Semana 52: Día 361: Un fondo de 20 km en Atenas

Finalmente hice mi último fondo antes de la gran carrera de mi vida. Lo hice en Atenas, donde todo comenzó.

En la capital griega hacen unos devastadores 33 grados, lo que obliga a tomar ciertas medidas: ropa cómoda y fresca, hidratación y lo que se pueda de sombra. Ante la sugerencia de mi amigo Antonios, el taxista que me trajo desde el aeropuerto, salí a las 6:30 de la mañana, cuando todavía es de noche.

Mi instinto me llevó a correr hacia la Acrópolis, porque era un lugar más o menos conocido para mí y porque podía darle vueltas hasta completar la distancia, sin miedo a perderme. Lo que no tuve en cuenta es que la mitad del recorrido es en subida. No hubo problema, estoy muy preparado de piernas para estos ascensos y la Espartatlón va a tener mucho desnivel, así que lo encaré con ganas.

Poco a poco fue saliendo el sol y las calles comenzaron a iluminarse. Le gané a todos los turistas, así que el recorrido estaba bastante despejado. Lentamente la ciudad iba despertando (algunos se iban a dormir), se baldeaban las veredas, se sacaban las mesitas a la calle y las panaderías empezaban a abrir. Me sentía como cuando corro por Buenos Aires, y voy notando a los que terminan su jornada y los que la empiezan.

Correr a la sombra del Partenón es un flash, se mire por donde se mire. Es imposible no pensar en toda la historia que está concentrada en ese lugar. Si en Ortona mi cabeza se llenaba de imágenes del pasado de mi familia, en Atenas era del pasado de la civilización occidental. Me iba imaginando a la Grecia antigua, la ciudad como era hace 2500 años, cuando tuvo lugar la batalla de Maratón, que dio origen a la leyenda de Filípides (y la Espartatlón), pero que además redefinió la historia. El mundo sería muy diferente si hubiesen ganado los persas. Es imposible decir si hubiese sido mejor o peor, pero sin lugar a dudas hoy hablaríamos otro idioma y la sociedad tendría costumbres muy diferentes.

Terminé mi fondo promediando las dos horas, por supuesto que absolutamente perdido respecto a dónde estaba mi departamento. Es que una cosa es comenzar el recorrido en la oscuridad de la noche y otra terminarlo a plena luz del día. Ubicarse en los mapas, aunque leo algo de griego, es realmente complicado. Pero estaba a 200 metros, solo me hizo falta orientarme un poco y caminar.

Ahora ya está. Me queda descansar, terminar de definir los alimentos y la bebida de la carrera, y madrugar el viernes a la mañana. Este es un lugar con mucha historia. Es hora de escribir mi propio capítulo.

Publicado el 23 septiembre, 2014 en Atenas, Espartatlón III semana 52, fondo, http://schemas.google.com/blogger/2008/kind#post. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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