Cómo sobrevivimos a nuestra boda

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Ahora que pasaron un par de días de nuestro casamiento, puedo decir que todo valió la pena. Yo hice una única promesa en todo este tema de la organización: poner mi mayor esfuerzo. Aunque parezca increíble, absolutamente todo salió bien.

Vayamos por el principio. Luciane tiene dos padres encantadores que viven en Mina Gerais. Como corresponde, le pedí a su padre su mano, en el mismo día en que él me veía por primera vez. Había mucho nervio porque se trata de un hombre muy respetado y tradicionalista. Incluso recibí la sugerencia de no mostrar el tatuaje de mi brazo (¿quizá cuando nazca nuestro segundo hijo?). Pero fue un momento muy emotivo, donde recibí toda la confianza que un padre puede poner en un yerno.

Después vino la convivencia. En noviembre fui a buscar a Luciane a Rio de Janeiro, donde ayudé en la mudanza. Había un clima de ansiedad pero también de cierta tristeza. Ella abandonaba su país, sus amigos, su familia. El contacto con su tierra y sus seres queridos jamás se va a romper, pero es distinto saber que están a un viaje en ómnibus de distancia que a un tramo en avión. La primera vez que llegamos a mi departamento nos recibió una infestación de pulgas. Esos bichos malditos desaparecen en invierno, momento en que uno cree que las ha erradicado, pero en verdad están escondidas hasta los primeros calores. No es culpa de Santi, mi gato. Yo recibí este departamento con pulgas y en mi inocencia creí que las había vencido.

Este fue un momento muy difícil. ¿Cómo le podía prometer que todo iba a estar mejor a Luciane, que había abandonado una ciudad hermosa con playas increíbles, cuando las pulgas se subían por sus piernas? Después de varios tratamientos en el piso de madera, y de ventilar la casa, la situación se controló. Además el departamento empezó a tener el toque femenino que conmigo nunca tuvo, y empezó a convertirse en un lugar al que valía la pena regresar después del trabajo.

Entonces llegó el momento de planificar el casamiento. A toda la burocracia que requiere realizar un contrato entre dos personas, hay que sumarle el hecho de que uno de nosotros era extranjero. Y tuvimos suerte de que nuestros países integren el Mercosur, por lo que se facilitan mucho las cosas. No pudimos reservar turno en forma online, hubo que ir en persona, y Luciane tuvo que hacer una entrevista en español para demostrar que iba a entender lo que estaba firmando.

Y toda esta aventura tuvo muchos caprichos míos. Lo de casarnos en el Registro Civil Central, de Capital, fue una decisión personal. Me gustaba el edificio y no me molesté en hacer el cambio de domicilio para resolverlo cerca de mi casa. También lo de la iglesia fue idea mía (soy un poco tradicionalista, quizá por eso me llevo tan bien con mi suegro), así como el temita de hacer una fiesta para 90 personas. Y cada cosa requirió preguntar, buscar información en internet, buscar precios y hacer presupuestos. Mis papás bancaron el 90% de los gastos con un préstamo, que me tomará un tiempo devolver (pero ahora que soy un hombre casado tengo que afrontar esas responsabilidades).

En este proceso descubrí una cosa que me puso muy contento: Luciane tiene mucha suerte. Y de algún modo me la contagió a mí. Conseguí alquilar un traje digno de la entrega de los Oscars por muy bajo precio. Aunque fue insistencia mía, los dos nos pusimos de acuerdo en el estilo de fiesta que queríamos: decoración rústica y al aire libre. Buscamos muchísimos presupuestos (como cincuenta) y terminamos dando, no sé cómo, con un salón en San Isidro que era increíble. El precio resultó ser razonable (mientras que en algunos el costo era igual que comprar un cero kilómetro) y la dueña fue encantadora. Después se nos ocurrió preguntar en mi restaurante vegano favorito, Coconaranja, si hacían catering de boda. Resultó que nunca lo habían hecho y estaban dispuestos a intentarlo con nuestro casamiento. El presupuesto también fue muy razonable y la elección del menú fue inmejorable. Estuve tan agradecido con ellos que cuando en la boda hablé al micrónofo y les agradecí, muchos invitados pensaban que tenía un canje con ellos y me hacían un descuento cada vez que mencionaba el nombre del restaurante. Ojalá.

La ceremonia en la iglesia fue muy emotiva y distendida. Aunque veníamos sufriendo viento y lloviznas, el sábado hizo un sol espectacular y pudimos estar afuera todo el tiempo (cuando no estábamos en la pista, bailando). La madrina de Luciane, Bel, se encargó de los souvenirs (Havaianas para las chicas), el carnaval carioca, las bolsitas de arroz… muchas cosas que siguieron la temática rústica de la decoración. Yo imprimí fotitos nuestras en papel madera y estuve toda la noche previa recortando… Todo terminó confluyendo en una fiesta donde todo, absolutamente todo, salió bien. Lu estaba feliz con su familia y amigos que habían volado especialmente. Los tres oradores que elegí (dos para la iglesia y uno para el brindis) hicieron gala de una creatividad que superó mis mayores expectativas. Todos gustaron de la comida y la bebida, la cual no incluyó el sacrificio de ningún animal. La suerte estuvo de nuestro lado. Hasta se cortó la luz en un sector donde no afectó el funcionamiento, y volvió para cuando necesitamos la batidora para los daikiris y la consola para el DJ.

Ahora que todos los invitados de Brasil regresaron a su hogar y le damos los últimos toques a la luna de miel, me queda una sensación extraña. La última vez que me sentí así fue al día siguiente de correr el Spartathlon. Casarme con Luciane y tener una fiesta como la que tuvimos era un sueño que terminé cumpliendo. Al igual que en Grecia, di mi mayor esfuerzo y lo conseguí. Hablo por mí, porque aunque pasamos por la experiencia juntos, sé que los dos lo vivimos desde lugares diferentes. Siento mucha paz, además de un sentimiento de inmensa gratitud. Me siento transformado.

¿Qué queda ahora? Seguir en este camino de cambios, que nos atraviesa durante nuestra luna de miel, pasar por nuestra primera ultramaratón como matrimonio (yo corriendo y ella en la meta), y continuar trabajando en equipo.

Publicado el 22 marzo, 2017 en Semana 52. Añade a favoritos el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. Irradiabas felicidad absoluta!!! Hermoso momento!!
    A seguir cumpliendo sueños!!!

  2. Felicidades dos. Que lindo y emotivo tu relato Martín. Los veo releyendo dentro de muchos años con nostalgia. Cariños y que sean felices. Juanca.

  3. Martín y Luciane queridos irradiaban luz y felicidad. gracias por los hermosos momentos compartidos. comienzan un una bella aventura juntos…donde el amor..la escucha entre ambos y el respeto son infaltables…no hay nada mas hermoso que despertarse todos los días al lado de la persona que amamos.

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