Archivos Mensuales: junio 2017

Mi nueva vida

Mi nueva vida

De más está decir que estas últimas semanas han sido muy demandantes. Mudarse es un estrés, y ni hablar si es en una nación que no habla tu idioma. Sin embargo, lo estoy viviendo con mucha felicidad.

Cuando me casé, todavía no teníamos decidido con Luciane a dónde íbamos a vivir. Buenos Aires era una alternativa, aunque también teníamos el ojo en el viejo continente. Al final varias cuestiones, entre ellas laborales y familiares, hizo que todo se decantara hacia Rio de Janeiro.

En ese trajín armé un esquema de entrenamiento con el Desafío San Nicolás-Obelisco en mente, con los kilómetros que quería hacer día a día. Venía todo bien hasta que llegamos a la semana de nuestro vuelo. Aunque decidimos que el día anterior a volar estuviese libre, terminó siendo la jornada más recargada, con montones de trámites: devolver el router a Cablevisión, ordenar, terminar de guardar, colocar enduido, vender los últimos muebles, embalar la iMac, organizar la entrega de la llave a los nuevos inquilinos… ¡todo en menos de 24 horas!

De nuevo, volar se convirtió en el objeto de deseo, el instante en el que íbamos a relajarnos de una buena vez. Y de no haber ocurrido un incidente que no imaginábamos, todo hubiese salido mejor de lo que imaginábamos. Una vez en Ezeiza, descubrimos que la aerolínea no dejaba embarcar a Santi, nuestro gato. Según ellos, no tenía en regla la fecha de la vacuna: requerían que se la hubiese dado 30 días antes del vuelo, y nosotros habíamos visto a la veterinaria 19 días antes. Fue un estrés, que revolvimos mandándolo en un taxi a lo de mis viejos. Ellos intentarán traerlo en 3 semanas, cuando vengan a visitarnos. Un momento amargo cuando estábamos llenos de ilusión.

Río nos recibió con 26 grados, un clima bastante diferente que el de Buenos Aires. ¿Cómo estar amargado cuando el sol brilla y una brisa cálida acaricia tu rostro? Estoy comenzando a entender la alegría brasileña…

Decidí tomarme con calma lo de mi entrenamiento, todavía no tenemos un lugar decidido en el que vivir. Ya vimos siete lugares un mismo día, lo cual nos dejó sin energía. Nos sentimos cerca de cerrarlo.

Mi deseo es que mañana retome mis fondos, y tengo en la mira la Lagoa que tiene un circuito de 8 kilómetros. Ojalá me organice, necesito volver a mi rutina y no quiero dejar de lado esta energía de revitalización que estoy sintiendo.

Hubo mucho que quise escribir en estas últimas semanas. Decidí ir con calma, liquidar las cosas más urgentes, y actualizar el blog cuando estuviese más relajado. Es difícil de creer que finalmente estamos acá y que muchas cosas buenas nos aguardan. A veces no es solo cuestión de soñar sino de tomar decisiones y actuar. Todo termina llegando.

Cómo voy a planificar mi carrera

Cómo voy a planificar mi carrera

Disculpen si hablo en voz baja. Mi esposa duerme y no quiero despertarla. En pocos días nos vamos a vivir a Brasil… no es una etapa fácil para ninguno de los dos. Estamos vendiendo todo lo que no podemos llevar, haciendo trámites para salir del país (ella), para entrar a otro país (mi gato y yo), y tenemos pocas oportunidades para relajarnos. No por nada, empecé mi entrenamiento hoy, 20 de junio, feriado nacional, robándole algunas horas a mi propio sueño.

Como decía, esta etapa no fue sencilla. Independientemente de los cambios de pasar de la soltería a un matrimonio y del inminente cambio de país, haber dejado mi grupo de entrenamiento fue más duro de lo que me permito admitir en voz alta (por eso lo hago en voz baja, además de para no despertar a Luciane). Cuando hice mi reseña de los 140 km de la Patagonia Run, conscientemente dejé de lado esa cuestión. Era mi primera carrera fuera del ala de mi coach, y eso me pesó en la sumatoria de cosas que me alejaron de la llegada.

Este fin de semana que pasó, específicamente el 18 de junio, corrí junto con mi alumno Juan Pablo los 25 km de la Aurora del Palmar. Fue un modo de despedirnos porque a partir del 29 de junio ya no podremos seguir entrenando juntos, pero también un objetivo para preparar y demostrarle a él todo lo que había progresado. De más está decir que fue una experiencia increíble, de mucho frío pero muy emocionante. Nos embarramos pero nos divertimos, hasta cuando un charco de lodo me chupó una zapatilla y me dejó con un pie descalzo.

Aunque la pasamos muy bien, yo venía arrastrando la ansiedad de tener que cruzarme allí con mi antiguo grupo, específicamente con mi viejo coach. Evité pasar por su cabaña, ahorrándonos a todos un momento incómodo, pero también fantaseé con todas las cosas no dichas que podríamos decirnos si nos cruzábamos. Cuando venía arengando a Juan Pablo para no aflojar en ese último, eterno kilómetro, vi al coach lo lejos, esperando a sus alumnos. Sentí que no podía hacerme el distraído; después de todo no estaba enojado con él como para negar su existencia (solo evito nombrarlo en el blog por respeto). Cuando estaba a punto de pasar a su lado, levanté mi mano en señal de saludo, y él respondió levantando el pulgar. Agradecí no haberlo ignorado y que él tampoco lo hiciera. Es, quizás, el mudo cierre de esta relación de 9 años.

Después de nuestro fraternal abrazo en la meta con Juan Pablo y de la merecida medalla de finisher, volvimos a la cabaña e inmediatamente encaramos la ruta para regresar a Buenos Aires. Sin señal de celular y algo aburrido, decidí empezar a planificar mi próxima carrera. El desafío entre San Nicolás y el Obelisco, los 245 km que homenajean al Spartathlon, pero en Argentina. Lo pensé como una especie de despedida del running en mi vida. Cada vez me cuesta más encontrar los espacios para correr y la motivación. Este blog, al que amo, es un fiel reflejo de esto. Me cuesta escribir porque me cuesta pensar. En verdad los espacios están, solo que los estoy evitando.

Así fue como terminó surgiendo un plan de carrera en un Excel, donde al principio iba a comenzar a entrenar en julio, después de mi llegada a Brasil. Pero pensé: “¿Por qué esperar?”. En lugar de 20 semanas, pasó a ser un plan de 22, comenzando hoy con el Día 1 de la Semana 1. En realidad no estoy empezando de cero, tengo toda una experiencia previa. Aunque desde Patagonia Run mi entrenamiento bajó (mejor dicho, se tiró en picada desde un edificio de 55 pisos), me mantuve un poco activo. Tengo otra ventaja: algo me acuerdo de lo que funcionó cuando me preparé para el Spartathlon. Eso se lo tengo que agradecer a mi antiguo coach. Quizás ese pulgar arriba, señal de que todavía existo, haya sido el exorcismo que necesitaba para matar a los fantasmas y volver a entusiasmarme con un plan de carrera.

Después de darle varias vueltas, me organicé de la siguiente manera:

Semana_01_Spartathlon_Argentino

Voy a entrenar como mínimo tres veces a la semana, con la posibilidad de sumar distancias extra. En la primera columna va lo que creo que tengo que correr, al lado lo que finalmente hice, y al final la diferencia (como para tener un registro de “expectativa versus realidad“). El extra es tramposo, porque representa lo que corrí con mi alumno y mis entrenamientos en mi nuevo grupo durante todo junio. Debería haber puesto solo lo de esta semana, pero me importaba ese dato para la sumatoria de todo el mes. Eso es lo que sigue a continuación:

Plan_de_carrera_mes_a_mes
Como pueden apreciar, en Junio tenía planificado correr 110 km, pero ya tengo 81 km de diferencia positiva. El resto de los meses, iré haciendo un acumulado progresivo hasta llegar al 18 de Noviembre, donde en un solo día voy a correr 245 km. Todo sumado es un objetivo de 2205 kilómetros, de los cuales me faltan poco más de 2000.

Cuando hace unos años me puse a investigar cómo correr el Spartathlon, muchos recomendaban hacer un entrenamiento en asfalto bastante intensivo: 10 km por la manaña, 10 km por la noche, y 50 km los sábados, con el domingo como opcional de descanso. En muchos casos vi que algunos corredores llegaban a la carrera lesionados o recuperándose de esa paliza. Son 150 km semanales de base, con la advertencia de algunos que dicen que si no hacés 200 km por semana, te olvides de intentar correrla.

Creo que exageran. En mi experiencia, hacer entre 300 y 500 km mensuales fue suficiente. De todos modos, me terminé lesionando en el primer tercio del Spartathlon. Quizá sumando más distancia en mi entrenamiento hubiese sufrido ese desgarro antes. Lo que aprendí aquella vez fue que es muy importante tener días de descanso y hacer fondos un poco más largos en lugar de muchos cortos cada día. Como dije varias veces, es lo que a mí me funcionó y no quiere decir que a otro le funcione. Es más, es importante dejar esto bien en claro: No sé si mi plan de carrera va a funcionar. No es una receta para correr 245 km en 36 horas, sino que es lo que yo voy a hacer de ahora en más. Quizá lo ajuste con el paso de las semanas. Por ahí me lesione, me aburra, o me dé cuenta de que no alcanza. Es lo que vamos a averiguar.

Como estuve un poco decaído, no quise empezar con fondos largos de entrada. Necesito ejercitar el músculo más importante del cuerpo: la cabeza. Me tengo que reconciliar con las distancias, con las horas y horas de trotar. Sin lugar a dudas mi cuerpo también tiene que volver a acostumbrarse. Por eso voy a ir aumentando gradualmente las distancias: 50 km la Semana 1, 60 km la Semana 2, 70 km la Semana 3, y así sucesivamente. También me puse un objetivo fuerte una vez al mes: Hacer 50 km en un día, 120 km otro, tres fondos de 50 km en tres días consecutivos, etc. Lo iré viendo cuando lleguen el momento, con la gran dificultad de tener que hacer todo eso en un país nuevo.

Por supuesto que tengo que acompañar mi plan con una alimentación e hidratación más responsable. Adiós a las galletitas que me vinieron acompañando en estas semanas oscuras. Es hora de que la comida vuelva a ser combustible y no un paliativo.

Hoy fue el primer fondo de 15 km. Sencillo, pero costó empezar. Mucho frío (algo que NO extrañaré en Rio de Janeiro) y un poco de inseguridad (“¿No tendría que esperar a cambiar las zapatillas?”, “¿No me estaré por lesionar la rodilla?”). Cuando llegué a casa sentí que podía seguir muchos kilómetros más, pero quiero hacer las cosas de acuerdo a un plan y no tanto a mi emoción de ese momento. Tengo que evitar entusiasmarme y hacer de más, como también encontrar la fuerza cuando no tenga ánimos de correr. En 22 semanas les cuento si este plan funcionó.

A %d blogueros les gusta esto: