Cazando pokemones bajo la lluvia 

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Quienes me conocen un poco saben que me gusta correr y que soy una persona seria. Los que me conocen mucho saben que en realidad lo que me gusta es cazar pokemones. En el momento en que casi todo el mundo coincide que Pokemon Go es un Titanic dándose contra un iceberg, yo sigo firme en mi promesa de atraparlos a todos.

Jamás me gustó el dibujo animado ni tuve ninguna clase de merchandising. En mi época, Pokemon era lo menos. Lo que estaba de moda eran los X-Men y Batman. Pero este año me sumé a la locura del juego de realidad aumentada, porque me fascinaba la idea de interactuar con tu entorno y tener que sumar kilómetros a pie.  Así que, cuando tengo que ir al banco o al supermercado, me pongo mis auriculares para disimular que tengo la aplicación activa y salgo a caminar.

Ayer no fue un buen día para mí. Muchas cosas por resolver, ansiedades y angustias. Cosas que entrenar suele pulir. Pero con la tormenta que se desató, el entrenamiento quedó cancelado. Necesitaba salir y hacer algo, así que me puse mi campera y salí a buscar alguna pokeparada. La lluvia entorpecía la pantalla, lo que hacía imposible apuntar las pokebolas. Pero no me importaba, lo que necesitaba era estar afuera. Explorar la ciudad, ir a calles desconocidas. Sumar kilómetros, eclosionar huevos y, principalmente, salir un rato de casa.

Muchos han criticado a este juego, y posiblemente ese sea el motivo por el que lo juegue a escondidas, apuntando con la cámara en forma disimulada. Para mí es un hallazgo que hayan inventado algo que te obligue a salir de tu casa y caminar. Hoy quizá no hubiese tenido una excusa para salir a correr bajo la lluvia. Y me hizo bien. Mejor que tirarme a ver Netflix, comer y autocompadecerme (cosas que, de todos modos, terminé haciendo igual).

Soy humano. Tengo mis trivialidades, mis momentos de debilidad y mis días de que no quiero hacer nada. Antes llenaba esos días vacíos y sin sentido con Tinder. Hoy, a pesar de la lluvia, salí a correr, sin reloj, a donde me llevaran los pokemones. Y gracias a eso, no fue un día perdido.

Publicado el 17 octubre, 2016 en Semana 52. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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