Semana 48: Día 332: Adiós a un estilo de vida

 
Esto lo dije en varias oportunidades, y comprobé que tengo amigos a los que el tema les angustia más que a mí (bueno, a mí realmente no me preocupa): he dedicido que no me gustan más los cómics.

Esta decisión fue clave para vender toda mi colección. Y quizá no sea tan absoluta. Decidí quedarme con algunas cosas, más que nada regalos que tienen un gran valor sentimental (aunque confieso que me deshice de algunos presentes). Hacía rato que ya no leía cómics, y muchos los tenía haciendo espacio en la biblioteca sin siquiera haberlos abierto. Cuando iba a buscar una remera me salteaba las de Star Wars o de los Avengers. El desenemoramiento venía desde hacía tiempo.

Cuando llegó la necesidad de recaudar, empecé por vender algunos libros puntuales de la biblioteca. Después fueron todos (menos esos dos o tres que hice a un lado porque tienen dedicatorias, por ejemplo) y al final terminé trayéndome unas toneladas de mi vieja casa de Banfield, algunos con manchas de humedad que en otra época me hubiesen preocupado.

Con eso avancé mucho en la recaudación. No fue suficiente, llegó el momento de deshacerme de ropa para vender en ferias. Y ahí fueron esas remeras que hacía meses que dentro de las cajoneras no les llegaba la luz del sol.

Esto va más allá de una necesidad de recaudar. Tiene que ver con una búsqueda de identidad. De ahí viene también esa crisis vocacional que tengo. Ya no me divierte tanto trabajar maquetando y diseñando cómics. Lo sigo haciendo porque me aburre ser pobre.

Creo que uno busca su identidad en algún momento de su vida. Quizá lo haga hasta el fin de mis días. Creo que la búsqueda siempre es algo positivo y enriquecedor. Nunca me imaginé que correr iba a acaparar mis deseos. En ciertos círculos me conocen como “el que va a correr la Espartatlón”, y no como “el traductor del cómic de Los Simpsons en Argentina”. Hoy me define correr, superarme, y todas las cosas que aprendí en estos años entrenando se afianzaron más en mí que una década de terapia.

Algunos amigos se desesperan y creen que estoy loco. Otros me piden que les regale lo que queda de mi colección (prometí venderla o prenderla fuego a fin de año). Lo que sí es una locura es que esto que estoy haciendo va a ser una vez en la vida. Si quisiera volver a financiar una aventura como la Espartatlón con una colección de cómics debería empezar hoy a coleccionar nuevamente y esperar unas dos décadas para venderla en situaciones similares a la actual. Sospecho que no voy a pasar por lo mismo para vender todo a los 56 años. Esto es parte de un ciclo, algo que termina y es reemplazado por otra cosa.

Todavía sigo disfrutando, por ejemplo, de ver en el cine películas de superhéroes (Guardianes de la Galaxia es una obra maestra de las películas de aventuras), y supongo que voy a conservar mi pendrive del Hombre Araña. Los muñecos de He-Man… ufff… de eso sí me va a costar desprenderme. Pero quizá le llegue el momento, tarde o temprano.

“Coleccionar momentos, no objetos”… ese es el mantra de esta nueva etapa…

Publicado el 25 agosto, 2014 en Espartatlón III semana 48, estilo de vida, http://schemas.google.com/blogger/2008/kind#post, motivación, running, viaje. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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