Archivos Mensuales: febrero 2017

Hay que pasarla mal

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Voy a explicar mi máxima para los entrenamientos, con la que muchos van a estar en desacuerdo, pero es una forma de decir que es necesario salir de la zona de confort. Y te estoy mirando a vos, que entrenás cuestas corriendo por el asfalto y esquivás los pocitos y las irregularidades de las veredas.

Un sábado decidí salir a correr por el barrio. Se me había hecho tarde para ir hasta Parque Sarmiento, donde entrena mi grupo, así que aproveché la gran cantidad de calles en subida que hay por San Isidro. Fui con mi mochila hidratadora, más para acostumbrarme a llevarla a cuestas que porque necesitara agua. La idea era emular lo máximo posible aquello que voy a vivir en la Patagonia Run de abril.

Aquel día hacía calor, con lo cual llevar una mochila resultaba un poco molesto. Transpiraba más que lo habitual. Recordé las palabras de Dean Karnazes, que dijo, palabras más, palabras menos: “En algún momento de nuestras vidas empezamos a confundir la felicidad con la comodidad”. Algunas de mis cuestas favoritas tienen las veredas rotas, algo que al 99% le resultará indignante pero yo me veo un pasito más cerca de las imperfecciones de una montaña.

Ahí estaba, subiendo y bajando, cuando en una calle vi a un corredor en condiciones similares: entrenando cuestas con una mochila mediana, similar a la mía. Pero él iba por el asfalto. En mi vereda tenía de todo: pozos, escalones, canto rodado, bloques de cemento sueltos. En ese momento pensé en cuánta gente desearía que la montaña estuviese asfaltada.

Es probable que en la naturaleza, agotados y con sueño, deseemos que a la vuelta de aquellos árboles haya una escalera mecánica que nos lleve hasta la cima. Hasta ahora, no pasó en ninguna carrera. Quizás aquel corredor al que yo subestimé ni siquiera haya estado preparándose para una carrera de aventura, y tampoco voy a decir que correr por la calle no sume (sin embargo, entrenar por donde pasan los autos está mal). Pero cuando participamos de una competencia es casi obligatorio que todo lo que tengamos que hacer sea mucho más incómodo que nuestros entrenamientos. Entonces, ¿por qué no prepararse intentando estar lo menos cómodo posible?

Nunca dejo pasar una subida, unos escalones, pasto. En el vial costero de Vicente López hay unos sectores con arena para hacer beach volley, y me obligo a cruzarlos corriendo. Si en mi entrenamiento la paso bien, cualquier dificultad en carrera me va a pesar mucho más.

Nos asusta pasarla mal, y va en contra de nuestro instinto de supervivencia. A mí, en lo personal, me ayudó mucho correr con dolores, ampollas, calor, frío, pozos, viento, lluvia, hambre y sed. Es información que se va grabando y que me sirvió en las carreras. Y habituarme a salir de la zona de confort, entrenando en al ciudad, ha hecho que pueda disfrutar un poquito más de enfrentarme a la montaña.

Errores que se les permiten a los corredores

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Nadie es perfecto, y no es la idea serlo. A veces subestimamos el poder de equivocarnos, una de las maneras más efectivas de aprender.

Algunos corredores somos quisquillosos, y odiamos equivocarnos. Después de todo, vivimos en una sociedad donde nos llevan a contar cada segundo que tenemos. Cruzar la meta en menos tiempo del que creíamos nos hace toda la diferencia del mundo, y no tomar toda el agua que habíamos cargado en la mochila hidratadora nos hace sentir unos tontos.

Pero no está mal equivocarse. A veces es necesario. Si me permiten, aquí les presento algunos errores que agradecí cometer:

  1. Llevar comida de más: ¿Qué es preferible? ¿Que un paquete de pasas de uva vaya intacto desde la largada hasta la meta, o sentir hambre en el recorrido? No contemos los gramos que cargamos, sino las oportunidades de comer que nos estamos otorgando.
  2. Llevar agua de más: No beber mientras corremos, en especial en una carrera, es un gran error. Muchos se lamentan de ver que la mochila hidratadora volvió con un litro de agua, y si bien es cierto que cargar con un kilo extra es energía gastada, peor es la deshidratación.
  3. Correr excesivamente abrigados: A menos que sea verano, siempre preferí pasar calor que frío. A veces fastidia tener esa campera que solo necesitamos en la cima del cerro, pero considero más peligroso transpirar bajo un grueso abrigo que tiritar de frío.
  4. Calcular mal el tiempo de llegada: Todos han vivido la situación de estimar una carrera de 4 horas y terminar haciendo 6. En las ultramaratones, la diferencia se agranda aún más. Pero todo es experiencia, y en mi barrio, correr más horas es más meritorio que ser el más veloz. Además, tampoco es que tardamos porque nos tiramos a dormir una siesta.
  5. Estrenar calzado o equipo en una carrera: Esto es bastante frecuente. El error radica en que al no estar acostumbrados nos exponemos a molestias o roces que se repiten en incontables kilómetros (y dejan una literal huella en nuestra piel). Pero, ¡al menos estamos corriendo! La experiencia tiene un precio, que a veces es muy caro, pero otras se puede afrontar.

En resumen, no está mal equivocarse. Es señal de que estamos haciendo algo. Los que no se animan, no se equivocan… Pero muchos confunden comodidad con felicidad. A los corredores nos gustan los desafíos, nos gusta intentar… y nos acostumbramos a equivocarnos.

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