Archivos Mensuales: julio 2015

Aquella persona que fui

Hola. Mi nombre es Martín Casanova. Voy a contarles una historia que ya habrán escuchado.

Hace exactamente 5 años yo era otra persona. Tenía el mismo nombre, DNI, y hasta entrenaba con el mismo grupo de running que hoy. Pero me despreciaba. No me consideraba capaz de nada, vivía frustrado con mi cuerpo y con mi poca valentía. Decidí empezar a entrenar “en serio”, al menos por un tiempo. 52 semanas. Con eso tenía que lograr algo.

El truco, verán, fue ponerme ese plazo. Porque podía hacer todos los “sacrificios” posibles y luego volver a mi vida de depresión y excesos. Puse la palabra sacrificios entre comillas porque en ese momento, cuando era esa otra persona, creía que comer sano y entrenar regularmente era algo raro. Casi diría molesto.

Antes lo que yo creía que me levantaba el ánimo era comer. Le llamaba “recompensas” a comprarme alfajores, papas fritas y la última comida chatarra que hubiese salido de una oficina de marketing. Me fascinaban las galletitas Oreo, en especial las bañadas en chocolate. Pero por suerte compensaba mi gusto por los snacks y golosinas con ser vegetariano. Las Oreo tenían grasa vacuna refinada, entonces las dejaba de lado.

Pero… en Europa eran apto para vegetarianos, así que cuando podía viajar, me daba ese gusto.

Semana 52, tal el nombre de aquel (y este) blog, se convirtió en un éxito. No porque lo visitara mucha gente (creo que siempre tuvo un alcance muy modesto), sino porque logró un cambio profundo en mi forma de ser y en cómo me valoraba a mí mismo. Mi cuerpo cambió, la panza desapareció muy rápidamente y empecé a crecer deportivamente. Me di cuenta de algo muy valioso: yo tenía el control de mi vida. Si estaba disconforme con algo, lo podía cambiar.

Festejé la llegada a la semana 52 del blog yendo a correr a Grecia. Me pagué mi pasaje e hice un recorrido desde Atenas hasta Maratón, que le copié a Murakami en su libro “De qué hablon cuando hablo de correr”. Fue sacrificado, no estaba acostumbrado a hacer esa distancia, con el calor europeo de agosto, pero lo hice. Fui muy feliz de haberme esforzado y haber cumplido un sueño.

Al día siguiente, cuando ya podía empezar a caminar con cierta normalidad, fui al supermercado que estaba al lado del hostel. Fui derecho a la góndola de las galletitas y agarré del estante un paquete de Oreos bañadas en chocolate. Aptas para vegetarianos.

Se habían acabado los sacrificios y era hora de la recompensa. Un año de no comer chocolates, galletitas ni comida chatarra. Todo se terminaba ahí.

Pero yo no era el mismo Martín Casanova de antes. Aquel otro hubiese sido feliz (por 5 minutos) comiéndose eso. El Martín que era en ese momento se dio cuenta de que ese gesto era falso. No quería comer eso.

Las Oreo volvieron al estante. No recuerdo qué compré en su lugar, pero me queda esa revelación de que la verdadera recompensa era haber llegado hasta ahí, superándome a mí mismo, algo mucho más duradero que esos 5 minutos de felicidad que puede dar un alimento procesado.

El Martín Casanova que devolvió las Oreo a la góndola no es, tampoco, el Martín Casanova de hoy. Muchas cosas han cambiado en estos 5 años, y tiene que ver con ese descubrimiento de que uno progresa, muta. Esa es la constante en mi vida, aunque parezca paradójico: el cambio.

He decidido darle una nueva oportunidad a Semana 52. Volver a escribir y registrar quién soy hoy, en julio de 2015, para que el Martín que yo sea en 2016 pueda leer dónde estuve y, si las cosas salen bien, todo lo que crecí en esas 52 semanas.

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