Archivos Mensuales: agosto 2014

Semana 47: Día 328: Lo que no te mata, te fortalece

Si tuviese que decir qué fue lo último que aprendí corriendo, debería decir que fue la tolerancia al dolor.
En mi vida he sufrido fracturas, golpes, esguinces, y todo eso antes de empezar a correr. Haber llegado a un entrenamiento intensivo me llevó a conocer un abanico de nuevos dolores que me obligaban a tragar saliva y seguir avanzando.
Muchas veces estuve acompañando a alguien en una carrera o un entrenamiento, y en mi rol de motivador intenté que se fuerce más allá de sus límites. “El dolor es pasajero”, les decía. Y me tocó estar corriendo con dolor en los tobillos o el metatarso izquierdo y pensar si yo forzaba a otras personas mientras sentían algo similar. Creo que me aguanté por el deseo de mantener una coherencia.
Me da la impresión de que eso que uno se aguanta fortalece el carácter. Al menos en una ultramaratón es muy probable que algo duela y haya que seguir. El máximo ejemplo es Scott Jurek, quien ganó una carrera con un tobillo hecho una pelota y otra (una carrita llamada Espartatlón) con un dedo del pie fracturado. 
Aguantar el dolor y seguir te fortalece el carácter. Uno le escapa a estas situaciones, pero yo creo que cada experiencia le quita el rótulo de “desconocido” a las cosas. Al menos, la siguiente vez que te enfrentes al dolor, es algo a lo que estarás un poco más habituado.
“El dolor es vida”, dicen. Y además es un gran maestro. Por eso sé que la Espartatlón, la termine o no, me hará un hombre más sabio. Con eso me alcanza…

Semana 47: Día 327: Hacer lo imposible

“¿Y eso es real? ¿Es algo que se puede hacer?”. Eso es lo que generalmente me dicen las personas que escuchan por primera vez que voy a participar de la Espartatlón.
Si nos sintonizas por primera vez, quizá no sepas que la Espartatlón (o Spartathlon) es una de las carreras más duras del mundo: 246 km en un máximo de 36 horas. No es imposible de hacer, solo requiere de tres cosas: preparación, estrategia y voluntad. Que sea “poco” no quita que no sea muy difícil.
Si voy a llegar, no tengo idea. En el fondo la experiencia me aterra, y es por eso que la tengo que hacer. Cuánto dolor, hambre, calor, sed, cansancio, frío, sueño voy a sentir es algo con lo que no me quiero enloquecer… pero sin dudas voy a sufrir. No creo que nadie la pase bien: como todo, la experiencia toma otro sentido cuando uno cruza la meta.
Sí creo que soy capaz de soportar todo eso y llegar. O sea, tragar saliva, apretar los dientes y no detenerme. Muchos creían que eso es imposible, pero ya lo he hecho en el pasado. Seguramente, quienes se sorprenden por la existencia de una carrera tan brutal es porque no han salido mucho de su zona de confort. Si supiera que la voy a terminar… ¿cuál sería la gracia?
Creo que todos somos capaces de terminar la Espartatlón. Solo necesitamos preparación, estrategia y voluntad. Si falta alguna de esas tres, seguro va a ser imposible. Pero con ese combo, hasta lo imposible empieza a volverse realizable…

Semana 47: Día 326: En la recta final

Es increíble lo poco que falta para la Espartatlón y lo mucho que siento que falta.
Como todo viaje en mi vida, este no viene exento de estrés. El trabajo se acumula y ya tengo hasta los fines de semana comprometidos. Así y todo, me sigo atrasando. Algo que sacrifiqué y que quiero recuperar en breve es el gimnasio. Cómo extraño ese momento de soledad y sacrificio…
El viaje, con sus menesteres y gastos, está bien encaminado. Solo hace falta ultimar un par de detalles allá y de conseguir moneda extranjera sin tener que asaltar a nadie (sinceramente preferiría evitar volver a prisión). Salgo el 17 de septiembre con mis papás, principales sponsors de Semana 52: Espartatlón. Es un viaje de relax por Italia antes de llegar a Atenas el 21. Mi equipo de asistencia llega a Grecia el 23, y me prometieron obligarme a hacerme descansar. Así que nada de museos, ni hacer cola, ni salir a asaltar casas de cambio.
Los pocos días que quedan hasta viajar los voy a pasar trabajando y entrenando. No quiero seguir sacrificando días de running o gimnasio, pero a la vez entiendo que con lo hecho, tendría que estar bien. A menos de un mes de despegar desde el Aeropuerto de Ezeiza, no hay mucha diferencia que pueda hacer.

Semana 47: Día 325: Descansando

Las circunstancias de mi viaje me obligan a no entrenar hoy, un día después de haber corrido 70 km. Pero no dejé pasar la oportunidad de descansar.

La falta de un sueño reparador ha sido siempre mi gran déficit en el entrenamiento. He intentado, en los últimos meses, dormir todo lo que el cuerpo me pida. La única forma natural en que se me ocurrió hacerlo es dejar de lado el despertador y que la cabeza se active sola. Obligarme a dormir es algo que no me sale.

Por no acostarme en horario es que el sábado me quedé dormido y me perdí de hacer el fondo ese día. Por eso reintenté el domingo, con éxito (y más descansado). Llegado el lunes, por supuesto, me dolía la espalda y tenía los pies ampollados y un poquito doloridos (nada grave). Además tengo pilas y pilas de cómics para catalogar, ya que no los puedo vender sin saber su estado ni si las colecciones están incompletas, por no mencionar que hay cosas que tengo que no me acuerdo. Aunque recibí algo de ayuda durante el fin de semana para empezar a ordenarlo, no me quedó otra que tener que hacerlo yo, y me resultó algo menos cansador que ir a entrenar.

Normalmente hubiese ido igual, aunque sea para ver a mis compañeros de Puma Runners, pero me urge organizarme porque me he cruzado con dementes que quieren comprar colecciones completas, así que es mejor saber qué ofrecerles.

Así terminé descansando… mientras por mis manos pasaban miles y miles de revistas. Hubo, sí, dos momentos dolorosos: el primero fue ver que a pesar de ciertos cuidados que tuve, algunas portadas tienen manchas de humedad (otras tienen su olor). Va a ser difícil vender eso, creo que hasta me va a costar regalarlo. El segundo, notar que me faltan cosas. Series que, si las menciono, solo las conocerán los lectores experimentados, pero por ejemplo no apareció la Doom Patrol, escrita por Morrison, material que estoy seguro le hubiese interesado a mucha gente. Como no tengo tan buena memoria, me cuesta darme cuenta si es lo único faltante, porque podría ser que lo haya prestado y me haya olvidado, o que nos haya quedado una caja en la casa de Banfield que no vimos.

Pero, ¿la buena noticia? Nada de esto me quitó el sueño. Cuando me cansé de ordenar, me fui a la cama y dormí como un bebé, soñando con todo lo que vamos a poder hacer en Atenas gracias a esta megaventa…

Semana 47: Día 324: Un nuevo fondo de 70 km

Como comentaba en el último post, se suponía que en la madrugada del sábado tenía que hacer un fondo de 70 km como parte de mi preparación para la Espartatlón… y me quedé dormido.

El tema es que quería empalmar con el entrenamiento de los Puma Runners a las 9 de la mañana, en San Isidro, así que tenía que salir a las 4 de casa. El despertador sonó 3:30, y no me desperté hasta pasadas las 6:30. Así que ayer entrené, como de costumbre, hice un fondo de 15 km con el resto del grupo, y volví a casa, decidido a obtener la revancha.

Esta vez me fui a acostar a una hora prudencial. Al no tener que sumarme al entrenamiento de nadie, tenía más flexibilidad horaria. Me desperté a las 4:30 y a las 5:15 estaba afuera, listo para empezar. Mi reloj Suunto está reparado, así que pude poner el GPS sin problema. Afuera no hacía frío, así que salí.

Tengo todavía algunas molestias en los tobillos. Lo siento cuando hago un pique o algún movimiento explosivo. Si troto tranquilo no pasa nada.

Mi idea era ir a Tigre y volver, pero en el camino decidí improvisar. Pasé por los distintos puntos con bebederos e iba racionando el pinole, la fainá y las galletas de arroz. Cuando estaba en Acassuso, en lugar de seguir derecho hasta la ciudad costera de Tigre, decidí subir por Perú y darle una vuelta al Hipódromo. No tenía idea de cuánto me iba a desviar del camino pensado, pero quería variar ese trayecto tan recorrido. Como distracción me vino bien, además de que sumé el bebedero que hay sobre Fleming y la posibilidad de usar el baño que está en Márquez y Centenario, en una terminal de colectivos.

No me sentía al 100%… quizás al 70%. Si bien el fondo del sábado no había sido muy exigente, sumaba. Además estoy acostumbrado a dejar la mochila cuando me junto con los chicos del grupo, y esta vez sabía que la tenía que llevar sobre los hombros hasta terminar. No estaba particularmente cansado, pero empecé a sentir dolores en los pies, y ya empiezo a sospechar que es por las zapatillas. Además de los tobillos, los dedos chiquitos se me ampollan siempre, y el metatarso izquierdo empezó a molestar nuevamente.

En el km 35, a la altura de San Fernando, pegué media vuelta y volví sobre mis pasos. Me di cuenta que me estaba cansando porque las pausas para tomar eran cada vez más largas, y caminaba bastante antes de empezar a trotar. Estuve a punto de preocuparme por esto, pero me di cuenta que estaba sosteniendo un ritmo demasiado alto para la Espartatlón. Seguramente en la carrera tuviese que hacer pausas como esas y correr más lento. Además voy a hacerla más descansado y sin estar trotando el día anterior.

El sol salió pasadas las 7 de la mañana y me pegó en la cara todo el día. Subestimé este hecho. Ya en el km 50 había pasado una marca, que era la de entrenar en calle con la mochila puesta. A esa altura ya me había desquitado de las cosas porque tenía compañía. Estaba, además, haciendo uno de los fondos más largos sin asistencia.

Hacia el km 60 estaba literalmente cansado y con ganas de llegar a casa. Decidí tomármelo con calma. Nadie me apuraba y no tenía sentido exigirme, así que paré a tomar cada vez que sentí deseos de hacerlo y aproveché esos cortes para caminar un poco. El último tramo, de 7,5 km, los hice a puro huevo, sin frenar. A pesar de que en algún momento sentí que iba demasiado lento o que estaba parando por demás, terminé los 70 km en 6 horas 53 minutos, lo cual no está nada mal. Creo que debería relajarme más.

Esta distancia va a ser la máxima que haga antes de la carrera. A lo sumo repetiré un fondo similar. Me gustaría hacerlo con un modelo nuevo de zapatillas. Todavía necesito encontrar el calzado que voy a usar en toda la Espartatlón…

Semana 47: Día 323: El fondo que no fue

Hoy tenía que levantarme a las 3:30 de la mañana a correr un fondo de 70 km. En realidad era ir hasta Tigre, volver al Hipódromo de San Isidro y completar lo que faltaba con mis compañeros de Puma Runners. Me hice pinole, fainá, me preparé la ropa, la vaselina, la cinta… y me quedé dormido.

En realidad, nunca me desperté. El celular sonó y siguió sonando, aparentemente. Yo abrí los ojos, vi que era de noche, y asumí que, nuevamente, me había despertado antes de que sonara la alarma. Pero eran las 6:38 de la mañana. Y sí, la musiquita que siempre me despierta sonaba cada 5 minutos… todavía.

Supongo que estuve durmiendo mal en la semana, e intenté despertarme tras 4 horas de sueño. Mi cuerpo no lo toleró. Al fin quedó demostrado: soy humano.

Igual fui a entrenar con los chicos del grupo, un poco avergonzado (no saben las cosas de las que me acusaron que me quedé haciendo a la noche). En definitiva, el fondo largo no lo quise perder, así que estoy nuevamente yéndome a dormir, con todo preparado, y apelando a que voy a correr los 70 km sin importar el horario. Lo cierto es que ya el reloj no me corre, así que si me vuelvo a quedar dormido, dispondré de las siguientes 7 horas para correr, termine a la hora que termine.

Así me reencauso en la Espartatlón, para la que faltan nada más que 40 días. Cuando llegue y me bañe, tendré que ponerme a catalogar los miles de cómics que me traje de mi casa materna y que pienso reventar estos días… pero bueno, primero me tengo que ir a dormir. Hasta mañana.

Semana 46: día 322: ¡El equipo completo!

Hoy pasó algo maravilloso y es que junté TODA la plata de la venta de cómics, fui a Aerolíneas Argentinas, dije “deme dos pasajes a Roma” y listo, pasajes emitidos. Así es que Germán y Nicolás, quienes integrarán mi equipo de asistencia en la Espartatlón, ya se aseguraron el vuelo a Europa. Queda todavía llegar desde Italia hasta Grecia, pero es la parte sencilla (y no tan onerosa). A último momento se sumó Lean, por lo que el Spartathlon Team llega a cuatro personas (incluyendo quien les escribe).

Es un enorme peso que me saco de encima, además de que hice bastante lugar en mis bibliotecas. Restaría, además de los vuelos low cost hasta Atenas, resolver el hospedaje, la comida y el alquiler de un coche que lleve a todos a través de los puestos de control. El equipo “oficial” solo puede constar de dos personas, y en este caso son Germán y Nicolás (a quienes, en un acto de asombrosa fe, los inscribí en marzo). Lean está de backup, además de que vamos a necesitar alguien que filme porque todavía mantenemos el sueño de hacer un documental con toda esta experiencia.

Dicen que quien corre la Espartatlón solo no llega, y que tener un equipo es clave. Yo coincido. Cuando uno está cansado toma malas decisiones, como dejar de comer o tomar por haberse hartado. Ahí entran ellos, que tampoco van a ir a pasear. Estar despierto las 36 horas, atento… creo que a ellos les va a costar vencer el sueño más que a mí. Pero son situaciones límite que ninungo vivió y que conoceremos en Grecia…

Voy a seguir vendiendo cosas para el resto de los gastos. Si llegan a conocer a alguien que le interese los cómics, pueden visitar la carpeta que contiene fotos de lo que figura disponible. Pueden llevarse algo barato, quedar bien con alguien o simplemente, como me ha pasado en varias ocasiones, reemplazar algo que hayas perdido en una mudanza o por culpa de amigos de lo ajeno: https://www.facebook.com/martin.casanova/media_set?set=a.10152159300561876.1073741837.619731875&type=1

Semana 46: Día 321: Próximo fondo largo de 70 km

Este sábado me toca nuevamente un fondo de 70 km. Es probablemente la distancia máxima que haga de acá a la Espartatlón. Es increíble cómo en otras épocas esta distancia me parecía imposible, y ahora es simplemente un entrenamiento.

Quizá la distancia varíe. Voy a correr hasta Tigre y volver al Hipódromo, como para estar a las 9 de la mañana en San Isidro y engancharme con el entrenamiento de los Puma Runners. Eso me va a dar 50 km y supongo que ellos harán 20 km, o quedaré como un mentiroso.

Toda esta joda me obliga a salir de casa a las 4 de la mañana. Si tengo todo preparado de la noche anterior (pinole, ropa, etc) me podría levantar 3:30, desayunar y salir. Pero siempre me atraso. Como sea, voy a salir de noche y estaré las siguientes 5 horas solo, la calle y yo. Y algunos que salen de bailar, también.

Estos fondos voy a hacerlos sin música. En parte porque se me volvieron a romper los auriculares que me compré (los hacen muy frágiles a propósito), pero también porque no me quiero desacostumbrar a estar únicamente en compañía de mis pensamientos, tal como va a ser en la Espartatlón donde está prohibido correr con reproductores de música. Creo que es necesario tomar noción del tiempo y apropiarse de esa sensación. Si no, la perspectiva de correr una ultramaratón de 246 km te destruye mentalmente.

Haré lo posible por descansar, pero ya siento la presión del viaje, de las cosas que tengo que dejar listas antes de salir… posiblemente el vuelo de ida a Roma, el 17 de septiembre, sea lo primero que descanse como se debe. Me encanta viajar, es algo que me motiva muchísimo, pero a la vez me estresa horriblemente, y siempre que me voy me siento en falta por algo que no pude resolver antes de viajar. ¿Será esta aventura en Grecia la excepción? Lo dudo.

El tobillo no me está molestando tanto como antes, así que tengo la esperanza de que en este fondo no va a ser un problema. Correr tranquilo nunca me molestó, pero superar las 5 horas de pavimento es exigente para cualquier cuerpo, dolorido o no. Me enteraré de todo el sábado a la madrugada.

Semana 46: Día 320: Ese maldito tobillo

Con el correr de los años y los kilómetros voy descubriendo nuevos dolores, algunos en partes del cuerpo que rara vez me habían dolido antes. Ahora fue el turno de mis tobillos.

No recuerdo exactamente cuándo empezó, así que no podría decir qué fue lo que lo provocó. Posiblemente tenga que ver con el uso de la plantilla con realce que usé un tiempo y que me provocó fuertes dolores en el metatarso izquierdo. Como me duele el tobillo derecho externo y el izquierdo interno, deduzco que tiene que ver con una inclinación de mi cuerpo. También tengo la teoría de algún mal movimiento haciendo burpees, sumado a la fatiga de los entrenamientos.

Corrí la Adventure Race de Pinamar ya sintiendo estas ligeras molestias. No le di tanta importancia y durante la carrera no sufrí dolores, pero esta carrera de aventura es muy irregular y los pies bailan entre montículos de arena, piñas, raíces, pozos… es factible que eso haya empeorado algo previo. Lo cierto es que posterior a esta carrear empecé a sentir cada vez más dolores. El sábado pasado hice un fondo de 22 km antes de empezar el entrenamiento con los Puma Runners y descubrí esa molestia que tenía que ver con la rotación del pie y no con correr. Dependiendo de si apuraba el paso o pegaba un salto (para subir un cordón) el dolor aparecía o no.

En el entrenamiento hicimos abdominales, y cuando llegó el momento de saltar sobre bancos para trabjar cuádriceps, me di cuenta que un simple salto me hacía doler mucho, en especial el tobillo interno izquierdo. Ahí decidí guardarme y no seguir corriendo (después de todo ya llevaba 26 km encima). El lunes no fue diferente, la molestia estaba ahí. Correr no me dolía, pero esprintar y saltar hacía que el dolor aparezca y no se quiera ir.

Con el correr de los días fue cediendo, y lo que me tranquiliza es que el trote tranquilo no me afecta en lo más mínimo. Incluso probé un sprint y pude hacerlo sin problemas. Pero la sensibilidad sigue estando.

Nada de lo que me pasa me hace sentir que la Espartatlón está en peligro. Y sé que en el caso de que me doliese, correría igual. No sé en dónde está mi límite, pero el dolor del metatarso me dio bastante tolerancia al dolor. Estuve horas corriendo, acostumbrándome a la molestia, abrazándola. Me mantenía enfocado, cauteloso. Esto lo voy a encarar del mismo modo.

Si me cuido y no pego saltos ni hago un sprint explosivo, probablemente se vaya en unos días. A menos de un mes y medio de la carrera, nada me va a detener…

Semana 46: Día 319: El egoísmo ante todo

Pido disculpas por escribir un post negativo, que no exalte los buenos valores de los seres humanos. Pero estoy fastidiado y no puedo creer que exista gente así.
Como todavía no conseguí sponsors para la Espartatlón (no pierdo las esperanzas) decidí empezar a vender mi colección de cómics y figuras. Eso fue un cambio enorme, porque no solo conseguí el dinero que necesitaba, sino que me desprendí de objetos materiales que ya no me definían.
Como abrí el círculo de la recaudación por fuera de familia y amigos, conocí a mucha gente que vino gustosa a llevarse algún libro, en general como nuevo y a la mitad de su valor. Eso, para un coleccionista, es muy importante. Muchos me deseaban suerte en el viaje, o me preguntaban cómo era la carrera. Otros simplemente venían a buscar su botín.
Y después estaban los vivos que querían que les haga un descuento. Intenté explicarles que las cosas estaban nuevas y con un descuento del 40%, pero igual no les alcanzaba. Hubo una persona que me reservó unos libros por $300 e inmediatamente los ofreció a la venta por $500… ¡y ni siquiera se los había entregado!
Otra situación desagradable fue que algunas personas controlaron qué pasaba con el material reservado… al punto de exigirme que liberara los libros tras tres días de espera y se los vendiera a ellos… increíble.
Es gente que puso su propio beneficio ante todo. No me gusta que la gente saque a relucir su egoísmo. Hasta intentaron engañarme con cosas que vendía para que creyera que estaban por encima de su valor de mercado.
Espero no ser así nunca. Tengo mis caprichos y a veces no me doy cuenta si hago algo que afecta a otros. No me gusta cuando una persona quiere pasar por encima de otra. Es irónico que eso lo haya aprendido de las competencias…
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