Todo corredor es un inconformista

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Todos somos, en el fondo, inconformistas.

Suena curioso, porque también somos orgullosos y nos gusta sentirnos los mejores del mundo. Pero quizá solo se trate de un recurso de nuestra psiquis para compensar que, en el fondo, siempre pensamos que podríamos haberlo hecho mejor.

Pienso en mis mejores carreras. El Spartathlon, que completé en mi primer intento. La Maratón de Buenos Aires 2013, que completé en 03:03 hs. La ultramaratón en la selva de Yaboty, donde llegué noveno de la general. Son algunos de mis puntos máximos en mi carrera como atleta, y en todas me quedé pensando en que podría haber finalizado en menor tiempo o más entero.

Es fácil mirar hacia atrás y ver cómo nos afectaron las decisiones. No aplica solo al deporte, también tengo la costumbre de cuestionar qué hubiese pasado si en lugar de decir esto hubiese dicho aquello. Seguramente es por eso que me resultan fascinantes las historias de viajes en el tiempo, con Volver al futuro a la cabeza, donde una reacción diferente altera el curso de la vida de una familia. También pienso en “El ruido del trueno”, aquel cuento de Ray Bradbury en el que un cazador que viaja en el tiempo para cazar un dinosaurio sin querer pisa una mariposa, haciendo que en el presente la sociedad sea gobernada por el totalitarismo.

Aunque las decisiones en una carrera suelen ser algo más que pisar una mariposa y tienen efectos menos políticos, afectan nuestro resultado de un modo que solo podemos dimensionar cuando todo terminó. Así y todo, no me pasa que quiera darme una palmada en la espalda y felicitarme por haber dado lo mejor. En mi vida conocí a un solo atleta que dijo “Hice exactamente la carrera que quería”, y es una frase que probablemente jamás salga de mis labios.

Me consuela saber que el problema no es solo mío, pero es el consuelo de un tonto. Y te pregunto, querido lector, cuándo fue la última vez que hiciste algo y consideraste que todas las decisiones que te llevaron a eso fueron las correctas, que pensaste que el resultado no se podría haber mejorado. Y sin saber la respuesta, hago una última pregunta: ¿Sirve no conformarse, o conviene abrazar el resultado? Quizá ambas posturas sirvan para seguir haciendo camino.

Publicado el 14 diciembre, 2016 en Semana 52. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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