Archivos Mensuales: septiembre 2015

La historia de mi tatuaje

En Septiembre de 2014 cumplí un sueño, que fue correr el Spartathlon. Recorrí los 246 km en poco menos de 36 horas, con un desgarro que me acompañó 160 km y que me dejó con muletas por las siguientes tres semanas. Pero la alegría de completar esa aventura hizo que todo valiese la pena.
Decidí inmortalizar todo este proceso con un tatuaje. Siempre me dieron miedo, pero a la vez intriga. ¿Encontraría alguna vez algo para pintarme en la piel y nunca arrepentirme? La respuesta fue “sí”.
Me encanta viajar, me encanta escribir y me encanta correr. Junté mis pasiones en un blog llamado “Semana 52”, y quise que mi tatuaje representara eso.
En el hombro está el logo del LionX Team, el grupo de entrenamiento donde me formé y que me acompañó en esta locura. Es un espartano fusionado con un león, y creo que no hace falta describir todo lo que eso representa.
A los costados comienza una tira con el signo del infinito. Me pareció que tenía que ponerle un patrón, y ese me gustó. Creo que voy a viajar, escribir y correr eternamente. Pero esas formas también me representan gotas de sudor, de sangre y de llanto. El camino hasta alcanzar lo que soy hoy fue duro, requirió esfuerzo, y sobreponerme al dolor, físico y mental. Las lágrimas también son de alegría: cuando crucé la meta pude llorar abrazado a mis padres, y es algo que va  a quedar grabado en mi memoria para siempre.

Bajando, sobre el bíceps, puede verse el 7 en números romanos. Es mi primera carrera, una posta de 7 km que hice a mediados de 2008 en Pinamar. Cuando llegué a la meta, Germán, mi entrenador, me abrazó. Yo le dije que no entendía por qué me felicitaba si había hecho muy poco, comparado con otros. Él estuvo acompañándome durante el Spartathlon, fue quien me entrenó todos esos años, y en la meta también compartí un abrazo con él entre lágrimas. Dice que gracias a aquel abrazo después de correr 7 km fue que pudimos tener ese otro abrazo, después de correr 246 km.
Por eso esa distancia es tan importante para mí. Estuve a punto de hacerla en números convencionales, pero me gusta que toda esa información esté semi oculta. Debajo empieza un teclado de computadora, para representar mi escritura. El logo de Batman oculto es porque gracias a que vendí mi colección de cómics (que comencé en 1990) pude pagar mi pasaje y el de mi equipo de apoyo. Debajo se ve otra distancia importante en mi vida: el 42, la maratón.

En el centro del bíceps quise representar al veganismo, la alimentación que descubrí mientras me preparaba para el Spartathlon. Durante la carrera consumí productos libres de proteínas animales y me sentí fantástico. Jamás me faltó fuerza y creo que gracias a que tampoco consumí geles y azúcares fue que no tuve problemas intestinales durante la carrera. Vi a corredores vomitando y abandonando por esto.
Del otro lado está el número 27, la primera carrera completa que hice, 27 km en Pinamar en 2009. Fue la misma que mi debut del año anterior, solo que ahora la hice completa. Tiene la importancia de haberme animado a salir de la largada y no detenerme hasta llegar a la meta. Por debajo continúa el teclado, y abajo quise representar a un corredor bajo la lluvia. Hace muchos años, antes de empezar a correr, vi a un hombre desde el tren que corría en una pista de atletismo, bajo una lluvia torrencial. Estaba solo, y me imaginé que en ese momento él era muy feliz. Cuando corrí el Spartathlon, en el km 42 llovía a cántaros, y me di cuenta que me había convertido en aquel extraño al que envidiaba.
Debajo está el nudo que representa el compromiso. Quise escribir la palabra “Spartathlon” en griego. Además de ser el nombre de esta fantástica carrera, representa las ciudades de Sparta, Athens y London (Esparta, Atenas y Londres), ya que la primera persona en hacer este recorrido en la era moderna fue un inglés, quien unió Atenas con Esparta. También hay una guarda griega, que en realidad es el “52” de mi blog, escondido. Por debajo se ve una cadena rompiéndose, que representa mi lesión y todo con lo que tuve que romper para liberarme y no ponerme límites.
Por supuesto, Filípides tenía que estar. El historiador Heródoto dice que él corrió de Atenas a Esparta en un día y medio, para después volver a pie (¡por suerte el Spartathlon es solo la mitad de lo que él hizo!). Esta figura está en la medalla y es el símbolo de la carrera. Le agregué unas líneas para denotar velocidad, y lo hice apuntando hacia arriba, para denotar progreso y superación.

En el codo puede leerse, en números romanos, el año 2014, que fue cuando corrí, y la distancia, 246 km. Yo no sabía nada de tatuajes, pero resulta que el codo es una de las partes más dolorosas para tatuarse. Es poco comparado con el dolor de mi lesión, tanto durante la carrera como en los días posteriores. Pero creo que es imposible completar un Spartathlon sin sufrir algo de dolor.

Foto del día 18-09-2015 a la(s) 12:53

Más abajo se ve la bandera de Grecia fusionada con la de la Comunidad Europea. Los motivos por los que está la bandera griega no hace falta aclararlos, pero la bandera de la Comunidad representa a mis antepasados españoles e italianos, y el placer que me da viajar. Correr me permitió conocer lugares increíbles a los que jamás hubiese ido. Debo reconocer, además, que mis amigos y mi familia me acompañaron en mucho de estos viajes, y que sin ellos tampoco me hubiese planteado volar a otro país.
En la muñeca cierra otra vez la guarda griega que esconde el número “52”. Es un círculo completo, que podría representar el final de un ciclo, y cómo terminé embarcado en esta aventura gracias a que un día decidí entrenar en serio y llevar un registro diario en un blog.
Esta es la historia de mi tatuaje. Quizás viva nuevas aventuras, y tengo el resto de mi cuerpo para seguir completándolo.

Tatuaje espartano

Estoy a una o dos sesiones de terminar mi tatuaje, ese que enamora a las mujeres y escandaliza a las madres (¿o era al revés?). Yo sabía que cuando terminara el Spartathlon, iba a querer inmortalizarlo con tinta en mi piel. El tema de los tattoos es algo que me angustiaba, nunca imaginaba hacerme algo por temor a arrepentirme. O peor, querer taparlo después con otra cosa, mancha sobre mancha hasta que quede mi cuerpo absolutamente negro.

Por suerte encontré algo que quería llevar con orgullo, y que fue el haber terminado el Spartathlon. La gran mayoría de los corredores elige el gemelo para tatuarse. Me preocupaba no poder correr después de eso, y me tentaba más hacerme algo en el antebrazo. Quizá la palabra “Spartathlon”, posiblemente en griego.

Mi consulta con el tatuador cambió todo. Después de escuchar mi historia, me dijo una idea que me encantó, que fue la de una cadena rompiéndose, signo de la lesión que tuve que soportar en medio de la carrera, además de la superación de límites. Era viernes y me fui a casa pensando y pensando.

Después de una búsqueda intensiva en Google, encontré que los tatuajes que más me gustaban eran los de colores negro pleno, tipo maoríes. Me puse a dibujar con el Illustrator y casi instintivamente, armé una historia. Cómo empecé a correr, qué me inspiró, cómo fue el proceso, qué distancias me marcaron, todo lo que de algún modo u otro me llevó hasta los pies de Leónidas.

Fui el martes con mi impreso, creyendo que un tatuador copiaba a mano alzada, pero me sorprendió encontrarme con que lo calcó en mi brazo. Aprendí que no tenemos extremidades cilíndricas, sino cónicas, por lo que hay que pensar en tres dimensiones cuando uno diseña un tatuaje. Vi cómo la aguja esquivaba mis lunares (“por las dudas”) y así se fue marcando para siempre mi historia.

Pero lo que creíamos que iban a ser 4 sesiones, ya se hicieron como 10. Faltan tres semanas para el próximo Spartathlon, y quiero tener mi tatuaje terminado antes de esa fecha. Si es posible, la próxima semana estará terminado.

Tatuarse duele, en especial donde no hay músculo (en el codo, en el pliegue interno del brazo). Pero este tatuaje me recuerda constantemente que me puse una meta que parecía imposible y la cumplí. Y es algo que me gusta. Podría decir que lo bello no viene sin algo de esfuerzo o dolor.

  

Ordenando el próximo año

El período (que ya comenzó) entre mediados de agosto de 2015 y mediados de agosto de 2016 es en el que me voy a preparar para unir a pie mi casa con la ciudad de Pinamar. Son unos 380 km, lo que despierta algunas preguntas… ¿cómo lo voy a hacer?

Bueno, para empezar cualquier método de análisis, creo que lo mejor es admitir la propia ignorancia. Y lo cierto es que no sé cómo voy a lograrlo. Pero así se desenriedan todos los misterios. ¿Cómo resuelven sus hipótesis los científicos? Ciertamente admitiendo que, como no saben el resultado, tienen que averiguarlo. Tengo mi teoría, que será entrenar duro, como para una ultramaratón, ser nuevamente riguroso con la alimentación (todavía más), y ver cuál es el camino más seguro, en el que no me jugaré la vida (en una de esas termina sumándole más kilómetros al desafío).

Hay algo que sé y es que voy a necesitar mucho apoyo logístico, que no lo voy a hacer sin parar (dormir será mi recompensa diaria) y que tengo que volver a luchar contra los dos grandes monstruos del Spartathlon: la inapetencia y la falta de sed. Por suerte hice algo de experiencia en ultramaratones como para imaginarme qué cosas me pueden llegar a pasar. Sé que voy a tener momentos de desamparo (siempre y cuando tenga tramos largos solo), que voy a sufrir dolores a los que tendré que ignorar, y que comer se va a empezar a volver difícil y tortuoso. Para todo eso, lo único que puedo hacer ahora es correr mucho y practicar.

En un año, cuando esté en Pinamar y haya llegado por mis propios medios o acarreado en un vehículo al punto del colapso, me va a gustar leer esta entrada y pensar “Qué idiota… ni siquiera me imaginaba lo que iba a ser esto”.

El próximo domingo voy a correr la Media Maratón de la Ciudad de Buenos Aires, y un mes después los 42K. Son distancias que alguna vez fueron monstruos temibles y que hoy, por sí solas, no me sirven de preparación para Pinamar. Pero tendré que encontrar nuevos monstruos que me fortalezcan y me lleven a mi objetivo. Seguramente volver a los fondos largos, a correr hasta Tigre ida y vuelta, a encontrar caminos largos (y seguros) que distraigan la mente. Imagino un San Isidro-Retiro-Tigre-San Isidro (da 68 km). Eso podría llegar a ser interesante (no quiero usar la palabra “divertido” porque muchos podrían no estar de acuerdo).

Y quizá, lo que me haga falta volver a incorporar a este año sea escribir. Ordenar las ideas, forzarme a aprender.

A partir de Septiembre voy a volver a colocar el cuentakilómetros, a pesar de la angustia que me da olvidarme el reloj en casa y tener que calcular la distancia que corrí con los mapas satelitales. Pero tengo que volver sobre lo que conozco, lo que me funcionó para llegar a Esparta el año pasado.

Definitivamente estas próximas 52 semanas van a ser de incorporar lo aprendido y aprender cosas nuevas.

A %d blogueros les gusta esto: