Aprendiendo a meditar

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Entonces, en el episodio anterior me encontraba en Río de Janeiro, dispuesto a pasar unos días con Luciane, conocer a su familia y amigos, y presentarme como su “namorado” (novio en portugués). Pero mi objetivo era ver si podía mantener el blog actualizado, contar cómo es ser vegano en Brasil, y entrenar bajo el sol carioca (mientras en casa todavía se sufría el invierno). Bueno, nada de eso pasó (la parte de presentarme como su novio sí ocurrió).

Pero son buenas noticias. El hecho de que no haya tenido tiempo de escribir implica que estuve ocupado haciendo otras cosas. Cociné, comí, vimos películas con subtítulos en portugués (recomiendo fuertemente “Corazón de León”, con Guillermo Francella), comí, hice algunas compras, comí, y hasta navegué en un pato bote a pedal. También comí.

El contraste del regreso fue duro, porque Buenos Aires no tiene el mismo clima que Río y la primavera se está haciendo desear. Además, estar ocho días con mi novia se sintió como poco ahora que estoy de vuelta en casa. Tenemos planeado cambiar esa situación en breve. Descubrí además que extrañaba mucho a Santi, mi gato, y aparentemente él también, porque se está mostrando más cariñoso que de costumbre. Eso quiere decir que desde el sábado solo me mordió tres veces.

Dejando de lado las cuestiones románticas, en las que quiero explayarme en un post futuro, los puntos más trascedentes de este viaje fueron dos. Primero, haber corrido con Luciane alrededor de la Lagoa Rodrigo de Freitas, en Humaitá, un paraíso para cualquier corredor. Segundo, un verdadero descubrimiento para mí, que fue haber hecho meditación. Eso se lo debo a mi namorada, que me invitó el centro donde medita. Nunca fui muy devoto de estas prácticas, y me sorprendió encontrarme tan cómodo.

Supongo que la vida me mostró la meditación en varias oportunidades. Dejando de lado lo que conocí en el mundo de la ficción, mi conocimiento de esta disciplina era bastante limitado. Mi antigua counselor, Claudia, me lo había recomendado, y podría decir que correr, en especial las ultramaratones, tiene algo de meditación.

El objetivo, a través de los mantras, es poner la mente en blanco. Eso, desde luego, es algo extremadamente difícil, pero intentando llegar a ese estado es que muchos de los problemas que están dando vueltas en nuestra cabeza empiezan a resolverse. Me encontré poniendo mis desafíos bajo otra luz, dejando el ego de lado. Fue una experiencia muy especial, y me dieron ganas de seguir ahondando. Hace más de un año que descubrí los mantras, y los escucho para trabajar. Solo me faltaba usarlos para relajarme.

Aunque no tuve tiempo de actualizar el blog, encontré que después de meditar se me aclaraban las ideas y que tenía mucho material para escribir. No solo espero que este blog se vea favorecido por eso, sino que me gustaría que mi vida también. Voy a poner ahora unos mantras, y seguir pensando en el tema…

Publicado el 25 septiembre, 2016 en Semana 52. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Que lindo lugar Lagoa Rodrigo de Freitas. Estuve viendo fotos y es hermoso. Pero debo confesar que el calor de Río y el running no son compatibles para mí. No vi la película de “Corazón de Leon”. Ahora me dió ganas!!! Y también ganas de meditar. Si vas por la zona, invitame!

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