Aumentar tu umbral de dolor

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Los hombres no tenemos buena tolerancia al dolor. ¿Por qué? Supongo que tiene algo que ver con la bendita zona de confort, y nuestros padres que corrían detrás nuestro al grito de “¡Cuidado! ¡No te caigas”. Señora, señor, deje que su hijo se caiga. No le quite la oportunidad de hacerse más fuerte.

No tengo una carrera extremadamente larga como corredor. Odiaba la clase de Educación Física en todos mis años formativos (excepto cuando hice natación), y una tonta fractura de tobillo me llevó, tras una larga rehabilitación, a empezar a trotar. Después pasé a hacerlo en un grupo, y ya llevo casi 9 años entrenando, a veces muy poco, a veces un montón.

Hecha esa aclaración, igual considero que he visto a muchos corredores iniciarse. También he sido testigo de gente que recién se iniciaba y decía “Esto no es para mí”. Probablemente fuese cierto, pero me hubiese gustado ponerle una mano en el hombro a cada uno, mirarlos a los ojos y decirles: “Esto va a pasar”.

Entrenar duele, sobre todo al principio. Los músculos empiezan a hacer esfuerzos desconocidos, y uno o dos días después parece que nos hubiese pasado un camión con acoplado por encima. A veces ni siquiera hay que esperar, basta con hacer un esfuerzo aeróbico al que no estamos acostumbrados para sentir una puntada en el costado que nos obliga a frenar a cero.

El cuerpo es una máquina increíble. No, ¿qué estoy diciendo? ¡Es mejor que una máquina! Díganme qué objeto mecánico o electrónico creado por el hombre puede adaptarse como nosotros a los cambios de temperatura, a los esfuerzos, y que con el correr del tiempo sea más fuerte y eficiente. El dolor es parte de ese proceso, es una señal de que pasamos nuestro límite. Hay que superar ese umbral para que ayudemos a nuestra adaptación.

No está mal que duela. Entrenar va a seguir doliendo. Como dije, llevo casi 9 años de entrenamiento constante y todavía hay ejercicios que me lanzan dardos envenenados al cerebro. Descubrí que tengo que resistir, porque a la larga todo pasa. El dolor es una señal de superación y tenemos que sentirnos orgullosos de no estar cómodos.

Hay que buscar nuestras barreras y superarlas. Y el día que tengamos hijos, dejemos que le pierdan el miedo a jugar, tropezar y caerse. Con un umbral de dolor chico, es normal crecer con miedo a todo.

Publicado el 27 enero, 2017 en Semana 52. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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