, gorrita, paseando o andando en bici.

Buenos Aires, por otro lado, tenía algo esencial que aquí perdí: baños públicos y bebederos. Como todos los problemas, se resuelve con plata. Río de Janeiro tiene estaciones donde uno puede hacer sus necesidades, pero son pagas. También hay montones de vendedores ambulantes que te venden un agua sin gas de medio litro por R$ 2,50 ($14), que es lo que te cobran en promedio por usar un baño público.

Supongo que, como hombre, me sentí culturalmente avalado para hacer pis donde quisiera. En el baño de una estación de servicio, en un McDonald’s, en un frondoso arbusto o tras el tronco de un árbol. Los hombres solo necesitamos dar la espalda, como si con esa simple acción nos volviésemos invisibles.

Los bebederos son algo que realmente extraño. Se venía dando, en los últimos años, la proliferación de esta agua de cortesía en muchos puntos de Zona Norte del Gran Buenos Aires y Capital. Era clave para mis fondos largos, donde solo tenía que preocuparme por tener algo de comer. Ahora, cada vez que corro una distancia mayor a 30 km, tengo que ponerme la mochila hidratadora si quiero tener autonomía, con el consiguiente dolor de espalda. Esa molestia uno lo tolera después de cruzar la meta, porque después de terminar una carrera de aventura o de montaña, todo va a doler igual. En cambio, cuando es un entrenamiento frecuente, no es tan simpático.

Otra cosa que extraño de entrenar en Buenos Aires es la facilidad de encontrar un camino sin mucha gente y con poco tráfico. Al vivir en una ciudad nueva, no conozco tanto como para poder alejarme de los puntos turísticos (difícil). Es cierto que correr bien temprano, como me gusta a mí, me da una cierta privacidad, pero casi siempre empalmo con el horario de entrada al trabajo, y más de una vez tengo que esquivar oficinistas y señoras que hacen las compras. Con el volumen del tráfico, correr en la ciudad también es un poco riesgoso. Me acostumbré a correr con música, básicamente para tapar el ruido de los coches y los colectivos.

¿Es mejor correr en Buenos Aires que en Río? No lo sé todavía. Llevo un mes y medio acá, así que entiendo que todavía me falta conocer. Estoy armándome mis rutas, y casi llevo perfeccionado mi camino para hacer 30 km, que es la distancia que más voy a repetir estos meses. La idea es seguir encontrándole la vuelta, seguir pagando los baños públicos, y encontrar una canilla en la que poder rellenar mi botellita.

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