Una media maratón desbordada

21 km Ciudad de Buenos Aires

¿Es LA maratón o EL maratón? Yo elijo la primera opción. Necesitamos más palabras femeninas asociadas con la superación…

La Carrera: Dicen que fueron más de 22 mil corredores. Otros que llegaron a los 25 mil. Lo cierto es que los 21 km de la Ciudad de Buenos Aires se superan año a año en cantidad de participantes, pero los esfuerzos por mantenerla bajo control no parecieran crecer proporcionalmente.

No vamos a meternos en la polémica que se desató hace unos días porque esta carrera no otorga premios en efectivo a los que hacen podio o los atletas nacionales. Estamos tan lejos de vernos beneficiados por una premiación que nuestros objetivos son más humildes. Nos alcanza con vencer una vieja marca, llegar cerca de un amigo o no pasarnos de un tiempo decidido arbitrariamente. La Media Maratón es de por sí una carrera maravillosa, con un recorrido tan turístico que es una pena perdérsela.

Llegamos temprano para encontrar lugar para estacionar. Unos trapitos nos pidieron $50 por cuidar el coche (por supuesto que cuando empezó la carrera, ya se habían ido), y preferimos pagar en lugar de pelearnos. Así funciona el chantaje de los trapitos, uno termina pagando por miedo a que le hagan algo. Era de noche, hacía mucho frío, pero además queríamos conseguir un buen lugar para instalar nuestras banderas del PUMA Running Team.

Mi plan era correr con mi amigo vegano Yoel. Es muy rápido (en breve me va a costar seguirlo) y nuestra afinidad nutricional (aunque yo coma miel) nos acercó mucho. En el pasado intentamos correr juntos una carrera, pero el destino nos lo impidió, y solo pudimos compartir entrenamientos. En algún punto, es mi pollo (de soja). Hablamos en varias oportunidades de cuánto tiempo íbamos a hacer, y yo me puse una vara muy alta: llegar cerca de la hora y media. A pesar de que hacían temperaturas por debajo de los 10 grados, corrí con la musculosa de Jamaica que vistió Usain Bolt en los Juegos Olímpicos de Río 2016 (bueno, no la de él, sino una igual). Ese era un motivo de alegría doble para mí: carrera más una prenda que la deseé desde el momento en que la vi exhibida (y no a la venta) en las tiendas de PUMA.

La entrada al corral de la largada fue, por decirlo suavemente, caótica. A pesar de que en la acreditación entregaban pulseras de colores de acuerdo al tiempo estimado de carrera, no había nadie impidiendo que todos se mezclaran e intentaran ubicarse lo más adelante posible. Vimos forcejeos, mucha gente saltando las vallas (con todos los riesgos que eso implica), y hasta personal de seguridad poniéndose violentos con los corredores. El gran punto flojo de la organización, que si aumenta la cantidad de participantes, tiene que hacer ajustes muy grandes a la salida.

Después de que el cronómetro se puso en cero, tardamos más de 2 minutos en cruzar el arco de largada. Era caminar pasitos cortitos, intentando no tropezarte ni que te pisaran los talones de las zapatillas. Apenas vi un claro me lo llevé a Yoel, intentando ganar posiciones. Nos plantamos en un ritmo de 4:10 el kilómetro, algo que me resultaba cómodo y que nos permitía pasar corredores todo el tiempo.

La hidratación de la carrera es muy buena, y con los dos puestos de comida que hay no creo que haga falta comer geles, sobre todo si vamos a estar por debajo de las 2 horas de carrera, pero eso es lo que me funciona a mí, y entiendo a los que creen que necesitan dosis extra de azúcar para correr. Los paisajes, aunque sean urbanos, son un gran atractivo para mí. Núñez, Belgrano, Palermo, el Obelisco, Plaza de Mayo, la subida a la autopista… todos lugares emblemáticos, donde es imposible correr si no es en este tipo de carreras.

Reconozco que Yoel pidió bajar el ritmo en varias ocasiones. Yo intenté animarlo a darlo todo. Él venía de estar parado un mes por una lesión, algo que lo golpeó anímicamente. Pero estaba recuperado y dando lo mejor de sí. Le dije que si se sentía cómodo corriendo, no se estaba esforzando lo suficiente. Tres veces me pidió que siga solo, y me rehusé a abandonarlo. Me fijé que comiera, y aunque venía siempre un metro atrás mío, constantemente miraba hacia atrás para asegurarme de que no lo perdía de vista.

Pasaban los kilómetros y yo hablaba, intentando animarlo. Le prometí, después de la subida a la autopista, no seguir mirando el tiempo en mi reloj. A partir de ahí, hacíamos lo que se podía, sin la presión del ritmo ni de la hora. Alternábamos ritmos lentos con explosiones de velocidad.

Faltando 1 kilómetro, Yoel dijo basta. Le insistí que mantuviera el ritmo. Se frenó en seco. “No me siento bien”, dijo, y empezó a tambalearse. Pasé su brazo por sobre mis hombros y empecé a caminar. Él iba zigzagueando, con los ojos cerrados. “No sé qué me pasa”.

Intenté mantener la calma, sacarle toda la presión que le había puesto encima los 90 minutos anteriores. Empezó a lamentarse que no podía, como dudando de si el running era para él. Le dije que era su primera media maratón, que habíamos hecho mi estrategia y no la suya (quería hacer la primera mitad más lento para apretar al final). Me aventuré con que quizás era algo de la alimentación (tiene bastante menos grasa que yo, y por ahí necesita comer más durante la carrera). Caminamos así unos 500 metros, con el aliento de los corredores que nos pasaban.

Entonces, como si nada hubiese pasado, Yoel empezó a correr. Y muy rápido. Cruzamos el arco después de una hora con cuarenta y un minutos. Bastante bien para el susto que me pegué y de él estuvo sin correr un mes. Pero no se quedó conforme. Cree, después de haber hecho ese sprint final, que tenía energía, y que fue la cabeza la que le jugó una mala pasada (el cerebro puede afectar nuestro cuerpo de maneras que no imaginamos). Mi consuelo fue que 1:41 sigue siendo un tiempo impresionante para una primera media maratón, y que ahora cuenta con la experiencia necesaria para mejorar. Además, llegamos en el “Top 5000”, que se identifica con otro color de medalla, un logro no menor.

Y hablando de la entrega de medallas, que se hacía a cambio del chip que cronometra nuestra carrera, fue también bastante desorganizada. Éramos muchos corredores, los pasillos para pasar muy angostos, y nuevamente desbordamos a los organizadores. Otro punto a rever.

A pesar de la disconformidad de Yoel, me vi reflejado en él, por tantas carreras donde no me fue como yo quería, por tantas veces que mi cabeza dijo basta cuando mi cuerpo podía seguir, por haber sufrido la frustración y creer que esto no era “lo mío”. Pero a diferencia de él, corrí muchas más veces, durante más años, y aprendí que siempre hay revancha, que la primera carrera es un piso sobre el cual edificar, y que la experiencia empieza a jugar a favor. Es cuestión de no bajar los brazos… o de seguir moviendo los pies.

Lo bueno: Aunque voy a criticar a la organización más abajo, debo reconocer que hay cosas que sí funcionan. La hidratación es excelente, y con el agua con sodio que la mayoría de los corredores realmente necesitamos. Estuvo muy bien que haya dos puestos de frutas, y con cantidades abundantes.

El terreno por el cual corremos es la frutilla del postre. Aunque mucha gente prefiere las carreras de aventura y cree que una media maratón en calle se va a volver algo aburrido, hay que aprender a mirar el paisaje urbano y lo bella que es la Ciudad de Buenos Aires.

Ah, y corrí con la musculosa de Bolt, algo que pensé que nunca iba a pasar (y tampoco me morí de frío, como temí en un momento).

Lo malo: La desorganización de la largada y la entrega de medallas. Además, el kit de la carrera es extremadamente pobre. Compensa con que la remera oficial es de muy buena calidad, pero en competencias mucho más pequeñas uno se malacostumbra a al menos un presente de los auspiciantes, y en la bolsa del kit de corredor solo hay una importante colección de publicidades en papel.

El veredicto: La Media Maratón de Buenos Aires sigue siendo una cita obligada en el calendario. Va a ser difícil que alguna vez el saldo dé negativo. Ya quiero que sea la próxima edición en septiembre de 2017, donde –supuestamente– el recorrido va a cambiar. Y donde Yoel podrá aplicar todo lo que aprendió en esta edición.

Puntaje:
Kit del corredor: 6/10
Organización: 7/10
Hidratación: 10/10
Terreno: 9/10
Puntaje final: 8

Publicado el 4 septiembre, 2016 en Semana 52. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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