Semana 40: Día 279: Terapia

Dicen que correr es la mejor terapia y la más económica. Igualmente, como a mí no me estaba alcanzando, volví a ver a mi psicóloga.

Mi relación con ella es de muchos años, cosa que algunos amigos me han dicho que no es bueno. Aparentemente eso perjudicaría la objetividad del profesional o generaría ciertos mecanismos que a la larga entorpecerían el análisis… o algo así. No sé. A lo largo de los años me han dicho que tenía que cambiar de psicóloga, de nutricionista, de entrenador… y realmente el que tiene la decisión soy yo. ¿Por qué dejar el asesoramiento de alguien que veo que me ayuda?

Empecé terapia por el año 2000, en una época en la que estaba bastante desorientado. En 2003 dejé porque mi pareja en aquel entonces, Mariana, me exigió que abandonara. Su “irrefutable” argumento era que no podía ser que le contara mis problemas a un extraño en lugar de a ella. Lejos de condenarla por este acto de egoísmo e inseguridad, creo que me espera un rincón especial en el Infierno por dejarme de lado y ceder ante esta clase de pedidos.

Lo primero que hice cuando corté con Mariana, dos años después, fue llamar a mi psicóloga (lo segundo fue llamar a esa chica de la que ella estaba terriblemente celosa e invitarla a tomar algo). Volví y continué con mi análisis hasta 2010, cuando este blog y todo lo que me esperaba me dieron la confianza para darme el alta. Estoy pasando por alto muchísimos cambios que se produjeron en esa década, entre los que podría destacar elegir una carrera y recibirme, empezar a trabajar, convertirme en un diseñador freelance y empezar a correr.

 En ese período sin terapia conocí a Vicky (en realidad la conocía, pero nos enamoramos y empezamos a salir). Las cosas iban bien al principio, pero después chocamos constantemente así que hicimos lo que cualquier pareja haría si se lleva mal: nos fuimos a vivir juntos. Al año de no soportarnos y ante mi insistencia, empezamos terapia de pareja. Como me terminé separando, evidentemente no nos ayudó. Estuvimos yendo más de un año. La terapeuta, una mujer que le ponía mucha onda para reconectar a nuestra pareja, nos recomendó hacer también análisis individual. Yo no tenía intención de hacerlo, pero accedí solo para presionar a Vicky de que también fuera por su lado. Cuando nuestra enemistad siguió creciendo hasta límites que ni siquiera me imaginaba, cortamos y me mandé a mudar. Fue el final de una etapa muy triste de mi vida que intento no recordar. Es curioso porque tengo toda esa época documentada en el blog, pero obviamente intenté dejar mi crisis de pareja, que era más pesada que todo mi entrenamiento, fuera de la vista pública.

Separarme significaba muchos cambios en mi vida, en especial porque estaba acostumbrado a todo eso que puede conseguirse combinando dos sueldos: cable, empleada, bidones de agua a domicilio, calefacción central, tres ambientes en Colegiales con seguridad las 24 horas, un perro, un gato y terapia individual y de pareja. Cosas de las que uno puede desprenderse y seguir vivo, pero grandes cambios al fin. Así que hace exactamente un año, ante la perspectiva de pagar un guardamuebles para todas mis cosas y todos los gastos que implicaría una inminente mudanza, decidí cortar terapia.

Doce meses después vivo en un monoambiente en el microcentro donde pago religiosamente el alquiler, sin atrasarme. No tengo cable, limpio yo, me compré un filtro para la canilla, no tengo calefacción, no hay seguridad ni tengo mascotas. Creo que incorporar terapia no era un gasto imposible. Y este momento es otro, donde nuevamente (como en el año 2000) siento que tengo que replantearme las cosas que hago y encontrar el rumbo. Hoy tuve mi primera sesión, y realmente salí peor que cuando entré. Un poco más focalizado, consciente de todas las presiones para ser perfecto a las que me someto, las trampas en las que me meto para entretener la cabeza y todos mis inmensos esfuerzos puestos en cosas que creo que me hacen feliz y que en realidad no me llenan.

Pero eso es la terapia para mí. Enfrentarme a todas esas cosas que elijo no pensar. La cabeza tiene sus mecanismos para escaparle al dolor. Sin ir más lejos, el fin de semana fue el cumpleaños de Vicky. Yo ni siquiera estaba enterado. De hecho hoy me cuentan anécdotas de ella en las que yo estaba presente y no las recuerdo. La tenía bloqueada mentalmente. Y el chiste entre mis amigos consistía en cantarle el feliz cumpleaños a Vicky en mi presencia. Ella que estaba totalmente ausente (en presencia y en mi mente). Tardé dos “Que los cumplas feliz” completos antes de darme cuenta que cantaban por ella. Y de algún modo todo ese chiste me destrozó. Esa noche soñé que volvía con ella, y no era una situación feliz. No nos mirábamos a los ojos, igual que en los últimos meses de agonía de nuestra pareja. Yo estaba más preocupado por lo que mis amigos iban a pensar cuando se enteraran. Estaba angustiado, y como en cualquier sueño, me preguntaba cómo había llegado a esa situación.

Probablemente el mecanismo de protección de mi cabeza hizo que la bloqueara post separación y me preocupara exclusivamente por “subsistir”. Buscar departamento, acomodarme a una nueva rutina, reconectarme con mis amigos que tenía olvidados… No me detuve a pensar en todo el daño que había sufrido. Y quedó enterrado hasta que salió a la luz. Hoy me di cuenta que no había hecho el cierre definitivo con ella. No le tengo rencor, es muy extraño que una persona con la que soñaba casarme termine convirtiéndose en un completo extraño. En el apuro por escaparme del departamento que compartíamos me llevé algunos libros, DVDs y accesorios de carreras que le pertenecían. Se lo quise devolver porque el destino ubicó mi departamento a tres cuadras de su trabajo, pero ella se negó a que apareciera por ahí. Y guardé todo eso en un cajón, sabiendo que tarde o temprano se lo iba a tener que llevar.

Ayer hice el trámite para renovar mi DNI, dato que parecería descolgado salvo por el detalle de que hice el cambio de domicilio. Ya no tengo que volver a Colegiales a votar, ni tengo que ver en mi documento mi vieja dirección. Eso pertenece a otra vida. También le escribí a Vicky para asegurarme de que un año después ella sigue viviendo en ese departamento. Me respondió escueta y fríamente, pero era la confirmación que necesitaba para saber que mañana puedo mandarle una moto con sus cosas y que la seguridad en recepción lo va a recibir. La bloqueé del whatsapp y del Facebook, y borré su teléfono de la agenda. ¿Por qué no lo había hecho antes? No tengo idea.

Para mí esto es también un proceso terapéutico. Nunca me quedó nada pendiente por decirle, solo me unía esa promesa de devolverle sus cosas en algún momento. Y surgió hacerlo hoy, después de estar 40 minutos contándole a mi psicóloga todas las cosas que me están pasando internamente. Creo que ya había pasado la última página con Vicky y me faltaba cerrar el libro.

Por supuesto que todos mis mambos actuales no son ese (ojalá lo fueran porque ya tendría todo resuelto). Germán, mi entrenador, me pide constantemente que me focalice, que ponga la cabeza en la Espartatlón. Y realmente lo intento, todo el tiempo. En general no me han faltado ganas de entrenar o de correr. Faltan 12 semanas para la carrera, eso me da como 10 sesiones de terapia antes de viajar a Europa. Podrá ser poco (o mucho), pero espero que me ayude a acomodar las ideas, porque esta ultramaratón no la voy a correr con las piernas, sino con la cabeza.

Publicado el 3 julio, 2014 en determinación, Espartatlón III semana 40, mente, motivación, terapia. Añade a favoritos el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. creo que el tema de la mente es el punto.siempre te leo y creo que fisicamente te vas a bancar la carrera, tambien lo que es estrategia de carrera,hidratacion,alimentacion,etc lo sabes manejar muy bien, la cuestion pasa por lo mental, ahi esta lo mas dificil, ojala que con la ayuda de tu analista puedas logr ar la fuerza mental que esa carrera te va exigir.Te deseo lo mejor, dale duro que falta poco.suerte viejo.

  2. Lo va a lograr, con o sin analista porque es un cabeza dura testarudo. Y sabe perfectamente como seguir cuando la cabeza lo baje de la carrera. Ya lo ha experimentado y vencido.

  3. Gracias por la confianza, muchachos.

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