Archivos Mensuales: marzo 2016

Adventure Race Tandil 2016: Cuando el sponsor importa más que el corredor

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La carrera: Desde hace 17 años que el Club de Corredores realiza esta clásica prueba en las sierras de Tandil. Son 27 km muy técnicos, desafiantes, que ni el primer corredor ni el último podría decir que es una carrera sencilla. Se realiza siempre en marzo, en ese punto intermedio entre el verano y el otoño, por lo que pueden hacer temperaturas heladas por la mañana y terminar con la cara enrojecida por el sol hacia el mediodía. Si bien tuvo variantes en su recorrido en los últimos años, el mapa es siempre muy similar, por lo que volver año a año a este desafío permite ir incorporando nuevas estrategias.

Lo bueno: El Club de Corredores es una máquina de relojería. Rara vez las cosas fallan, y eso permite que uno tenga la tranquilidad de que se va a entregar lo que se promete. Los puestos están ubicados en el lugar preciso, la acreditación es siempre muy ordenada, y no por nada cada año participan más atletas de toda Sudamérica.

Entre el recital del Indio Solari el fin de semana pasado, la Adventure Race este domingo y Semana Santa el próximo fin de semana, evidentemente es una racha muy favorable para la ciudad de Tandil. Y realmente lo merecen. Más allá de los bellos paisajes, el clima y el terreno desafiante, el tandilense es parte de la carrera. En muchos tramos alientan, y son un impulso motivacional cerca de la llegada.

Lo malo: Por dónde empezar… Quizás aclarando que esta es una crítica, y como tal es subjetiva. Este es mi octavo año corriendo la Adventure Race de Tandil, y siempre participo con mucho entusiasmo. Este año acompañé a un debutante y eso para mí es un motivo extra para querer participar. Pero lo que veo es que en cada edición importa más sumar a una marca que la integridad de los participantes.

Empecemos por el nombre de la carrera en sí. Cuando todo el mundo la llamaba “La Merrel”, hace unos años pasó a tener a Terma como main sponsor. Y hasta ahí lo entiendo, aunque esta bebida azucarada no me parezca una marca relacionada con el deporte. El tema es que sirven agua con bajo contenido de sodio en los puestos de hidratación, cuando todo deportista sabe que a menos que uno sufra de hipertensión, lo que necesitamos es sales. Pero el canje que tienen con Eco de los Andes es más importante que sufrir de hiponatremia.

Lo que para mí fue la decadencia de esta carrera probablemente haya coincidido con el cambio de sponsor. Hacia esta época aparecieron cervecerías como Brahma o Quilmes regalando latas de alcohol el día antes de la competencia. Y el ser humano va hacia lo gratis como una polilla hacia la luz (podrían regalar Cucatrap e igual habría cientos de personas haciendo cola). Muchos quizá desconozcan que el cuerpo trata al alcohol como si fuese una toxina, poniendo un gran esfuerzo en intentar filtrarlo. Mezclar ese proceso con la oxigenación de la sangre en la actividad física hace que el cuerpo colapse y no haga bien ninguna de las dos cosas. No importa si se toma el alcohol antes o después, el consumo de cerveza debería estar separado 72 horas de semejante esfuerzo físico. Aunque no todo el mundo lo sepa, el Club de Corredores debería saberlo, y debería velar por la salud de sus participantes.

En el trayecto también hay cosas que yo no considero sanas. Como aclaré antes, son apreciaciones personales. No disfruto del Gatorade, porque tiene muchísima azúcar y jarabe de maíz, dos cosas que no deberíamos meter en nuestro organismo. Pero sé que no le quita el sueño a mucha gente. Tampoco el tema de que regalen barritas de cereal con el mismo problema. En los puestos hay fruta (naranja y banana), así que uno puede elegir. Yo estaba corriendo con mucha hambre los últimos kilómetros y solo podía pensar en llegar, pedir una botella de agua (baja en sodio) y consumir algo de fruta. Cuando crucé la meta con mucha alegría, sufrí la gran decepción de enterarme de que no había nada para comer. Daban agua y más Gatorade, pero ninguna fruta. No es que esta ausencia sea un capricho mío, la fruta en la meta estuvo presente en las siete ediciones anteriores de la Adventure Race Tandil que corrí. Ese descuido del participante en pos de priorizar a una marca hace que todos los años le baje muchos puntos en cuanto a la organización.

¿Qué fue lo que más me indignó? Que cuando te quitaban el chip y te indicaban cómo hacerte de tu medalla de finisher, te aclaraban que primero pasaras por el stand para que te regalaran una cerveza. No reconocí la marca, solo que era negra, pero que te lo vendieran como el broche de oro de la carrera, en lugar de darte un alimento sólido, me pareció vergonzoso. Pónganse en situación: uno llega después de horas de trepar las sierras, cerca del mediodía, con hambre, y la plata para comprar algo de comer, o cualquier cosa que uno haya llevado para después de la llegada, en el auto de un amigo con quien uno no se puede encontrar porque está corriendo. ¿La opción es cerveza negra? Faltaba que me pidieran que les agradeciera por el favor que nos estaban haciendo a los que nos dedicamos a correr porque queremos cuidar nuestra salud.

El veredicto: La Adventure Race sigue siendo una carrera alucinante que hay que vivir, pero estoy empezando a pensar que las cosas positivas no son responsabilidad del Club de Corredores (la predisposición de la gente, el terreno, el clima) y las más graves sí (la ausencia de agua orientada a deportistas, la cerveza como si fuese un premio). Y con cada año tengo la impresión de que esto se agrava.

Puntaje:
Kit de corredor: 7/10
Organización: 6/10
Hidratación: 3/10
Terreno: 9/10
Puntaje final: 6,25/10

 

11 tips para correr en las sierras

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En Argentina, más precisamente en la ciudad de Tandil, todos los meses de marzo se corre la Adventure Race, una carrera que es parte de una serie y que está instalada en el calendario de muchos corredores de Sudamérica.

En mi caso es una de las primeras carreras que completé en mi vida (de hecho es la segunda de aventura que hice) y aunque hoy sus 27 km no me representan un desafío intimidante, es una prueba que no se debe subestimar y que es bastante exigente.

La primera vez que la corrí, en 2009, hice la mitad, lo que corresponde a las últimas dos postas, porque no me sentía preparado para hacerla completa. Cuando pude lograrlo, en 2010, quedé absolutamente rendido, después de estar 3:44 hs trepando y corriendo.

Esta es mi octava edición, y a dos semanas de correrla, me pareció oportuno recurrir a mi experiencia y dar algunos consejos para correr en las sierras.

  1. Entrenar cuestas. Si leen este consejo por primera vez, es un poco tarde para inscribirse en la Adventure Race dentro de dos semanas. Lo cierto es que esta carrera nos atrae a la gente de ciudad, pero no solemos tener un terreno similar para entrenar. Por eso hay que correr en cuestas, o sea en una calle que esté en subida, o las escaleras de un tren. Esto nos va a fortalecer las piernas y otorgar potencia.
  2. Entrenar progresiones. Como complemento del consejo anterior, hacer cambios de ritmo también sirve para que nuestros músculos estén mejor preparados para el ascenso y descenso. Si solo corremos en el llano nos estamos entrenando para la calle. Las sierras no están asfaltadas.
  3. Tener un equipo adecuado. Unas zapatillas con poca suela o desgastadas puede jugarnos una mala pasada. También no llevar lentes de sol o una mochila hidratadora incómoda. Parte de la preparación tiene que ser conseguir los elementos que nos van a ayudar a completar la carrera y no retrasarnos.
  4. No estrenar nada. Este es un error frecuente: llegamos a la acreditación y nos encontramos con puestos que venden calzas, pañuelos y geles a buen precio. Nos equipamos con productos nuevos y al día siguiente pretendemos estrenarlos. Es un gran riesgo que puede salir mal. La etiqueta de una calza que nos roza la piel puede lastimarnos y no dejarnos disfrutar la carrera. Lo mismo pasa con el sabor de un gel que nos enteramos de que no nos gusta. Todo se debe probar en los entrenamientos para hacer los ajustes necesarios.
  5. Beber sin sed. Haga frío o calor, cuando estamos en actividad constante y por varias horas, nuestro cuerpo necesita hidratarse. Generalmente las carreras de aventura se realizan en primavera y verano, que son los meses más calurosos. Al rayo del sol, en las sierras, haciendo actividad física, es probable que sudemos más y eso nos deshidrate más rápido. Si tenemos sed, es probable que ya estemos deshidratados. Lo mejor es ponerse un plan para beber cada determinado tiempo, por ejemplo 20 minutos. Y sostenerlo aunque no estemos sedientos, porque la idea es adelantarnos en lugar de tener que resolver un problema.
  6. Comer sin hambre. Esto es complementario al consejo anterior. Después de un buen desayuno (tip extra) vamos a sentirnos con mucha energía para trepar las sierras, pero lo más probable es que agotemos nuestras reservas antes de llegar. Alimentándonos con un sistema, que podría ser cada 40 minutos, nos aseguramos de que nuestro cuerpo tenga constantemente la energía que necesita. Y lo anudamos al cuarto consejo, de no estrenar nada. Todo lo que llevemos de comida de marcha debemos haberlo probado antes en entrenamiento.
  7. Armar una estrategia de carrera. ¿En qué partes voy a poder correr más rápido? ¿En qué ascensos tendré que caminar? ¿Cuál va a ser el punto en donde podría quitarme la mochila o comer? Todo esto lo podemos adelantar. A veces ver el mapa del recorrido asusta un poco, pero a menos que nuestra intención sea sorprendernos el día de la carrera, conviene familiarizarnos con el terreno todo lo posible. Ver en qué kilómetros tenemos llano o en dónde están ubicados los puestos de asistencia nos puede ser muy útil. También, como parte de nuestra estrategia, podemos determinar pequeños objetivos, como pueden ser las postas o una marca en kilómetros, para ir superando la competencia de a poco y no sentir que la meta nunca llega.
  8. No buscar ganar posiciones al principio. Es normal, y casi todos lo hacemos, el querer estar lo más adelante de todo al principio. Es una estrategia lógica porque en muchos sectores de las sierras solo se puede avanzar en una única fila, y nuestra velocidad va a depender del corredor que tengamos enfrente. Pero esta táctica de tener la menor cantidad de competidores que nos retrase es un arma de doble filo, ya que podríamos agotar las piernas… ¡y todavía nos quedan sierras por superar! Al final nos terminamos convirtiendo en los corredores que retrasan a los que vienen detrás. Es preferible ser conservador y reservar la energía para las partes más exigentes.
  9. Mirar mucho al suelo. Los corredores debemos mantener una posición erguida, mirar al horizonte, alzar la cabeza y sacar pecho… excepto que estemos corriendo en un terreno irregular donde podemos tropezarnos y caer en duras rocas. Dónde pisamos (y cómo lo hacemos) es fundamental en las sierras. Además de que el suelo es una formación geológica que tiene muy poco de blando, a veces el sendero es muy angosto y requiere de toda nuestra atención. En la Adventure Race vamos a tener caminos de tierra amplios, pero también tendremos que evitar torceduras de tobillo y tropezones.
  10. Bajar con cuidado. Es probable que, si somos ratas de ciudad, veamos que en las bajadas otros corredores (generalmente lugareños) se tiran de cabeza. A ellos les juega la experiencia a favor, pero cuando encaramos una sierra hacia abajo tenemos que hacer un esfuerzo distinto a subir. En los últimos kilómetros es probable que bajar nos resulte incluso más doloroso y exigente. Una buena técnica, sobre todo si estamos cansados, es bajar de costado, porque si nos caemos es más fácil sostenernos, y evitar golpearnos la cabeza o la espalda. También es una posición que evita que tropecemos hacia adelante. No estamos buscando hacer podio: bajar despacio solo nos va a retrasar unos pocos minutos, y no vale la pena lastimarnos para ganar unos míseros segundos en la tabla de posiciones.
  11. No aislarnos. ¿Vamos a las sierras solo por el desafío? Sería una pena, porque nos vamos a perder hermosos paisajes. Como dije antes, podemos perder unos segundos, incluso si es para detenernos (a un costado del camino) a contemplar el espectáculo de la cima de una sierra. Tampoco tenemos que fijarnos en correr y ganar minutos a toda costa. Las carreras de aventura tienen mucho de solidaridad. Quizá te cruces con un corredor que necesita una mano para subir, o un poco de aliento. No deberíamos olvidarnos de que no estamos solos. A veces en estas competencias nos queda grabado el gesto de otro corredor que nos motivó a seguir, o que nos ayudó a sortear un obstáculo. Estas pequeñas anécdotas también son las que le dan color a las carreras de aventura.

Por qué me ven más flaco

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Para quien está haciendo un esfuerzo consciente por lograrlo, pocas palabras son más dulces al oído que “Che, ¡estás más flaco!”. Pero si sos vegano y corrés ultramaratones, generalmente no es una felicitación, sino una señal de preocupación. “¿Estás comiendo bien?” suele ser la frase que le sigue.

Quizá te estés preguntando para qué quiere adelgazar alguien que entrena un mínimo de 4 veces a la semana, que retomó el gimnasio y que no consume ningún producto animal (y que intentó dejar el azúcar, y lo habría logrado si el AdeS estuviese endulzado con alguna variante más sana). Aunque no lo parezca, tengo 38 años, y cada día que pasa no rejuvenezco. Una buena genética y mis hábitos colaboran en que mantenga a raya a los radicales libres y goce de una decente salud celular. Pero cuidarse a los 30 no es lo mismo que hacerlo a los 40, y eso lo tengo muy en claro.

El estar entrenando para el Espartatlón me dio una gran excusa para romper mis reglas nutricionales y consumir hidratos de carbono como si fuese más necesario que el oxígeno. Pan irrestricto (propio o el de panadería), cous cous en todas las comidas (solo alternado por el arroz integral), pastas, galletas caseras, pizza, galletitas Cachafaz (mi talón de Aquiles) y un largo etécera. Las verduras estaban presentes, pero a veces pegaban el faltazo a la mesa. Así desarrollé una barriga y unos flotadores que me valieron alguna cargada entre mis congéneres corredores y que tapaban mis músculos en el abdomen. Alguna vez me encontré metiendo panza para una foto, mientras pensaba si eso contaba como estar haciendo abdominales.

El tema es que, sin darme cuenta, había creado una nueva zona de confort. No quería salir de ahí, aunque con cada paquete de Cachafaz pensaba “estas son las últimas que compro en toda mi vida”. Equilibrar mi alimentación (o sea, relegar hidratos para que avancen los vegetales) era algo que, aunque lo negaba en ese entonces, no quería hacer. Básicamente comía más calorías de las que estaba consumiendo (aunque quemara un montón).

Quizás inspirado por el cambio de año, decidí que era momento de que un vegano se amigara con los vegetales. Empecé por comer más ensaladas, por reducir las milanesas de soja a una sola (en lugar de dos por comida), a no llenar el bowl hasta el tope de avena y a que la porción de cous cous fuese un tercio del plato y no tres cuartos (o el 100%, como alguna vez hice). El gran paso lo di cuando decidí no comer hidratos en el almuerzo y la cena de los días en los que no entrenaba (más allá de lo que pudieran aportar los vegetales, el tofu y las semillas). Ese fue el punto de inflexión.

Al principio no fue fácil. Podía completar el entrenamiento, pero terminaba agotado. Soy de los que quiere terminar todo primero y correr el máximo de kilómetros que dice el entrenador. Porque sentir que mis compañeros me pisan los talones es mi modo de motivarme a hacer ese esfuerzo extra que te hace progresar. Y estar al frente del pelotón me estaba costando. Igual resistí, y no caí en la tentación de aumentar mis raciones de hidratos. A las dos semanas, esa sensación de cansancio había desaparecido. Al mes la panza estaba retrocediendo y las abdominales empezaban a aflorar sin trabar. Al mes y medio el cinturón ya no me ajustaba.

Ahí comenzaron las preocupaciones de que estoy más flaco y que se me nota en la cara. Pero la sensación de cansancio quedó muy atrás, y ya entré en ese ritmo de saciar el hambre con frutas y verduras. Sigo consumiendo hidratos todos los días: más allá de reducir un poco la ración de avena, sigue siendo mi desayuno y mi merienda. Los días de entrenamiento me permito una milanesa de soja en cada comida, o garbanzos, y algún ocasional cous cous. Lo que descubrí es que puedo darme permitidos cada tanto, como ir a comer afuera los fines de semana y comer harinas.

Ahora, la pregunta que alguno se estará haciendo es… ¿para qué? ¿Me importa lo que piensen los demás? Un poco sí, pero más me importa lo que piense yo. Y sinceramente sentía que no tenía una meta clara. Tengo carreras por delante, y mi desafío fantasma de correr hasta Pinamar (por el cual todavía no hice mucho). Pero me reconforta verme bien. Hoy miro el espejo y me siento satisfecho. Eso me da una cierta paz interna.

Ahora viene una segunda etapa, que es aumentar mi masa muscular. Estoy abocado a eso, consumiendo un extra de proteína los días de gimnasio. Ya comprobé algo que, de algún modo, ya sabía: el hábito define qué tan rápido llegan los resultados.

Y hablando de resultados, todos estos cambios coinciden con un apto médico que me estoy haciendo, así que los estudios cardíacos y sanguíneos deberían traerle tranquilidad (o no) a quienes les parece que verme más flaco que el año pasado es un signo de preocupación.

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