A dos años de mi Spartathlon

a-dos-an%cc%83os-de-mi-spartathlon

Hay dos clases de personas en la vida. Los que cumplen sus sueños y los que no. Bueno, hay gente que ni siquiera lo intenta… Okey, hay tres clases de personas en la vida. Los que cumplen sus sueños, los que intentan y no lo consiguen y los que nunca lo intentan. A decir verdad también están los que confunden sus sueños y los cumplen solo para darse cuenta de que no era lo que querían.

Hay CUATRO clases de personas en el mundo. Yo soy alguna de esas.

Hoy, 26 de septiembre, se cumplen dos años de que empecé el Spartathlon. Fue a las 7 de la mañana, hora de Atenas, y si la memoria no me falla había 6 horas de diferencia, por lo que el final de la carrera iba a ser a la 1 del mediodía, hora de Buenos Aires. Sería una tontería pretender volver a contar todo lo que viví, cuando cualquiera puede ir al historial del blog y leerlo, pero a dos años de correr esos 246 km hasta Esparta puedo dar fe de que sí, fue la mejor experiencia de mi vida.

No recordaba este aniversario, seguramente estaba en mi subconsciente, porque anoche soñé que le explicaba a alguien el origen de mi tatuaje, y cómo representaba toda mi evolución hasta completar esa mítica carrera. En este momento hay muchos atletas en esa suerte de villa olímpica, cerca de Atenas, donde cientos de corredores de todo el mundo se congregan. Muchos van a cumplir su sueño por primera vez, otros van a intentar repetirlo. Algunos llegarán, otros no, pero dudo que alguien complete esta fabulosa ultramaratón y se dé cuenta de que no era lo que quería.

Por supuesto que con el correr de los años aquella carrera va tomando categoría de mito, y de a poco los recuerdos se embellecen y todo empieza a asemejarse a una película en la que el muchacho de orígenes humildes hace todo lo que está a su alcance (y más) para alcanzar la gloria. Sin embargo, no creo que ningún detalle haya estado de más. Desde las ampollas reventadas, las escapadas con mis toallitas de papel en un oscuro baldío para evacuar más que una duda, los raspones en las entrepiernas y las galletas de arroz que casi vomito, todo es parte de esa historia y confluyó en la llegada hasta la estatua de Leónidas.

La nueva camada de espartatletas va a comenzar su propia aventura este viernes. Yo ya no puedo correr el Spartathlon por primera vez. Solo puedo aspirar a volver, algún día, y hacer una aventura nueva, en la que todo sea distinto y a la vez igual.

Publicado el 26 septiembre, 2016 en Semana 52. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: