Semana 49: Día 342: Fiesta de despedida

Ayer nos hicieron la fiesta de despedida a quienes viajamos a Grecia para participar de la Espartatlón. ¿Por qué dos semanas antes de partir? Porque todavía el estrés no nos aniquiló.

Creo que anticiparse dos semanas a la partida para despedirnos fue una brillante idea. Los viajes realmente me alteran y cada día que pasa voy notando lo poco que estoy adelantando el trabajo. Posiblemente me queden cosas pendientes, pero estoy intentando quedarme trasnochando o pasarme un día sin dormir, cosa que he hecho previo a otros viajes. Ojalá no me toque repetirlo.

Esta fiesta fue luego del entrenamiento. Había muchas cosas veganas, hasta cupcakes (no por eso sanos… pero los probé), y me hicieron una simpática torta que además hacía de medalla de la Espartatlón. Tuve que decir unas palabras, aunque nunca me siento cómodo hablando en público. Lo que dije fue lo que me salió. Conté cómo, hace exactamente tres años, estaba disfrutando de las playas griegas cuando decidí participar de esta carrera bestial. En ese entonces no tenía idea de lo que estaba invocando, y con el correr de los meses lo fui aprendiendo. Ese camino de aprendizaje no lo hice solo, sino que estuve acompañado por Germán, mi entrenador, que se encargó de convertir mi sueño en algo compartido por todo el grupo. Si yo estaba a punto de viajar a Europa para correr el Espartatlón era en gran medida por la ayuda que recibí de mucha gente. Contado así carece de toda emoción, pero en ese momento me pareció muy sincero y profundo.

El equipo espartano también estuvo ahí, hablando y diciendo qué significaba este viaje para ellos. Me hicieron responsable de ser la inspiración de los cambios de algunos compañeros, y eso es la cosa que más orgullo me da en mi vida. Ojalá esté a la altura de semejante honor. Uno transmite todo esto con el ejemplo. Ponerlo en palabras… es bastante difícil.

Quizá el momento más emotivo de la noche fue el préstamo que me hizo Germán de su medalla de una Ecochallenge de 2001 (época en la que yo ni siquiera me planteaba correr como estilo de vida). En ese entonces su papá estaba vivo, y pudo ver a su hijo completando una dura carrera. Ahora esta medalla es un amuleto, que tengo que llevar a Grecia y devolvérsela al regreso. Ojalá no salga solo a pasear, sino que vuelva en mi poder mientras yo traigo un triunfo bajo el brazo.

La fiesta también tuvo la presencia de mucha gente a la que hace rato que no veo pero que me sigue apoyando en este objetivo complejo. Fue muy emocionante verlos, y me hace tomar consciencia no solo del paso del tiempo, de cuánto fue cambiando el grupo y la gente que me rodea desde que empecé con Semana 52 hasta hoy, sino que mi proyecto es significativo para otros. Lo hago por mí, pero hay quienes hacen fuerza para que lo cumpla. A todos ellos les agradezco el apoyo constante y espero, de corazón, seguir inspirando cambios.

Y hablando de cambios… viendo las fotos siento que va siendo hora de que me corte el pelo…

Publicado el 4 septiembre, 2014 en Espartatlón III semana 49, http://schemas.google.com/blogger/2008/kind#post, Spartathlon, viaje. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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