Ideas de colaciones saludables

Colaciones

Ayer hablé de mi secreto nutricional (la alarma en el celular que todos en este planeta poseemos), y mi amigo Juano Flyer me pidió que proponga colaciones saludables.

Voy a complementar esa información con algo de mi historia personal. Aquel gastroenterólogo puntano que me habló por primera vez de que hay que comer seis veces al día, me habló de las colaciones aclarando que no hay que comer un plato de fideos cada dos horas. La idea es llegar a las comidas sin hambre.

Pero supongo que he comido colaciones toda mi vida. Antes, cuando estaba completamente desordenado en mis hábitos y tenía la mala suerte de vivir a media cuadra de un supermercado chino, bajaba a comprarme alfajores, rueditas (unos palitos con “gusto” a pizza) y pan con mayoliva (me comía medio kilo y un sachet entero de una sentada). ¡Y esto ni siquiera eran mis comidas principales! Por supuesto que llegaba a las comidas principales sin hambre, pero estoy tan mal acostumbrado a comer todo el plato, que igual almorzaba y cenaba como si estuviese muerto de hambre. Todavía al día de hoy tengo que medir lo que cocino, porque tengo que terminarlo todo. Tanto me torturaron con que hay niños que mueren de hambre, que me convencieron de que dejar el plato limpio iba a acabar con las injusticias de los países del tercer mundo.

Como cuesta mucho cambiar el chip cerebral, incorporar colaciones —y que no sea pan con mayoliva— se convirtió en un desafío. Lo que puedo decir es que la fruta es la mejor opción. No estoy preocupándome por el glifosato ni los pesticidas. Lavo la manzana y rezo por estar eligiendo correctamente los químicos de la agricultura por sobre los colorantes, conservantes, reguladores y endulzantes artificiales de los alimentos procesados. Algún día tendré mi huerta sin pesticidas (llena de hormigas, pero orgánica).

Cuando empecé con mi cambio de alimentación, las opciones que me ofreció mi nutricionista contaba con turrón de maní (el común, no el navideño, que tiene suficientes calorías como para alimentar un montañista perdido por una semana), una barrita de cereal, fruta y licuados. Siempre fui rotando entre la manzana y los jugos de mi juguera, que me permitía además combinar las frutas con algunas verduras como la zanahoria o el apio (con manzana verde es fantástico).

La colación es además la oportunidad perfecta para incorporar agua. Al menos en mi caso, como no estaba acostumbrado, me resultó más sencillo sumar líquido en las colaciones, que tener que hacerlo como un paso extra. También se le puede sumar un té o una sopa en invierno (no como un reemplazo del agua). Después, es cuestión de ponerse creativos. Podemos hacernos una ensalada de frutas, o combinar con pasas de uva, algunas nueces.

Sí creo importante dejar las harinas como colaciones (además de la mayoliva). Dejar el pan para un día de mucha actividad física, o como trampolín para dejar las galletitas, verdadero rejunte de grasas, azúcar, jarabe de maíz, y tantas otras cosas que nuestro cuerpo no necesita.

Publicado el 2 septiembre, 2016 en Semana 52. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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