Qué es la Zona de Confort

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Mucho hemos leído y escuchado sobre la Zona de Confort. Pero, ¿qué es? ¿Dónde queda? ¿Qué colectivo me acerca? Todas estas preguntas serán respondidas, pero tenga a bien saber que surgirán otras nuevas que no tendremos tiempo de abordar.

La Zona de Confort es un lugar cálido en invierno y muy fresco en verano. Es donde las expectativas son bajas y donde mañana es un mejor día para hacer las cosas que hoy. Para cada persona es diferente, pero en todos los casos hay una coincidencia: ahí no se puede crecer.

Para Claudia F., de Mataderos, siempre es domingo y el lunes va a empezar a comer sano. A veces sale de su Zona de Confort 24 horas, alguna vez se fue dos días completos, para regresar a comer dulces y chocolates, porque es lo que la hace “feliz”. Para Aníbal M., de Escobar, es fumar “nada más” cinco cigarrillos diarios, porque antes fumaba dos atados y con eso ya se queda conforme. Para Betiana B., de Palermo, es hacer zumba una vez a la semana, porque con eso siente que está haciendo algo (y correr o ir al gym la aburre).

En algún momento, el ser humano puso todos sus recursos y su herencia evolutiva en convencerse de que la felicidad era estar cómodo. Los grandes fantasmas eran esforzarse, transpirar, sentir dolor, tener sed, sueño y hambre. Quienes salen de su Zona de Confort, aunque sea por unos instantes, puede hacer un pequeño experimento. Hagan público que están entrenando, comiendo sano, o dejando un vicio de lado. ¿Cuándo comienza nuestro entorno a intentar traernos de regreso a la Zona? Si prestamos atención vamos a empezar a escuchar que nos hablan de que todos los extremos son malos, que prefieren ser felices, que la vida hay que vivirla, y comienzan a repetir los slogans que básicamente venden que es mejor no hacer esfuerzos y no intentar cambiar. “¿Para qué corrés si igual te vas a morir?”. “Hay que comer un poco de cada cosa”. “Parecés anoréxico”. “Correr fija la celulitis, agranda el corazón y te destruye las rodillas”. Etcétera…

Aunque los medios se encargan, cada tanto, de denunciar los riesgos de quedarse en la Zona (sedentarismo, principalmente), también le hacen el juego y, cada tanto, publican un artículo donde dicen que beber tanta agua no es tan bueno como se creía, o la vida de esa abuelita asiática de 105 años que bebe vino a diario y fuma 20 cigarrillos por día. Y aunque la información está al alcance para comprobar que quienes se esfuerzan cosechan la recompensa de una mejor salud, cada uno elige a qué hacerle caso y a qué no. A esto le llamamos “argumentos de la Zona” y sirven no solo para que cada uno se quede donde está, sino para que critique al que se destaque.

Nada es gratis en la vida. Tener una buena salud requiere esfuerzo, pero vivir en la Zona de Confort no es gratis. Es un préstamo que se paga con intereses. Y dejar esos esfuerzos para mañana van a hacer que pasado tengamos que invertir en tratamientos médicos, y una vez que el deterioro comienza, vamos a darnos cuenta de que no se puede volver el tiempo atrás. Pero cuidado. Es otra trampa. Si bien cada día que pasa hace un poco más difícil revertir los años atrapados en la Zona, creer que ya es tarde para nosotros es la excusa para seguir ahí, estancados. Siempre se puede escapar. Mientras antes lo hagamos, mejor.

Publicado el 3 diciembre, 2016 en Semana 52. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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