Semana 41: Día 284: Lo atropellan entrenando

A veces me cruzo con estas noticias que me ponen los pelos de punta.

Darío Piñeyro, umn atleta misionero de 38 años, entrenaba al costado de la ruta nacional 14, cerca de la ciudad de Oberá, cuando fue embestido por un adolescente que participaba con su motocicleta en una picada. Piñeyro sufrió una grave lesión en la rodilla izquierda y debió ser intervenido quirúrgicamente. Los médicos le colocaron dos tornillos y creen que más adelante  podrá volver a competir en las maratones. Pese a la grave lesión, el deportista declaró: “El médico piensa que voy a volver a correr, voy a salir adelante”.

Como atleta que entrena constantemente en la ciudad, el tema del tránsito es un riesgo al que me expongo constantemente. Las picadas son algo que nunca voy a poder entender, a menos que piense en la explicación de que se trata de seres humanos que buscan compensar insuficiencias sexuales a través de la velocidad y de vehículos que hacen mucho ruido al acelerar.

Correr al costado de la ruta también implica un riesgo mayor (sobre todo en la ruta nacional 14, donde se supone que es habitual que se corran picadas), pero por más que tengamos equipo con detalles refractantes o conservemos una distancia prudencial, siempre nos exponemos al peligro de un imprudente. Es el principio del cinturón de seguridad: no nos lo ponemos porque no confiamos en nuestra habilidad de manejo o de quien maneja el auto en el que vamos, sino por desconfianza en los otros conductores.
El incidente en cuestión ocurrió el viernes a la noche cuando Piñeyro volvía trotando de su trabajo. En el “Cruce Karabén” fue impactado por una moto conducida por Mauro, de 17 años, que circulaba a alta velocidad junto a otro motociclista que no detuvo su marcha pese a haber observado el accidente. Como consecuencia del impacto, Piñeyro sufrió un corte en la cabeza y una severa lesión en la rótula de la pierna izquierda, mientras que el conductor de la moto quedó tendido, inconsciente sobre el asfalto. A pesar de estar muy lastimado y sin pensar en la grave lesión que le va a impedir correr por mucho tiempo, la grandeza del corredor lo puso de pie y corrió a ayudar al adolescente, que quedó tendido sobre uno de los carriles de la ruta 14, con riesgo de ser arrollado por otro vehículo. El adolescente fue internado en terapia intensiva, con un severo traumatismo de cráneo.

Imagino que el tesón de Piñeyro lo va a llevar a rehabilitarse y volver a entrenar lo más pronto posible, pero ¿qué pasa con el adolescente que corría picadas? ¿Esta imprudencia (mal llamada “accidente”) le sirve de experiencia para darse cuenta de que no solo pone en riesgo su vida, sino la de los demás? ¿O queda en el olvido, como una anécdota? Porque la verdadera tragedia no es tanto los heridos ni los daños que pueda haber llegado a tener esa moto, sino que todo el dolor físico que van a sufrir ambos haya sido en vano…

Publicado el 8 julio, 2014 en Espartatlón III semana 41, http://schemas.google.com/blogger/2008/kind#post, imprudencia, picadas, running, tránsito. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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