Defender a Papá

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No contemplo la felicidad con arrepentimientos. Estar orgulloso de algo que hiciste es una forma de ser feliz.

Cuando vivíamos en Banfield teníamos una alfombra en el living, frente a la tele. Yo me tiraba con un almohadón del sillón como almohada y me quedaba dormido. En una casa con 4 hermanos, eso significaba perder el derecho al control remoto, por más que uno se despertara y mintiera con “Estaba viendo eso”.

Como cualquier noche, estábamos viendo la tele con mis hermanos, o mejor dicho ellos la estaban viendo, porque yo estaba sobre la alfombra, durmiendo profundamente. Mis padres volvieron y mamá subió a su habitación. Papá se quedó un rato afuera, bajando unos bolsos que estaban en el baúl del auto. Yo abrí un ojo y lo vi entrar diciendo “Chicos, esto es un asalto”. Papá siempre fue muy bromista, así que eso no sorprendió a ninguno de los que estábamos ahí, pero atrás de él se metieron dos hombres armados.

Se dividieron. El que parecía más experimentado en el manejo de armas (y de la situación) subió a la habitación donde estaba mamá. El otro, el novato, nos pidió que miráramos al suelo. Yo me senté en el sillón, todavía sin despertar del todo y preguntándome si eso realmente estaba pasando. Siempre se escucha de robos, pero uno nunca espera que alguien elija tu casa para entrar y sacarte tus cosas.

Decidieron subirnos a la habitación, donde mamá le preguntaba al ladrón, a los gritos, qué es lo que está pasando. El novato le dijo a papá que le entregara su alianza. Él intentó negociar, pero el ladrón no escuchaba razones. Entonces yo, un adolescente de 14 años, que todavía hoy no puede modular cuando habla, salí de mi trance por un segundo, levanté la mirada del piso, y dije algo absolutamente espontáneo: “Señor, déjeselo. Para él es mucho más importante de lo que va a ser para usted”. En mi cabeza había más palabras. Que el dinero no era tan significativo como el amor de una pareja. Que había cosas de más valor en la casa. Pero lo que salió fue eso.

El ladrón novato me miró un instante, dijo “bueno”, y continuó con el plan de llevarse todo el dinero y joyas de la casa, algunos objetos electrónicos y el auto de la familia, al que nunca más volví a ver.

Todavía recuerdo ese momento con orgullo. La rapidez con la que hablé y cómo esa situación salió bien (dentro de un contexto bastante desagradable). Nos repusimos de ese robo y repusimos las cosas que se llevaron. Papá todavía tiene su alianza, y siento que le devolví algo al hombre que me dio todo.

Publicado el 23 octubre, 2016 en Semana 52. Añade a favoritos el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. Hermoso. Te cuento que siguiendo tu idea (y para motivarme en terminar mi investigación para tener más tiempo libre), comencé la lista de cosas que me hacen feliz. Pero la voy a completar poniendo a cada una, una acción concreta. Ya abandoné la mayonesa (bah, la reemplacé por Savora), así que esta propuesta me resultará mucho más fácil y potenciadora. Gracias por tan buenas ideas.

  2. Ojo, ahora lo sumé a mi hijo de 10 años, él está haciendo su lista (espero haya entendido el concepto y no detalle cosas materiales caras sino experiencias, jaja, sino te reenvío las facturas!)

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