Tatuaje espartano

Estoy a una o dos sesiones de terminar mi tatuaje, ese que enamora a las mujeres y escandaliza a las madres (¿o era al revés?). Yo sabía que cuando terminara el Spartathlon, iba a querer inmortalizarlo con tinta en mi piel. El tema de los tattoos es algo que me angustiaba, nunca imaginaba hacerme algo por temor a arrepentirme. O peor, querer taparlo después con otra cosa, mancha sobre mancha hasta que quede mi cuerpo absolutamente negro.

Por suerte encontré algo que quería llevar con orgullo, y que fue el haber terminado el Spartathlon. La gran mayoría de los corredores elige el gemelo para tatuarse. Me preocupaba no poder correr después de eso, y me tentaba más hacerme algo en el antebrazo. Quizá la palabra “Spartathlon”, posiblemente en griego.

Mi consulta con el tatuador cambió todo. Después de escuchar mi historia, me dijo una idea que me encantó, que fue la de una cadena rompiéndose, signo de la lesión que tuve que soportar en medio de la carrera, además de la superación de límites. Era viernes y me fui a casa pensando y pensando.

Después de una búsqueda intensiva en Google, encontré que los tatuajes que más me gustaban eran los de colores negro pleno, tipo maoríes. Me puse a dibujar con el Illustrator y casi instintivamente, armé una historia. Cómo empecé a correr, qué me inspiró, cómo fue el proceso, qué distancias me marcaron, todo lo que de algún modo u otro me llevó hasta los pies de Leónidas.

Fui el martes con mi impreso, creyendo que un tatuador copiaba a mano alzada, pero me sorprendió encontrarme con que lo calcó en mi brazo. Aprendí que no tenemos extremidades cilíndricas, sino cónicas, por lo que hay que pensar en tres dimensiones cuando uno diseña un tatuaje. Vi cómo la aguja esquivaba mis lunares (“por las dudas”) y así se fue marcando para siempre mi historia.

Pero lo que creíamos que iban a ser 4 sesiones, ya se hicieron como 10. Faltan tres semanas para el próximo Spartathlon, y quiero tener mi tatuaje terminado antes de esa fecha. Si es posible, la próxima semana estará terminado.

Tatuarse duele, en especial donde no hay músculo (en el codo, en el pliegue interno del brazo). Pero este tatuaje me recuerda constantemente que me puse una meta que parecía imposible y la cumplí. Y es algo que me gusta. Podría decir que lo bello no viene sin algo de esfuerzo o dolor.

  

Publicado el 4 septiembre, 2015 en Semana 52 y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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