Archivos Mensuales: agosto 2015

Desafío Pinamar 2016

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Durante bastante tiempo estuve pensando en si tenía sentido reflotar este blog, que fue mi excusa para lograr cambios muy profundos en mi vida. Cuando completé el Spartathlon en 2014 no parecía que tuviese mucho sentido continuar con el blog sin tener un objetivo en vista. Y después de correr 246 km (164 km con una pierna desgarrada), tampoco tenía la urgencia para encontrar algo nuevo.

No sé bien cómo se me ocurrió (probablemente le haya copiado inconscientemente la idea a Niko Kierde, que hizo algo parecido al año pasado), pero estábamos preparándonos con el Puma Running Team para correr en Pinamar, más específicamente la Terma Adventure Race. Debe ser la sexta o séptima vez que la corro, y le tengo mucho aprecio porque fue mi primera carrera en toda mi vida, en la que Germán, mi coach, me recibió con un abrazo de llegada, y yo no entendía qué tenía de importante correr 7 km en arena (me subestimaba mucho, y demostró ser la base de todo lo que vino después).

Entonces, cuando me di cuenta de que extrañaba escribir en un blog y que necesitaba un objetivo que me llevara a seguir esforzándome física y mentalmente, pensé “En 2016 voy a correr a Pinamar”.

Pero no una carrera. Correr, literalmente, a Pinamar.

Quizá sean 380 km. Por ahí más. No hay presión de tiempo, puedo hacerlo en los días que quiera (entre cinco y seis deberían alcanzar). No sé todavía el camino, ni la logística que va a requerir, pero me tienta la idea de que mi llegada coincida con la Adventure Race Pinamar 2016, y recibir a mis compañeros de entrenamiento después de haber llegado a pie.

No hay organizador, pero tampoco hay costos de inscripción, ni requisitos que cumplir. Solo soy yo entrenando, bajo la guía de Germán que, al igual que yo, va a tener que sentarse a pensar cómo se logra algo así.

“Lo que no te desafía, no te cambia”, estoy diciendo últimamente, con mucha frecuencia. Me gusta aprender, y creo que sin importar si llegue o no, esta experiencia me va a cambiar mucho.

Camino a mi próximo superobjetivo

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Te recomiendo enormemente tener un amigo de entrenamiento. A veces es alguien de la vida “exterior”, o sea una persona que, si no compartieses ese interés en común por el cuidado de la salud, jamás te hubieses cruzado en la vida.

Yo tengo al suerte de que mi amigo de entrenamiento también sea mi socio y mi entrenador. Desde que me mudé a Acassuso, mis días son inmejorables. Estoy sentado en la computadora, trabajando, y suena mi whatsapp. “Te veo a las 15 abajo”, que es nuestro código con Germán para juntarnos en las estaciones saludables que instalaron junto a las vías del tren.

Mientras estiramos y durante el descanso entre las series, charlamos de proyectos y de la vida. Se me inundó la casa con la lluvia. Probemos este tipo de fotos en las publicaciones de Facebook. Presentemos esta idea en tal empresa. Generalmente yo escucho, porque me resulta más fácil que hablar (mi fuerte, podría decirse, es escribir). Me gusta sentir que para Germán soy un incentivo en su deseo de entrenar (un alumno que le devuelve eso a su maestro), pero también creo que a veces él necesita una oreja. Después de todo, sus oídos arden todos los días con gente demandándole entrenamiento, qué hacer, qué comer…

Y en nuestra rutina (de ejercicios y de charla), decidí hablar yo. Tenía algo para contarle y quería ver su reacción.

“Ya tengo mi próximo objetivo para Semana 52”, solté. Él ya sabía que le estaba quitando el polvo al blog y que en breve iba a volver a escribir. Pero este espacio, sin un mega-super-recontra-archi-objetivo no tiene sentido. Así que, cuando vi que su mirada se posaba en mí y aguardaba en silencio, le dije lo que pensaba hacer dentro de un año.

Se paralizó dos segundos. Se le dibujó una sonrisa, cerró los ojos y se tapó la cara con una mano.

“Y vos me vas a acompañar”, lo desafié.

Me dijo que estaba loco. No por lo que quería hacer (que me pidió revelar recién mientras estemos en Pinamar, corriendo nuestra tradicional Adventure Race), sino porque esperaba que él fuera capaz de prepararse y correr todo eso. Es algo nuevo, distinto, lo suficientemente difícil como para mantenerme enfocado otras 52 semanas, pero divertido, y algo que podemos organizar nosotros sin inscripciones, preclasificaciones, cupos, etc.

Pero hizo lo que para mí era más importante, que fue darme su bendición. Si sé que él me va a ayudar, entonces el resto depende de mí. En la vida hay cosas que están bajo mi control, así que esas no me asustan. Y hay otras que están completamente fuera de nuestro control, así que tener a alguien a tu lado también te quita preocupaciones.

Quizá me acompañe corriendo 80 km. Por ahí se anime a 120, 200 km. No importa, si está ahí de punta a punta, los días que me tome lograrlo, es todo lo que preciso. Eso y que sigamos siendo amigos de entrenamiento los próximos 12 meses. Voy a tener que volver a los fondos largos, a ajustar mi alimentación y también las rutinas que hagamos cuando “bajemos” a las estaciones saludables.

Estoy volviendo a sentir cosquilleo en el estómago que producen los desafíos…

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