La Maratón: El día después

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Si ayer corriste la Maratón de Buenos Aires, existen dos posibilidades: que la hayas hecho por debajo de tu umbral de ácido láctico, o que la hayas corrido por encima. Eso posiblemente incida en si hoy es una tortura intentar levantarte de la silla o no.

Para un corredor es difícil no asociar los dolores físicos con el orgullo de haber completado un desafío. Si cruzamos la meta, lo demás no importa. Todo valió la pena. La sed, el calor, las ampollas, las contracturas, la batalla mental por no bajar los brazos (y no dejar de trotar)… todo eso fueron las paradas intermedias hasta llegar a la línea de llegada.

Si hablo de mi experiencia, tengo que decir que dejé todo. No se me ocurre el modo en que podría haber ido más rápido y sostenido esa velocidad durante las 3:08:50 hs. Frené para darle un beso y un abrazo a mi papá, y para tomar de un sorbo el Gatorade (así no me lo volcaba en la cara). Si no me hubiese detenido, quizá podría haber ganado un minuto, que es lo mismo que nada. Si hubiese corrido más rápido, probablemente me hubiese quedado sin fuerzas un par de kilómetros antes, aunque es imposible saberlo. El paso bajo nivel de Sarmiento, que me escupió en el Planetario, me quitó mucha energía, y supongo que eso fue lo que me hizo tan difícil los últimos kilómetros.

Hay una apuesta que uno hace en una carrera, y es a qué velocidad va a ir. Si me pongo en fanfarrón, puedo hacer progresiones a 2:50 minutos por kilómetro. Esa podría ser mi velocidad máxima… pero no me veo sosteniéndola más de 50 metros. Es el final de un sprint. Me siento muy cómodo (quizá demasiado) corriendo a 5:00 min/km, y es en el medio en donde hay que buscar el ritmo que te permita ir rápido y lejos. A menos que tu objetivo sea hacer distancia, entonces ubicarte en una velocidad cómoda te va a ayudar a sostener el esfuerzo físico por más tiempo.

Como sea, me exigí todo lo que mi cuerpo me dio ese día, y hoy me duelen bastantes partes del cuerpo, algunas que nunca dejan de sorprenderme. Van los dolores, de 1 (casi nada) a 10 (agonía absoluta):
Cuádriceps: 8
Tibiales: 4
Plantas de los pies: 2
Espalda: 5
Hombros: 4
Bíceps: 6
Gemelos: 3
Nuca: 5
Abdominales: 1

Ahora, mi duda es, ¿mañana dolerá menos o más? Además tengo la boca pastosa, y me encantaría que alguien me aclarara a qué se debe. Google, por esta vez, no ha sido de ayuda.

Pero el día post maratón no es solo de dolores. Es también el momento en que uno se enfrenta a la frustración de no encontrarse en ninguna de las galerías de fotos que suben a Internet, en donde te buscás en el Excel de la clasificación general. En mi caso también es una oportunidad de reflexionar, y me gustó algo que me dijo mi papá. Justo hoy, 10 de octubre, se cumplen 6 años de mi primera maratón. Él me recordó mi terror al muro de los 30 km (que ayer volví a comprobar que es más mental que físico), y cómo elegí correr con mochila.

No pude evitar relacionar todas las precauciones que uno toma por miedo. En mi caso, en aquella primera experiencia llevaba agua encima, turrones, geles y probablemente vaselina y alguna curita de emergencia. También una cámara de fotos y mi celular. Es un contraste grande porque ayer fui mucho más minimalista. Me di cuenta que con la experiencia uno se deshace de sus miedos, y deja de cargar con su mochila. Es un paso de fe que, por suerte, en algún momento me animé a dar. Recordar hoy todas las cosas que superé me hace sentir muy bien conmigo mismo.

Publicado el 10 octubre, 2016 en Semana 52. Añade a favoritos el enlace permanente. 4 comentarios.

  1. La boca pastosa puede ser solo falta de hidratación.
    Cuando vi por la TV a los corredores sufriendo la loma de la autopista Illia no pude dejar de recordar aquellas las pequeñas subidas antes de llegar a Atenas (terribles para vos) y pensé si no te molestaría demasiado. Por suerte para mí cuando vi esto, enseguida supe que habías llegado antes de las 3:09 hs.

    • Puede ser, pero me sorprende seguir sintiéndolo un día después… Por lo que vi de la transmisión en vivo, dejó bastante que desear. ¡A veces enfocaban el piso! Y empezaron a transmitir las llegadas casi un minuto después de que yo había cruzado la meta…

  2. Eduardo Casanova

    Martín: Hoy no te vi, pero imagino que estás mucho mejor que el de la foto de este post !! Te devuelvo tus palabras luego de la Spartathlon 2014: “El dolor es pasajero, la gloria es eterna”. 🙂

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