La Maratón de Buenos Aires subió la dificultad

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La Carrera: Si mis cálculos no me fallan, esta es mi décima maratón. Tenía un componente extra para mí, ya que en la semana el equipo de ESPN Run me estuvo entrevistando y grabando en mis entrenamientos, y esta carrera era la frutilla del postre. Todo tenía que salir bien.

En la entrevista que me hicieron el jueves, dije que me gustaría hacer entre 3:15 horas y 3:30. El viernes, en la acreditación, me jugué por un 3:20 hs. La presión de tener un buen desempeño estaba.

Alegan que había 13 mil inscriptos, el doble que el primer año que corrí 42 km, en 2010. El recorrido cambió respecto a otros años. Por ejemplo, ya no corremos por Paseo Colón, sino que de Plaza de Mayo nos íbamos a Cerrito y de ahí subíamos por la autopista para llegar a Barracas, y de ahí a La Boca. La parte de Costanera Sur, frente a la Reserva Ecológica, estaba mejor resuelta, y después de pasar por Retiro nos metíamos en un tramo de la Autopista Illia.

Estos cambios, que al principio agradecimos porque significaban tramos más rectos, escondían una dolorosa verdad: la Maratón ganó más cuestas. Esto explica el por qué el ganador de los 42 km tardó 2:20 hs, cuando suelen llegar diez minutos más rápido. El consenso de los que iban llegando fue el mismo: es mucho más dura. Sorprendentemente, muchos lo marcan como una falencia. Y yo me pregunto, ¿a qué va la gente a correr, sino es a superarse? Yo no esperaba que me costara tanto, pero me da mucha más satisfacción terminar algo difícil que algo que no me desafía. Lo que no te desafía, no te cambia.

El día estuvo mejor de lo que el pronóstico aventuró. Pocas nubes y mucho sol. En las partes en autopista o más cerca de la costa casi no había sombra, y ahí se sentía el clima. Me mojé constantemente la cabeza, la nuca, y sobre el final me iba dando una ducha en brazos y piernas.

Mi estrategia fue intentar hacer el menor tiempo posible. Puede sonar a una obviedad, pero recordemos que yo tenía la presión de no hacer un papelón ante las cámaras. Ataque de yaguaretés, rodillas dislocadas, un tropezón que me hiciera caer desde la autopista… todo podía pasar. Me había dado dos inyecciones de OxaB12 por mi dolor de cadera, y hacia el kilómetro 33 sentí algunas molestias, lo que me hace pensar que o no funcionó, o funcionó y sin eso me hubiese dolido infinitamente más. Pero no estuve ajeno a dolores. Sentí el cuello contracturado (el agua fría me hacía bien), dolor en la planta de los pies, y las piernas en llamas a partir del km 28.

Empecé oscilando entre 4:15 y 4:20 el kilómetro. Quería estar lo más cerca posible de las 3 horas y lo más lejos que pudiera de las 3 horas y media. Mantuve ese ritmo, frenando solo para tomar de un trago el vaso de Gatorade. Mi primer objetivo era ver a mi papá, que me esperaba en Plaza de Mayo, km 11. Venía pensando en darle un abrazo, un beso, y agradecerle todos esos años que salió a correr conmigo los sábados. Mi primer entrenador. De algún modo, que yo estuviese corriendo esa décima maratón, con las cámaras de ESPN Run apuntándome, era gracias a él. Quise decirle todo eso, pero cuando lo vi, después del beso y el abrazo, le dije “Estoy acá por vos”. Él no entendió si eso era algo bueno o algo malo.

En la hora exacta de carrera estaba en el km 14. Era un tercio de carrera, y mantener ese ritmo me ponía en las 3 horas (y algunos segundos). Pero sabía que mi cuerpo iba a volverse más lento. Algunos tienen la estrategia de empezar despacio y apretar al final. Yo hago lo contrario, porque es lo que me sale. Me apuro, para despegarme del pelotón, y después me acomodo en una velocidad que intento sostener a duras penas.

Después de pasar por La Boca y meternos a la Costanera Sur, me empezó a costar mantener la velocidad. El primer tercio de maratón había tenido un promedio de 4:20, y yo estaba intentando hacer el segundo tercio en 4:30. Si podía llegar al km 28 en dos horas, el resto me podía relajar y al menos cumplir mi pronóstico final de las 3 hs 20 minutos. Estuve cerca, me pasé por unos segundos. Pero las piernas no daban más. Ver de nuevo a mi papá, que me venía siguiendo, me levantó la moral. “¡Te veo en el puente!”, me gritó, y cortó camino. No fue el único, me dijo que varios corredores tomaron atajos. ¿Para qué? ¿A quién quieren engañar, a sus amigos o a ellos mismos?

En ese momento tuve momentos en que el reloj me marcaba 4:45 el kilómetro, en otras apretaba los dientes y llegaba a 4:15. Mi objetivo era ver a mi papá una vez más, en el puente de Puerto Madero. Ahí me sacó una foto imitando la pose de Bolt, y me prometió verme en la meta. Me dijo que venía muy bien.

Fue difícil mantener el ritmo. Intenté sentarme en la velocidad de varios corredores, ignorando el fuego en mis cuádriceps. Tuve mucha consciencia de tomar agua y Gatorade, que para mí es un gran sacrificio porque es una bebida que no me gusta. Pero decidí no llevarme comida, así que era eso o no llegar. Cuando tuve un puesto de fruta a la mano agarré media banana, pero mi predilección eran las naranjas. Claro que agarrar un gajo corriendo es más difícil de lo que parece, y dos veces de cuatro puestos me fui con las manos vacías.

La subida a la Autopista Illia, que no me esperaba, me liquidó. El problema fue que no me guardé nada, no quise ser conservador y bajar la velocidad. Todo el tiempo miraba el reloj, sabiendo que si lograba estar por abajo de los 5 minutos el kilómetro iba a poder llegar por debajo de mis prometidas 3 horas 20. Me sentía con posibilidades de lograrlo, pero no tenía claro cómo iba a sostener ese ritmo.

Corrí con lo que tenía. Le puse mucho corazón, y sobre el final no podía evitar estar en 5 minutos el kilómetro, a veces un poco más. Apreté y faltando un kilómetro empecé a hacer zancadas más largas. Crucé el arco en un sprint final y solté un grito en la meta. Mi reloj marcó 3:08:50. Cumplí conmigo, en una Maratón de Buenos Aires más exigente que otros años.

Después de que me dieron la medalla que me acredita en el “Top 1000”

Lo bueno: En lo personal siempre me gustó el recorrido, y aunque cambió un poco, hay ciertos clásicos como el Obelisco, La Boca, Puerto Madero, el Planetario… es como ir tachando puntos emblemáticos hasta llegar a la meta.

El kit de la maratón, en comparación con el de la media maratón, venía bastante cargado de productos, y fue una mejoría. Como todos los años, la hidratación estuvo muy bien ubicada.

Lo malo: No le terminan de encontrar la vuelta a la largada. El cronómetro estaba en cero y por los costados seguía entrando gente.

El veredicto: La Maratón de Buenos Aires sigue poniendo, a mi juicio, el listón alto en cuanto a organización. Después de correr me fui enterando de las quejas de mucha gente. A algunos no les gustó la musculosa, a otros les pareció mal que el recorrido fuera más difícil… no se puede conformar a todo el mundo. Los 42 K hay que hacerlos, y si es en esta Ciudad, mucho mejor.

Puntaje:
Kit del corredor: 8/10
Organización: 9/10
Hidratación: 10/10
Terreno: 10/10
Puntaje final: 9,25

Publicado el 9 octubre, 2016 en Semana 52. Añade a favoritos el enlace permanente. 8 comentarios.

  1. Gran carrera. ¡Felicitaciones! Sabía de tu meta de 3.20 y desde las 3hs no dejé ver el horizonte buscando tu remera Bolt. Que alegría verte antes que se cumplan las 3h10m. Fué genial. Emocionante.

  2. Fernando Fantin

    Felicitaciones! Al final te sorprendiste a vos mismo.
    Con respecto a la carrera a mi también me pareció bastante dura, en especial por la subidas, el viento y el sol, aunque fue mi primera maratón, así que no soy el más indicado para juzgar. Por suerte pude terminarla en 3:19 horas y entré también en el Top Mil, por lo que valieron la pena los seis meses de entrenamiento. Desgraciadamente no te crucé en el cajón de salida (estuve con los azules) ni en el camino (yo venía a un ritmo de 4:40 y vos debías ir más adelante) ni en la llegada (por once minutos de diferencia) y me quedé con las ganas de decirte en persona lo inspirador que fue tu blog y cómo me motivó a empezar a trotar allá por mayo de este año, pero bueno, quedará para otra ocasión. Felicitaciones una vez más.

    • Esperá, ¿empezaste a trotar en mayo y en octubre completaste 42 km en 3:19? Creo que vos deberías escribir un blog y yo leerlo para aprender un poco… ¡Felicitaciones! De las 10 maratones que hice en mi vida, solo 3 hice un tiempo como el tuyo.
      Arranqué en el cajón rosa, con lo cual crucé el arco de largada a solo 33 segundos. Según la página oficial mi ritmo promedio fue de 4:29, y después de estirar me quedé esperando a mis compañeros del grupo. Una pena no habernos cruzado, pero me llena de orgullo lo que me decís que te ayudó este blog. ¡Saludos!

  3. Eduardo Casanova

    Hola Martín! Te felicito una vez más! Tu control en esta Maratón fue notable: el compromiso publico era 3 h 20 min, en privado me dijiste que 3 h 10 min estaría bien… y terminaste en casi 3 h 9 min. Evidentemente conocés muy bien tu capacidad y como administrarla… incluyendo el OxaB12 preventivo, jajaja.

    Qué lejos quedó tu primera Maratón, corriendo con mochila: 2 litros de líquido, geles y otras cosas… y el terror al muro de los 30 Km !! Sé que te desafiaste para hacer tu mejor carrera, lo hiciste muy bien y entregaste todo lo que tenías. Es 10/10. Seguí disfrutando del logro, yo disfruté de seguirte y que compartiéramos la alegría en la llegada. Un beso!

    • ¡Gracias, papi! Hoy se cumplen 6 años de mi primera maratón, y aunque muchas cosas quedaron lejos, hay algo que mantengo y es dar el 100% de lo que tengo. En este camino pude dejar atrás los miedos, que de algún modo me quité cuando me “saqué la mochila” de encima (literal y metafóricamente). Gracias por acompañarme y haber estado ahí los últimos 38 años…

  4. Solo puedo agregar: te quiero y estoy muy orgullosa de que el ultramaratonista también pueda cumplir sus propias expectativas de velocidad.

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