Archivos Mensuales: agosto 2014

Semana 49: Día 338: Otro fondo de 50 km

 En este último día de agosto hice un fondo de 50 km, siempre definido a último momento (como la vida misma). Estaba la duda de si correría 70, pero Germán estableció esa distancia, en medio de un fin de semana de trabajo y venta de pilas de cómics viejos.

Tengo algunas molestias en los pies que me preocupan un poco. No demasiado, lo suficiente como para prestarle atención y pensar alternativas. Creo que tiene que ver con el calzado y las plantillas, que las estoy por cambiar. Por las dudas, tomé un par de zapatillas más viejas pero más resistentes, a ver si cambiaba en algo. No cambió en nada.

Salí a las 6 de la mañana, apostando cumplir todo en 5 horas y estar a las 11 en casa, porque recibía gente que se venía a llevar cajas y cajas de historietas. Por suerte estamos golpeando las puertas de la primavera, así que el clima era ideal. Ni muy frío, ni muy caluroso, como para estar en remera y pantalón corto.

El calzado que llevé, mis viejas Puma Nightfox, me resultaron más cómodas que las Faas 500 (el problema es que es un modelo discontinuado). Las sentí más estables, aunque las molestias en el metatarso y en el tobillo izquierdo (cuando realizo ciertos movimientos poco habituales) siguieron estando. Me relajé todo lo que pude y corrí, que es lo que mejor me sale.

De nuevo decidí experimentar un poco con los límites y no llevarme mochila ni pinole. Quería tener el menor peso posible en la espalda. Llené mis bolsillos con pasas de uva y pan integral, y en el cinto hidratador metí dos caramañolas de agua que sumaban 500 cc. La idea era ir parando en algunas canillas y bebederos, teniendo esa ración encima como soporte. La vez pasada me había funcionado, y por suerte esta vez no fue la excepción.

Me gusta mucho salir en ese horario porque hay poquísima gente en la calle y se puede correr tranquilo. Nunca faltan los que vuelven muy alegres de bailar. Esta vez me gritaron “¡Vamos, Rocky!”, y debo confesar que es una bocanada de aire fresco que no te griten Forrest Gump.

Con el correr de las horas, mientras se hizo de día, las calles se fueron llenando de corredores y de gente que paseaba sus perros demasiado abrigados (ellos, no los perros). En la costanera de Vicente López estaban armando las estructuras de la Carrera Sustentable de Makro, 8 km que temí me entorpecieran mi entrenamiento a la vuelta. Nada me hubiese gustado más que la liberación del puente que desemboca en la cancha de River, pero la distancia no iba a llevar ese evento tan lejos. Una pena.

Esta vez hice un tiempo mayor que el fin de semana. No me sentía particularmente cansado, pero estas molestias en el pie izquierdo hacen que pise mal, y empecé a sentir un entumecimiento, como si estuviese a punto de acalambrarme. A eso se le sumó una ampolla en el dedo anular (¿se le dice así aunque no lleve anillo con la frecuencia de la mano?). Más el tobillo, se generaba una masa de tensión, así que me concentré en pisar “normal”, relajado, y no tensionarme. Fue lo más difícil de este fondo (así que podríamos decir que no fue tan complicado).

Volviendo desde San Isidro pasé por la Carrera Sustentable, pero como había empezado hacía 40 minutos, no pude mezclarme con la gente. Solo estaban los que caminaban la participativa, y vi correr a toda velocidad al cuarto de la general.

Todo venía según lo planeado, hasta que faltando 5 kilómetros sentí un dolor punzante en esa ampolla del dedo anular del pie izquierdo. Fue como si se reventase y mandara shocks de electricidad hasta el centro del cerebro. Empecé a preguntarme si necesitaba los dedos de los pies para correr, y si existía la posibilidad de cortármelos de una vez por todas. Sé de ultramaratonisas que se sacan las uñas porque igual se les van a caer… así que, ¿por qué no?

Decidí tomar un camino menos drástico y no parar. Sé por experiencia que uno se acostumbra al dolor. Frenar, por el contrario, hace que la molestia cese, y cuando quiero arrancar es mucho peor. Tuve, sin embargo, dos semáforos en rojo que me obligaron a detener la marcha, mientras insultaba al sistema automatizado del tránsito. En todo el recorrido frenaba para tomar agua, y ahora me tomé mis caramañolas trotando, volcándome un poco el líquido por la cara. Era preferible a parar.

Terminé el fondo en la esquina de mi casa, en 4:50 aproximadamente. Un ritmo muy bueno para el Espartatlón (sobre todo considerando las veces que paré y me tomé todo el tiempo del mundo para ir al baño y esas cosas). En la puerta del departamento me esperaban los muchachos que venían por las cajas de cómics, 10 minutos antes de lo previsto. Disimulé mi paso dolorido por la ampolla, les pedí disculpas por recibirlos todo transpirado, y pasé a recibirlos en mi departamento. Mi fondo había terminado.

Semana 49: Día 337: Entrenando con los Teams Puma

Hoy se dio un evento muy entretenido que fue un entrenamiento colectivo entre todos los Puma Running Team: el de Zona Norte (al que pertenezco), Puerto Madero y Palermo, este último jugó de local porque nos juntamos por esa zona.

La experiencia fue interesante porque de golpe triplicamos la cantidad de alumnos. Había, por supuesto, tres entrenadores, y pude comprobar que cada uno tiene sus códigos y su modo de entrenar. En turnos de 20 minutos fuimos rotando, en grupos mezclados, para entrenar técnica con uno, pasadas con otro y suelo (o musculación) con Germán, mi coach habitual.

Gracias a que nos mezclaron pude encontrarme con otros corredores, algunos mucho más veloces que yo (esto fue una novedad y un buen ejercicio para el ego). Pude intercambiar anécdotas con otros atletas, y escuchar de un chico que hizo su primera maratón en 4 horas. No es nada destacable eso, pero la primera mitad corrió a 7 minutos el kilómetro y el restante a 4, cuando se dio cuenta de que estaba yendo demasiado lento. Otra que empezar en forma conservadora… Le dije que los seres humanos hacemos el camino inverso, arrancamos con todo y terminamos bajando.

El cambio me vino bien porque Palermo me queda más cerca que San Isidro, aunque si hay una próxima vez y es en Puerto Madero, tendría la posibilidad de salir de casa 10 minutos antes… Es interesante ver qué zonas de la Ciudad se pueden aplicar para un entrenamiento combinado. Hice pasadas a toda velocidad, me reí mucho con los ejercicios de técnica (sobre todo con los que desconocía) y pude comprobar que la práctica hace al maestro. En nuestro grupo los burpees, que tanto odiamos, los manejamos con bastante soltura, mientras que los chicos de otros grupos que lo hacían por primera vez tuvieron dificultades, primero para entender cómo hacerlo y segundo para que les salga. ¿Y no es eso progresar? Todos fuimos un desastre el primer día, y aunque no estamos para dar clases de burpees, al menos ahora podemos hacer diez seguidos.

El día ayudó y nos acompañó el sol. Además conocí a gente de Puma que me aseguró que me van a dar ropa para la Espartatlón. Eso espero, ¡realmente la necesito! Fue un día relajado, aunque el entrenamiento haya sido intensivo. Ahora me queda descansar para enfrentar el fondo de 50 km de mañana.

Grecia espera…

Semana 48: Día 336: ¿Por qué todavía no me lesioné?

El listado de atletas argentinos que participaban de la Espartatlón era de 13 corredores, un récord. Consideremos el dato de que en toda su historia, la cantidad de mis compatriotas que la habían terminado era de 11. Si le sumamos el bendito promedio de finalistas, que ronda el 30%, se supone que solo cuatro la íbamos a terminar este año… con suerte.

Tuve una sensación muy extraña al enterarme de que uno de los inscriptos, y quien ya la había terminado el año pasado, se bajaba. Después otro por haberse lesionado. Más tarde un segundo relataba haberse hecho una tendinitis (en un relato que me puso la piel de gallina, con él tirado en un banco, llorando, cuando comprendió que no iba a poder correr en Grecia). Y se le sumó otro experimentado atleta que no iba a viajar por problemas estomacales que le hacían imposible correr y alimentarse correctamente (en esta brutal ultramaratón es clave).

Todos estos experimentados atletas, algunos finalistas en varias oportunidades, decidieron que su cuerpo no los podía acompañar y a un mes de la carrera anunciaron que se bajaban. La primera impresión es la de la compasión. Uno está en igualdad de condiciones, intentando juntar dinero de donde sea (con la dificultad que es para nosotros con nuestra moneda, muy débil ante el euro). Si la Espartatlón significa tanto para mí, para ellos debería ser algo similar. Me acuerdo las veces en que decidí no correrla (o que me dijeron que no podía hacerla), y fue duro aunque estaba a muchísimos meses de la largada. Hacerlo tan cerca de la fecha… es fuerte.

La siguiente sensación pasa a ser un poco más egocéntrica. ¿Por qué esto no me pasó a mí? Tuve lesiones que me dejaron sin poder correr en el pasado, pero no fue durante mi entrenamiento para la Espartatlón. Tampoco estaba yo haciendo el volumen que hacían algunos de estos “pesos pesados” del ultramaratonismo. Nunca llegué a correr 500 km en un mes, por más que sentí que tenía que llegar a los 800 km mensuales. Germán, mi entrenador, encaró el trabajo por otro lado, diferente a lo que compartían otros espartatletas. Me siento listo, a pesar de que no cumplí los requisitos “obligatorios” que recomendaban muchos finalistas (uno decía que si no corrés 100 km en menos de 9 horas, ni te molestes en participar).

Repaso entonces mis dolores. El metatarso todavía me molesta, no al nivel de antes, y estoy convencido de que es porque necesito cambiar de zapatillas. Lo mismo el tobillo izquierdo, que cuando hago progresiones o arranco en forma explosiva me molesta (una técnica de carrera que no voy a necesitar aplicar en Grecia, para nada). Después de mi último fondo me molestó un par de días el hombro izquierdo, como una contractura. Al día siguiente me contracturé el derecho. Creo que tiene que ver con el descanso (o la falta de él), y la obvia tensión de acumular kilómetros con un calzado inapropiado. Y las ampollas en los dedos chiquitos de los pies.

Todas cosas que no me van a dejar afuera de los 246 km de Grecia, y que tengo la esperanza de que se acomoden apenas me llegue mi nuevo calzado. Quizá Germán me cuidó lo suficiente para que no me exija de más, aunque estoy tirando fondos largos (el domingo me tocan 50 km nuevamente).

Confieso que me preocupa un poco que otros compatriotas experimentados se lesionen ANTES de la carrera… ¿qué nos queda cuando lleguemos? Supongo que es preferible “romperse” allá. La frustración va a ser la misma, dudo que haya consuelo para el que esté abandonando lejos de casa.

Toco madera. Todavía nada me hizo sentir que mi participación peligraba, y con inteligencia y cuidado, nada me va a pasar. No puedo decir que necesite “suerte”, porque eso ya sabemos que es algo que no existe.

Semana 48: Día 335: Ok, esto es lo que está pasando en el blog…

Mudar Semana 52 de WordPress a Blogger ha demostrado ser un duro golpe para lo que fueron las visitas de este emprendimiento. Esto tiene una explicación sencilla: en el anterior sitio tenía  tres años ininterrumpidos de escribir diariamente. Google me amaba, me mandaba a todo el mundo, y ciertamente WordPress tiene un entorno amigable y bello.

Blogger me permitía poner publicidades. Puse Adsense, le dije a mis visitantes que hacer clicks en los auspicios me ayudaba a juntar algunos dólares, y resultó ser que es una práctica que está prohibida, por lo que Google, que antes me amaba, ahora me prohibió de por vida recibir dinero por publicidades de ellos. Un poco duro, después de haber confesado que era cierto y pedir disculpas. Pero, ¿quién se lo pierde? ¿Ellos, por no contar más conmigo, o yo? Definitivamente yo.

Faltan 29 días para la largada de la Espartatlón. Pero para que yo viaje a Roma, mi primera escala antes de llegar a Grecia, faltan 20 (me está empezando a dar pánico). Esto significa que tengo que adelantar trabajo, así que tengo los días contados, incluso sábados y domingo, en los que tengo que avanzar con cosas que de por sí están atrasadas. Hasta le pasé compromisos míos a otras personas para no perder los clientes (pero será dinero que yo no gane).

Esto está afectando muchísimo a la actualización del blog. Sin embargo, sigo intentándolo. Porque a todo esto se le suma el nuevo sitio en el que estoy participando, www.300runners.com, lo más parecido a un sueño, porque puedo dedicarme a escribir sobre running y motivación (lo que venía haciendo con Semana 52, pero con la perspectiva de que se convierta en un trabajo). Los cuatro años de blog me sirvieron mucho para generar contenido, pero también para pulir la técnica de escritura, cerrar conceptos más rápidos, saber dónde investigar. Fue como un curso intensivo, para el que hacía la tarea todos los días.

Ahora esa tarea me está costando horrores. Pero como Semana 52 también se publica en 300 Runners, aunque me atrase cuatro días termino escribiendo todas las entradas juntas. Es algo complicado y confieso que me estoy estresando, pero si me quedara de brazos cruzados me sentiría peor.

Claramente hay un antes y después en mi vida, que está dividida en antes y después de correr la Espartatlón. Sin lugar a dudas que a partir de octubre todos mis esfuerzos se van a concentrar en 300 Runners, que va a ser como un Semana 52 potenciado. No voy a seguir con el blog, porque son dos proyectos incompatibles. Yo lo veo como haber egresado. No van a haber muchos cambios, voy a seguir escribiendo diariamente ahí, van a poder comentar y yo voy a poder responder. La diferencia va a ser que van a haber otras personas participando, y en principio todas las notas van a pasar por mi implacable mirada.

Así que si entran y se dan cuenta de que no hay novedades desde hace un par de días, les prometo que si vuelven en algún momento, esas entradas van a aparecer. Y así será la cosa, errática, hasta que llegue Grecia. Quizá la reseña de la Espartatlón sea lo último que lean bajo el sello de Semana 52. Estaría bueno que sea una crónica de una carrera que terminé, pero mis chances son de 33%. No es un mal número, de todos modos…

Semana 48: Día 334: Dolores

Hoy es el día posterior al fondo de 50. Me llama la atención la cantidad de partes del cuerpo que me duelen.

De abajo hacia arriba, empiezo por los dedos chiquitos del pie. Se me ampollan siempre, y no me cabe duda de que es por el modelo de calzado. Anoche me tuve que reventar una porque me tenía un poco harto. Creo que lo controlo al encintarme y ponerme doble media, pero me sigue pasando, y aunque la molestia descendió muchísimo, sigue doliendo.
Lo siguiente sería la ingle, típico dolor post fondo. Hoy quise correr el tren y sentía como si estuviese haciendo abdominales. Cuando entré en calor, esa molestia desapareció.
Subiendo llegamos a la base de la espalda, esa zona que solemos entrenar con las espinales. Lo atribuyo a que tengo que cambiar zapatillas y de plantillas. Estoy en eso.
Lo otro con lo que lidié un día después del entrenamiento de 50 km es un dolor importante en el hombro izquierdo. Me sorprende, siendo que a propósito corrí sin mochila. De todas las molestias es la más importante y además es inexplicable. Supongo que es por tensión. Corrí con dolor en el tobillo y el metatarso (no los incluí en este listado porque no me duelen nada ahora), y calculo que eso me estresó un poco. Me duele como si hubiese corrido con una pesada mochila. Necesito masajes.
¿Cómo me deja esto parado respecto a la Espartatlón? No me intimida ni me hace sentir que no estoy preparado. De hecho sé qué cosas tengo que ajustar, además de que he comprobado que requiere mucho más que un dolor para detener a un hombre determinado.

Semana 48: día 333: Un fondo de 50 km

Bueno, en el entrenamiento de ayer no hice nada para estar descansado para hoy… así que me levanté a las 5:30 de la mañana, desayuné, preparé la ropa, mi comida y salí. Afuera me esperaba el frío más áspero del año.

Decidí seguir experimentando los límites. No por el clima, sino por la comida y lo que iba a llevar encima. El último fondo largo que hice, de 70 km, fue en día domingo y estuve solo, así que cargué con mi mochila todo lo que iba a consumir. El circuito que me armé contempla varias canillas y fuentes, así que el tema del agua estaba algo cubierta… solo llegué una botella con agua, que después iba reponiendo. Después me hice dos botellitas de pinole, y como intento solo usar envases de vidrio, el peso en mi espalda iba en aumento. También llevé pasas de uva, galletas de arroz y fainá. Hoy quise hacer todo lo contrario.

En lugar de llevar mochila me puse unos pantalones cortos con bolsillos con cierre. En uno puse cuatro rodajas de pan integral con mix de semillas. En el otro un montón de pasas. También me puse el cinto hidratador, el cual contenía el celular, las llaves, algo de dinero y… dos caramañolas (¡de plástico!) con 250 cc de agua cada una.

El plan fue ir hasta los bebederos, con mi propia hidratación como backup si entre canilla y canilla no llegaba. Y con una remera térmica de manga larga, guantes y un buff en la cabeza y otro en el cuello, salí. El frío se sentía: 4,5 grados de sensación térmica, gracias al viento que hacía. Pero con lo que llevaba de abrigo, y habiendo entrado en calor, no lo sufrí en absoluto.

Salí a las 6:15 de la mañana, con el objetivo de estar a las 11 de regreso, ya que venía gente a buscar cosas que había vendido. Hice mi recorrido habitual de Figueroa Alcorta, Costanera de Vicente López, el bajo de Martínez, y por San Isidro, en una canilla ubicada estratégicamente, pegué la vuelta. Evidentemente el no llevar mochila me ayudó, porque hice bastante rápido. Recorrí esos primeros 25 km en 2 horas 8 minutos. Nunca pasé sed, y cada 10 km, en lugar de tomar mi clásico pinole, me comía una rebanada de pan. Cada tanto masticaba unas 5 pasas de uva.

Cuando salió el sol la temperatura subió… dos décimas. Tuve 4,7 grados de térmica y recién en el centro porteño empecé a sentir verdadero calor por el abrigo que llevaba. Me saqué los guantes un momento, pero en ciertas avenidas se formaban unos túneles de viento que en un instante me congelaban las manos, así que decidí abrigarme y aguantarme hasta llegar a casa.

La vuelta no fue tan rápida como la ida, además de que empecé a sentir molestias en el metatarso y el tobillo izquierdo. Definitivamente ese es mi pie malo. No llegaba a ser un dolor que me hiciera sentir en riesgo, pero creo que modificó un poco mi pisada, porque se me contracturó el hombro del mismo lado. Me resultó tan raro, siendo que no llevaba mochila… pero faltando uno o dos kilómetros me empezó a molestar, a la altura del homóplato… y bueno, como todo, aguanté hasta llegar.

Terminé en 4 horas con 34 minutos. Como dije, la segunda mitad más lenta que la primera, pero así y todo debe haber sido uno de mis fondos de 50 km más rápidos. Creo que mis molestias son señal de que tengo que cambiar mis plantillas y mi calzado… estoy en eso, pero hasta que me lleguen no puedo correr descalzo…

El próximo fin de semana correría 70 km, y quizá sea mi último fondo largo hasta la carrera, porque en tres semanas se viene el viaje… y con cada día que pasa, entrenar se vuelve más complicado. Igual todavía sigo disfrutando de estos enormes esfuerzos, y me siento muy confiado para Grecia…

Semana 48: Día 332: Adiós a un estilo de vida

 
Esto lo dije en varias oportunidades, y comprobé que tengo amigos a los que el tema les angustia más que a mí (bueno, a mí realmente no me preocupa): he dedicido que no me gustan más los cómics.

Esta decisión fue clave para vender toda mi colección. Y quizá no sea tan absoluta. Decidí quedarme con algunas cosas, más que nada regalos que tienen un gran valor sentimental (aunque confieso que me deshice de algunos presentes). Hacía rato que ya no leía cómics, y muchos los tenía haciendo espacio en la biblioteca sin siquiera haberlos abierto. Cuando iba a buscar una remera me salteaba las de Star Wars o de los Avengers. El desenemoramiento venía desde hacía tiempo.

Cuando llegó la necesidad de recaudar, empecé por vender algunos libros puntuales de la biblioteca. Después fueron todos (menos esos dos o tres que hice a un lado porque tienen dedicatorias, por ejemplo) y al final terminé trayéndome unas toneladas de mi vieja casa de Banfield, algunos con manchas de humedad que en otra época me hubiesen preocupado.

Con eso avancé mucho en la recaudación. No fue suficiente, llegó el momento de deshacerme de ropa para vender en ferias. Y ahí fueron esas remeras que hacía meses que dentro de las cajoneras no les llegaba la luz del sol.

Esto va más allá de una necesidad de recaudar. Tiene que ver con una búsqueda de identidad. De ahí viene también esa crisis vocacional que tengo. Ya no me divierte tanto trabajar maquetando y diseñando cómics. Lo sigo haciendo porque me aburre ser pobre.

Creo que uno busca su identidad en algún momento de su vida. Quizá lo haga hasta el fin de mis días. Creo que la búsqueda siempre es algo positivo y enriquecedor. Nunca me imaginé que correr iba a acaparar mis deseos. En ciertos círculos me conocen como “el que va a correr la Espartatlón”, y no como “el traductor del cómic de Los Simpsons en Argentina”. Hoy me define correr, superarme, y todas las cosas que aprendí en estos años entrenando se afianzaron más en mí que una década de terapia.

Algunos amigos se desesperan y creen que estoy loco. Otros me piden que les regale lo que queda de mi colección (prometí venderla o prenderla fuego a fin de año). Lo que sí es una locura es que esto que estoy haciendo va a ser una vez en la vida. Si quisiera volver a financiar una aventura como la Espartatlón con una colección de cómics debería empezar hoy a coleccionar nuevamente y esperar unas dos décadas para venderla en situaciones similares a la actual. Sospecho que no voy a pasar por lo mismo para vender todo a los 56 años. Esto es parte de un ciclo, algo que termina y es reemplazado por otra cosa.

Todavía sigo disfrutando, por ejemplo, de ver en el cine películas de superhéroes (Guardianes de la Galaxia es una obra maestra de las películas de aventuras), y supongo que voy a conservar mi pendrive del Hombre Araña. Los muñecos de He-Man… ufff… de eso sí me va a costar desprenderme. Pero quizá le llegue el momento, tarde o temprano.

“Coleccionar momentos, no objetos”… ese es el mantra de esta nueva etapa…

Semana 48: Día 331: Recaudación

A todos les cuento mi gran triunfo, que además es una alegoría de la vida: vendiendo mi colección de cómics voy a poder traer a mi equipo a Grecia. Y creo que les hago creer que ya está todo resuelto… pero no.

Originalmente el plan era traer a un equipo de producción para que hiciera un documental con todo el viaje. Yo quería que también venga Hernán, mi amigo, compañero de banco en la secundaria y traductor de griego. Solo hacia falta conseguir un sponsor. Fácil, ¿no? ¿Qué empresa no querría imponer su logo en esta aventura que lleva a un tipo sedentario a participar de la carrera más dura del mundo?
Por ahora no la hallé. A tres semanas de estar volando a Europa, no pude (o no supe cómo) tentar a una marca. No ayuda que la Espartatlón no permita llevar sponsors en la indumentaria. De ahí vino un pedido desesperado de ayuda a familiares y amigos, y ese maravilloso manotazo de ahogado que fue poner en venta mi colección de comics y figuras.
Esto me ayudó a pagar los pasajes hasta Roma del equipo que me va a asistir (y ayudado por un descuento que me hizo Aerolíneas cuando les lloré mi historia). Muchos me felicitaron cuando llegué a esa marca. Incluso me dijeron “¡Ya llegaste! No tenés que seguir recaudando…”. ¡Ojalá!
Logré poner al equipo en Europa. Me prestaron una tarjeta para llevarlos de ahí a Atenas y reservar un hospedaje razonable para los cuatro… Pero esa tarjeta tengo que pagarla… como también una cámara que tenemos que comprar para filmar el documental (es más barato que traer a la productora con su equipamiento). Después están los coches para trasladarnos esos días, ropa para la carrera. Tengo que cambiar urgente mis zapatillas… en fin, ¡queda mucho por recaudar todavía
Por eso, si está en tu corazón colaborar, querido lector, todavía es necesario, y aunque me deshice del 90% de mi colección, todavía sigo juntando peso a peso para tener la carrera con la que siempre soñé… aunque sea sin productora ni profesor de griego.

Semana 48: Día 330: 379,43 km en un mes

Durante el mes de julio corrí 379,43 km. Y nunca lo mencioné.

¿Por qué? El bendito viaje, que me tiene de acá para allá, recaudando fondos, adelantando trabajo, entrenando para mantener todo lo que logré en los últimos meses… suelo actualizar mi cuentakilómetros el primer día de cada mes… y ese 1º de agosto estuve en otra, y se hizo un hueco de posts no realizados… y bueno, cayó este.

Por suerte había anotado el número para hacer esta entrada en algún momento. Es un poco vergonzoso estar escribiéndola cuatro semanas después… pero solo un poco. Voy a sobrevivir.

Este fue el mes en el que hice el fondo de 120 km. Históricamente fue el segundo mes en el que más corrí en mi vida, pero lejos de los 481,46 km que hice en enero. ¿Cómo pudo ser que en el período de más calor haya logrado semejante distancia? Ni yo lo tengo en claro…

Algo que podría preocuparme (pero no lo hace) es que estoy lejos de los 200 km por semana que recomendaban para llegar bien a la Espartatlón. Creo que es medio mito, pero bueno, ya lo veremos. Por lo pronto estoy más que conforme con mi desempeño porque metí fondos largos y me recuperé muy rápidamente. Creo que mi cabeza está bastante adaptada a las largas distancias y a las sesiones de muchas horas, así que solo resta llegar a Grecia y sacarme de encima de una vez por todas la mayor ultramaratón de la historia…

Semana 47: Día 329: Cambiar un vicio por otro

Conozco mucha gente que tenía sus vicios y que los cambió por una vida sana. Y no fue que únicamente adquirieron hábitos saludables, sino que vivieron el entrenar con la misma pasión que aquello que los destruía.

“Yo me dedicaba a fumar”, escuché decir a mi amigo Juanca Bertram, quien hoy dejó el cigarrillo bien atrás y está intentando participar de todo el circuito de Salomon. Su historia resume la de muchos que nos dedicábamos a cosas destructivas y que ahora pusimos nuestra pulsión en correr. En mi caso yo vivía para comer, y durante varios años de mi vida lo único que realmente me apasionaba eran los cómics. Si no me hubiese vuelto vegetariano probablemente hubiese terminado rodando más que corriendo, pero haber abandonado McDonald’s fue un gran cambio en mi dieta.

Me faltaba la parte del deporte, algo que eventualmente llegó. Y mientras antes me preocupaba por estar al día leyendo cómics y haciendo crecer mi colección, de a poco iba cambiando mi cuerpo y mi cabeza con el running. Lo que me pasó ahora, de vender mis historietas y financiar con eso el viaje, es algo que jamás me hubiese imaginado. Pero el largo proceso de dejar de identificarme con los superhéroes y empezar a sentirme como un corredor me llevó a donde estoy ahora.

Probablemente haya algo más profundo y difícil de interpretar para mí, pero evidentemente tengo alguna energía que antes ponía en ser un coleccionista de libros y revistas y ahora ser un coleccionista de carreras y logros. He tenido tenido mis períodos de abstinencia, por supuesto, tanto en una actividad como en la otra. Ni siquiera podría decir que comer golosinas y leer cómics me hacía un daño visible, pero sí puedo afirmar que eso se llevaba muchísimo de mi atención, y que claramente llegó un punto en donde tuve que elegir una u otra.

Por suerte conozco a muchas personas que decidieron cambiar un vicio por otro, y ese reemplazo fue el deporte. Yo siempre la tuve mas fácil porque en lo mío no había un químico o substancia aferrándose a mi cerebro, sino que era simplemente yo aferrado a una colección interminable de revistas de Superman y compañía. Hoy pude soltarles la mano, como también dejé la mayonesa y los alfajores, y no lo viví como una obligación, sino como parte natural y fluida de un proceso mucho más sano.

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