Por qué fracasar es bueno

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La frase dice “Un ganador es un perdedor que nunca se rindió”. Winston Churchill tiene otra cita que también es muy buena que dice “El éxito es ir de fracaso en fracaso”. Dicho de otro modo, no se puede triunfar sin haber saboreado la derrota previamente, y no hay que sentirse mal porque las cosas no salgan bien al principio. Fallar puede sernos útil.

En mi caso lo experimenté en 2012, cuando quise correr 100 km en menos de 10 horas y media para utilizarlo como clasificatorio para el Spatathlon. Terminé en el km 70 vomitando al costado del camino, absolutamente agotado. Pero no me desanimé, porque era la primera vez que corría más de 42 km, y toda esa experiencia la pude volcar en todas mis ultramaratones posteriores. Incluso cuando reintenté esos 100 km, en 2013, y lo logré.

Entonces, la primera conclusión es que los fracasos son experiencia.

¿Alguna vez te pasó de decir “¿Cómo puede ser que esto me pase siempre?”? En una carrera nocturna de 30 km sentía unos fuertes dolores abdominales. Al principio no entendía qué era, y después descubrí que se trataba de uno de los grandes enemigos de los corredores: los flatos (o gases). En mi caso descubrí que me pasaba si descuidaba mi alimentación previa, como por ejemplo cuando ese mismo día comía mucha fibra. ¿Pero aprendí mi lección? ¡Claro que no! En la Maratona do Rio 2013 lo volví a sufrir, ya que a la tarde siguiente de largar me comí una bolsa de pochoclos. En Patagonia Run 2016, mi largada fue espantosamente agónica, ya que salimos a las 7 de la tarde y al mediodía había almorzado media pizza de tomates y morrones. “¿Cómo puede ser que siempre tenga esos molestos gases en las carreras?”. Mi respuesta: porque creo que los consejos de alimentación que siempre doy no se aplican a mí.

Entonces, la segunda conclusión es que los fracasos son experiencia, siempre y cuando aprendamos y no los ignoremos.

Es muy difícil que el fracaso del otro nos sirva. Hay que intentar y no tener miedo a equivocarse. Escuché a muchísimos corredores considerar que caminar en su primera maratón era algo indigno, y que si no llegaban a la meta sin frenar era un fracaso. En verdad hay que saber interpretar qué es fracasar. Para mí es no poder cumplir con un objetivo, pero no tiene sentido poner la vara demasiado alta, porque ahí estamos propiciando el fracaso. Dudo que ese sea el mecanismo para aprender. Sí, por supuesto, hay que salir de la zona de confort, desafiarse a uno mismo y crecer, pero yo no puedo considerar hoy que si corro la Maratón Des Sables en enero voy a salir hecho un sabio, porque no puedo prepararla en un mes.

Entonces, la tercera conclusión es que los fracasos son experiencia, siempre y cuando aprendamos, no los ignoremos, y no nos pongamos metas imposibles de alcanzar.

Publicado el 4 diciembre, 2016 en Semana 52. Añade a favoritos el enlace permanente. 4 comentarios.

  1. El fracaso comienza cuando cesa el esfuerzo. Abrazo Martín. Juanca.

  2. El primer fracaso, antes que los tres que dijiste, es de aquel quien no lo intenta. Fracasa quien no lo intenta, comenzaría diciendo yo. Pero luego, hay un razonamiento circular… Si no lo intenta para evitar el fracaso ello es un error, y entonces jamás va a aprender de sus errores hasta que no aprenda del error metafísico del no fracaso por intentarlo…O algo así.

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