Semana 51: Día 353: En las profundidades de mi subconsciente

Ayer tuve una sesión en mi asesoramiento terapéutico dedicada a la relajación previa al viaje a Grecia. Hicimos un trabajo de armonización, en el que dejé fluir mi subconsciente y vi imágenes muy reveladoras.

Si me tuviese que poner una camiseta, sería la de los escépticos. El tema de las Flores de Bach, los chakras, el aura, son cosas en las que nunca creí. Siempre me consideré un hombre de ciencia. Con fe, pero del lado del conocimiento empírico.

Por eso, cuando empecé mis sesiones de asesoramiento terapéutico (que no es psicoanálisis), fui con paso cauteloso. Quería resultados diferentes, así que quise hacer algo diferente. Entonces le di una oportunidad. Hasta ahora he tenido resultados increíbles, y no dudo en que mi década de análisis me ayuda muchísimo a resolver conflictos más rápido.

Entre estas actividades que normalmente nunca hubiese hecho está la armonización, que lo pueden googlear porque de eso no sé nada. Por lo que lo hice es que es un momento de relajación, en donde cierro los ojos, me relajo, y dejo que los mantras que suenan en los parlantes me vayan disparando cosas. Hay que respirar por la nariz, hinchando el estómago y no el pecho, y dejar que la terapeuta haga lo suyo.

No hay una guía o indicación de en qué hay que pensar en esos momentos, pero sí alejar cualquiera de los malos pensamientos que se pudieran presentar. No reprimirlos, porque ignorarlos es fijarlos, sino decirles “después estoy con vos”. Esos mantras y mi predisposición a relajarme me permitieron ahondar en mí mismo. Sin quererlo armé una película que refleja este instante de mi vida, mis deseos, mis miedos, todo junto. Cualquiera diría que le saqué el jugo a esa sesión.

La imagen de mi momento feliz es al aire libre, con mucho sol, muy iluminado. En la armonización anterior me imaginé corriendo en descampados infinitos, sin sentir cansancio ni dolor. En esta ocasión me vi como un guerrero espartano, bajo la guía de Germán, mi entrenador. Él me llevaba hasta la costa, frente al mar, ante un vasto océano azul.

Cuando me metía al agua, lo hacía solo. Creo que es una imagen muy concreta y significativa que Germán me llevara hasta la orilla y no se metiera conmigo. Es lo que hace un buen líder, mostrarte el camino para que después lo recorras solo. Ese mar era azul oscuro, inmenso y pacífico. Yo nadaba con mucha facilidad y me sentía a gusto, pero por debajo todo se oscurecía. Lo que estaba oculto me inquietaba. Ahí no llegaba el calor del sol ni su luz, y esa inmensidad que me traía paz, cuando era oscuridad me daba miedo. Decidí que lo mejor que podía hacer era enfrentarlo, así que me zambullí y nadé hacia abajo.

La imagen que vi cuando llegué al fondo fue muy extraña. Me encontré conmigo mismo, encadenado al lecho del mar, rogándome escapar. Enfrentar a los miedos es también quitarles poder, así que ya no me inquietaba tanto nadar ahí. Supongo que el modo de liberarme es ese, no dejar que las inseguridades me dominen, no reprimirme.

En la siguiente escena estaba flotando, de nuevo bañado por los rayos del sol. Estaba en compañía de una mujer sin identificar (llamémosla “X”), lo cual podríamos interpretarlo como un momento de paz y equilibrio. Lentamente aparecía mi familia, también flotando a mi lado en colchones inflables, en una instantánea de una despreocupada vacación familiar.

¿De dónde salen todas estas imágenes? Nadie me decía qué tenía que pensar, simplemente se iban apareciendo. Cuando terminamos la armonización, que me dejó muy relajado (tanto que me sentía muy pesado y me costó levantarme), analizamos con la coach todas esas escenas que transcurrían alrededor de un mar que bien podría ser el Egeo.

Fue una buena sesión pre-Espartatlón. Sé que en lo que me embarco es vasto e inabarcable como un océano, que llegué ahí con una guía, que me meto solo y todo depende de mí, que en ese enfrentarme a lo desconocido, a mis miedos, voy a encontrarme conmigo mismo, que después de todo esto voy a encontrar un equilibrio, y que aunque uno tenga que enfrentar los conflictos solo, a la larga nunca estamos solos.

Publicado el 15 septiembre, 2014 en Espartatlón III semana 51, http://schemas.google.com/blogger/2008/kind#post, terapia, viaje. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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