Semana 45: Día 315: Sin reloj hasta el martes

Desde que empecé a entrenar fuerte, el reloj con GPS se convirtió en una pieza fundamental para mis rutinas. No sé cómo hacía antes, sin saber mi ritmo (minutos por kilómetro), mi velocidad, mi frecuencia cardíaca, la cantidad de kilómetros y el recorrido. Toda esa información empezó a acumularse y a ser cruzada y procesada en pos de seguir mejorando.

Pero claro… no contaban con mi inherente torpeza. Es curioso, soy de esos acumuladores, que no se animan a tirar una tarjetita por si necesitan el dato después, y que les da pena tirar hasta la más inmunda porquería si se trata de un regalo. Sin embargo, no puedo decir que cuide las cosas. Todo se pierde, se rompe o desaparece. Y no es por desinterés: hace poco perdí mi billetera, y tanto me gustaba que me compré una igual por internet. También tuve que reemplazar tarjetas y documentos, pero eso me importaba un poco menos.

En ese contexto en el que hasta pierdo lo más importante, un día desapareció el monitor cardíaco del Suunto… y en ese momento desapareció un dato importantísimo de mis entrenamientos. Con el esfuerzo del corazón podía saber si me había sobreexigido, además de que podía medir las sesiones de gimnasio en los que el GPS es obsoleto. Fue una gran pérdida para mí, y consultando precios en internet me di cuenta de que realmente es algo que va a ser difícil (o demasiado caro) de reemplazar.

Este reloj, al que me seguí aferrando, que me dio muy buenos resultados (mejor que el Garmin), un día me dejó de responder. El botón de Start/Stop es además el que me dirige al menú para seleccionar la modalidad del ejercicio. Yo tenía seteado “Correr” para entrenamientos y carreras, y le había agregado “Ultramaratón” para las sesiones que requerían de más de 14 horas continuas de GPS. Y todo venía bien hasta que empecé a notar que ese botón se trababa un poco.

Nada para alarmarse. Solo quedaba un poco metido para adentro y chau.

Hasta que, obviamente, eso se convirtió en un problema. Primero, cuando quería pausar el entrenamiento, el botón quedaba trabado y cuando uno lo mantiene pulsado, pone todo en cero, guardando la información previa (y si querías seguir entrenando, arreglate). La cosa empeoró el día en que ni siquiera iniciaba, apretando de mil maneras: fuerte, rápidamente, girando… hasta intenté sacarlo para afuera con una pinza. Pero nada.

Ah, Suunto no tiene representación en el país, al menos a nivel de la garantía. No hay service, por más que investigué en la web. Solo conseguí una relojería en el microcentro que prometieron revisarlo para el martes… así que tuve que dejar a mi Suunto y arreglarme como pueda mañana y el lunes.

Las pocas veces que me olvidé el reloj en casa y salí sin nada, me sentí bastante desnudo. Cuando no pude hacer andar el GPS, tenerlo en la muñeca para que solo me dé la hora me pareció una tontería. El sumum de todo esto fue en Pinamar, cuando terminé la Adventure Race con sus 27 km y no lo pude detener. Siguió funcionando hasta que se le acabó la batería, en la ruta, volviendo a casa, por los 135 km (unas once horas más tarde).

Mañana recurriré al Google para saber qué distancia hice… e intentaré recordar cómo eran aquellos días en los que corría por correr, sin medirme ni preocuparme por mi ritmo.

Publicado el 8 agosto, 2014 en Entrenamiento, Espartatlón III semana 45, GPS, http://schemas.google.com/blogger/2008/kind#post, reloj, running, Suunto. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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