Volver a empezar

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Me dijeron que dejara los bajones afuera del blog y fue difícil. Más que nada porque a veces esto se convierte en una terapia, pero ¿a quién le sirve? ¿A mí solamente? Después de meditarlo sentí que se podía encarar desde un lugar en el que no me victimice, y simplemente pueda compartir algo por lo que cualquiera podría pasar.

Después de 8 años y 7 meses dejé de formar parte del grupo de PUMA. Los motivos fueron puntualmente comerciales. Como dejé de tener una relación laboral con el head coach, no tenía mucho sentido que siguiera entrenando ahí. Fue difícil (todavía lo estoy procesando), porque armé mi círculo de amigos ahí. De hecho me mudé a 8 cuadras de donde nos reuníamos a entrenar tres veces a la semana, y me vino bárbaro cuando lo aumentamos a cuatro veces. Los invitados a mi cumpleaños era gente del grupo, las vacaciones y las salidas también eran con ellos, y todos los días los grupos de whatsapp tenían alguna novedad.

En noviembre eso se terminó. Me encontré con dos situaciones: una, cómo conservar el vínculo con la gente que estaba ahí. Todavía lo estoy intentando resolver: pasar de verlos 4 veces a la semana a tener que encontrar un lugar en la agenda de cada uno es difícil, pero tengo esperanza de que lo voy a lograr. Lo segundo es qué pasa con mi propio entrenamiento.

Lo primero que uno piensa en situaciones así es que no pasa nada: se puede entrenar solo. De hecho hace más de un año que trabajo como personal trainer armando rutinas de cero, y corrí muchas veces solo antes de entrar en un grupo… Pero después de tres semanas de inactividad me di cuenta de que no había empezado. Las oportunidades están, pero uno se engaña creyendo que no tiene tiempo, que está cansado, que conviene estar de mejor ánimo. Y podría haber estado autocompadeciéndome en casa otros 8 años, hasta que tuve el impulso de llamar a un amigo y preguntarle por su grupo de entrenamiento.

Fui solo a una clase, atento a todas las diferencias. Ahora nadie me conocía, no sabía cómo entrenaban, y no estaba a 8 cuadras de su punto de encuentro sino a 6 km (o a 4 estaciones de tren). Santiago, el profe, se llama igual que mi hermano mellizo y mi gato. Lo conocí yendo a Yaboty en 2012, después de haberme separado. Fue mi primer viaje para una carrera solo, y tuve la suerte de que me adoptaran en su grupo “Actitud Deportiva”. De ahí quedó el vínculo, y hasta aparece entregándome el kit de la Maratón de Buenos Aires en el programa especial que hizo la gente de ESPN Run.

No sé por qué subestimé la clase, creyendo que como venía de un grupo de entrenamiento muy intenso, no iba a encontrar lo mismo en otro lado. Me dio alivio encontrarme con un día de mucho trabajo, donde terminé muy cansado (y feliz). Por supuesto que tengo la firme intención de no vincularme con nadie. Necesitaba reemplazar mi entrenamiento, pero me niego a pensar que existe la posibilidad de reemplazar a mis amigos.

Hay cosas que se pueden reemplazar. Un par de zapatillas, una ruta para entrenar, tu número de celular o el supermercado en donde hacés las compras. Son cosas que no te van a traumar. Los afectos es muy diferente, pero calculo que parte del proceso para estar bien es, por lo menos, volver a entrenar. Yo no pude hacerlo solo, porque no tenía el entusiasmo para hacerlo, pero sí lo tenía para pedir ayuda. Por ahora la experiencia fue buena y me da esperanzas. Además estoy entrenando por las mañanas en lugar de la noche, otra novedad para mí.

Así que estoy volviendo a empezar. Es un cambio muy profundo para mí, al que intenté no darle una connotación de derrota ni de victimización. Es parte de mi intención de ser un mejor hombre, conmigo y con los demás. Aprender… y seguir avanzando.

Publicado el 30 noviembre, 2016 en Semana 52. Añade a favoritos el enlace permanente. 4 comentarios.

  1. Siempre es bueno cuando se da vuelta la página. No hay mal que por bien no venga. Tenemos toda la vida por delante y esta brisa refresca el pensamiento y las expectativas. Nunca dejes de soñar. Si debes agradecer hazlo. Si han abusado de tu generosidad olvida. Y para redondear debes recordar el dicho de la abuela Margarita: “cuando precises algo pídelo a ti mismo.” Así serás libre. Abrazo Martín. Juanca.

  2. No seas tan duro y estricto con vos. Crecer tambien implica cambiar, y en los cambios viene el combo de lo bueno y lo malo… Relajate un poco … y vas a ver como los melones se acomodan solos en el carro.
    Coincido con las siempre acertadas opiniones de Juanca. Saludos!

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