Semana 43: Día 301: ¿De dónde obtengo mis proteínas?

Algo que parece preocuparle más a la gente que no me conoce que a mí mismo es de dónde obtengo mis proteínas, por la difundida creencia de que solo se obtiene de consumir animales. Pero estoy en mi punto de mayor masa muscular en toda mi vida, luego de casi dos años de veganismo (y casi una década y media de no comer carne). ¿Cómo logré esto?

Bueno, gracias a Dios que la proteína también se obtiene de los vegetales. Mi experimentación me llevó a corroborarlo. Hacer fondos eventualmente quema músculo, y con tres veces a la semana de gimnasio y un poco de ingenio, pude ganar masa muscular a un ritmo bastante bueno.

Mi amigo Fito, mi gurú en lo que se refiere a fitness, un día me bajó de un hondazo cuando hablábamos del cuerpo ideal al que aspirábamos tener y mencioné el de Brad Pitt. En aquel momento me dijo que como no consumía proteína animal, jamás iba a poder desarrollar esos abdominales. Le creí, después de todo él tenía una larga experiencia en gimnasio y en el desarrollo de su cuerpo. Esto fue antes de que yo empezar a correr como lo hago ahora. Fito me decía lo difícil que le resultaba a él, con todo el esfuerzo que hacía, para ganar un kilo de músculo al mes. ¿Qué posibilidades me quedaban a mí?

Aceleramos unos años más tarde, cuando empecé a ir a la nutricionista y me obligó a empezar a consumir lácteos. Eran, después de todo, una fuente de proteína de alto valor biológico. A duras penas empecé a incorporarlos. Después del gimnasio me hacía una colación que consistía en una chocolatada chiquita, un par de vainillas y un Gatorade con una cucharada de leche descremada en polvo. Hoy que no consumo lácteos y dejé de lado el azúcar, todo esto desapareció de mi dieta. Pero en ese momento alcanzó para que ganara algo de músculo y me ganara la sorpresa y el respeto de Fito.

El tema fue cuando mi nutricionista me confesó que un libro, The China Study, la estaba haciendo replantearse todo lo que ella sabía de nutrición. Me pasó esta investigación sobre la influencia de la proteína animal en el desarrollo de males como el cáncer, las cardiopatías y las enfermedades autoinmunes. Yo ya era vegetariano… ¿qué tan difícil podía ser vegano? De un momento a otro, tomé la decisión e hice el cambio. A mí ya no me gustaban demasiado los lácteos… era cuestión de dejar de forzarme a consumirlos. Pero… ¿qué pasaba con la colación post gimnasio, que me ayudaba a aumentar mi masa muscular?

Romina, mi nutricionista, tuvo un nuevo desafío (y esto fue antes de que le sumara mi deseo de dejar de consumir azúcar, jarabe de maíz de alta fructosa y harinas refinadas). Haciendo un poco de prueba y error llegamos a la colación ideal: un sándwich de pan con semillas y tofu (conocido como “queso de soja”). Y después de ir al gimnasio y comer esto, gané entre 800 gramos y un kilo de músculo, algo que una persona experimentada (y no vegana) consideraba como todo un logro.

Con el tiempo aprendí sobre otros alimentos, como el seitán, que también tenían proteína vegetal, o la combinación de dos alimentos, como los cereales y las legumbres, que dan la cadena de aminoácidos completa. Contrario a muchos mitos y a la desconfianza de mucha gente, seguí ganando músculo. Lo que verdaderamente hacía la diferencia en cuanto a mi físico era lo obvio: si entrenaba o no. Eso es lo único que realmente define el ritmo del progreso.

Mi gran fuente de proteína vegetal y causante de varios dolores de cabeza es la leche de soja. Siendo que desayuno y meriendo siempre avena con pasas de uva y unas rodajas de banana, obviamente necesito algo para que baje por mi garganta. Cuando quise dejar por completo el azúcar me compré leche de soja en el Barrio Chino y me encontré con un líquido de un sabor no muy agradable, que no duraba más de dos días en la heladera. La opción era el AdeS natural, que tiene la gran contra (que no he podido sortear) de que tiene azúcar. Puse en la balanza que la practicidad era más importante, y empecé a consumirlo en gran cantidad. El problema es que esta variante escasea en las góndolas. No sé por qué, si siempre se agota, las grandes cadenas no reponen constantemente. Llamé a la empresa para decirles lo difícil que era encontrar este gusto y no me ofrecieron ninguna respuesta. Cuando veía AdeS natural en un supermercado, me compraba todo lo que mi cuerpo era capaz de cargar (10 cartones).

Como había períodos de sequía, aprendí a hacer leche de almendras, mucho más caro y trabajoso, pero con la ventaja de que podía hacerlo de un día para el otro y de que me podía encargar de que no tuviese azúcar. Ahora, después de una época de bonanza en donde tenía tanto AdeS que tenía que guardarlo afuera de la heladera, de nuevo se me está acabando y sin reposición a la vista. Por eso me compré almendras, esencia de vainilla, y con los restos de mi minipimmer en breve me haré mi propia leche.

Y ya lo tienen. Entre todos los alimentos que consumo, más la soja y mis colaciones post gimnasio, obtengo toda la proteína que necesito. Mi cuerpo nunca estuvo mejor, y los defensores de la carne jamás estuvieron tan sorprendidos.

Publicado el 25 julio, 2014 en Alimentación, Espartatlón III semana 43, musculación, nutrición, proteína, salud, veganismo. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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