Mi nueva vida

Mi nueva vida

De más está decir que estas últimas semanas han sido muy demandantes. Mudarse es un estrés, y ni hablar si es en una nación que no habla tu idioma. Sin embargo, lo estoy viviendo con mucha felicidad.

Cuando me casé, todavía no teníamos decidido con Luciane a dónde íbamos a vivir. Buenos Aires era una alternativa, aunque también teníamos el ojo en el viejo continente. Al final varias cuestiones, entre ellas laborales y familiares, hizo que todo se decantara hacia Rio de Janeiro.

En ese trajín armé un esquema de entrenamiento con el Desafío San Nicolás-Obelisco en mente, con los kilómetros que quería hacer día a día. Venía todo bien hasta que llegamos a la semana de nuestro vuelo. Aunque decidimos que el día anterior a volar estuviese libre, terminó siendo la jornada más recargada, con montones de trámites: devolver el router a Cablevisión, ordenar, terminar de guardar, colocar enduido, vender los últimos muebles, embalar la iMac, organizar la entrega de la llave a los nuevos inquilinos… ¡todo en menos de 24 horas!

De nuevo, volar se convirtió en el objeto de deseo, el instante en el que íbamos a relajarnos de una buena vez. Y de no haber ocurrido un incidente que no imaginábamos, todo hubiese salido mejor de lo que imaginábamos. Una vez en Ezeiza, descubrimos que la aerolínea no dejaba embarcar a Santi, nuestro gato. Según ellos, no tenía en regla la fecha de la vacuna: requerían que se la hubiese dado 30 días antes del vuelo, y nosotros habíamos visto a la veterinaria 19 días antes. Fue un estrés, que revolvimos mandándolo en un taxi a lo de mis viejos. Ellos intentarán traerlo en 3 semanas, cuando vengan a visitarnos. Un momento amargo cuando estábamos llenos de ilusión.

Río nos recibió con 26 grados, un clima bastante diferente que el de Buenos Aires. ¿Cómo estar amargado cuando el sol brilla y una brisa cálida acaricia tu rostro? Estoy comenzando a entender la alegría brasileña…

Decidí tomarme con calma lo de mi entrenamiento, todavía no tenemos un lugar decidido en el que vivir. Ya vimos siete lugares un mismo día, lo cual nos dejó sin energía. Nos sentimos cerca de cerrarlo.

Mi deseo es que mañana retome mis fondos, y tengo en la mira la Lagoa que tiene un circuito de 8 kilómetros. Ojalá me organice, necesito volver a mi rutina y no quiero dejar de lado esta energía de revitalización que estoy sintiendo.

Hubo mucho que quise escribir en estas últimas semanas. Decidí ir con calma, liquidar las cosas más urgentes, y actualizar el blog cuando estuviese más relajado. Es difícil de creer que finalmente estamos acá y que muchas cosas buenas nos aguardan. A veces no es solo cuestión de soñar sino de tomar decisiones y actuar. Todo termina llegando.

Publicado el 30 junio, 2017 en Semana 52. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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