Archivos Mensuales: julio 2014

Semana 44: Día 306: Lo bueno nunca es gratis

Me di cuenta que el tiempo se está acabando (toda una revelación) y que el viaje a Atenas está a la vuelta de la esquina. Si bien faltan 58 días para la largada de la Espartatlón, el viaje será dentro de 47, y hay algo que no pude resolver y es que venga un equipo de asistencia. Ya casi no queda tiempo para conseguir un sponsor, pero calculo que hasta que falten 45 días no voy a perder las esperanzas.

El tema, claro, es que la planificación de un viaje toma tiempo, y los pasajes hay que sacarlos pronto. Gracias a un contacto con Aerolíneas aprendí cómo se hace una carta preforma. La envié a nombre del Sr. Recalde y si bien no me podían ofrecer los pasajes gratis (los reservan para situaciones de enfermedad o casos graves), me ofrecieron un 40% de descuento. Sigue siendo mucho el dinero que hay que reunir, pero es una ayuda importante. Entonces, ¿cómo seguir?

Le di muchas vueltas y se me ocurrió algo que siempre me costó hacer: pedir. Ya había instalado una herramienta de donaciones en el blog, que funcionó muy bien el primer día, y después cayó en el olvido. Hice la siguiente cuenta: si tengo que reunir 26 mil pesos, ¿no tendré entre mi familia y amigos 26 personas que puedan disponer de mil pesos cada una, y convertirse así en donadores particulares? Yo soy bastante desprendido del dinero, así que me puse en esa situación y me imaginaba colaborando sin ningún reparo. Así que lo consulté con mi familia, qué pensaba de la idea, con algunos amigos, y me mandé. Publiqué en mi muro de Facebook, que lo tengo solo con amigos y familiares, escribí un llamado a la solidaridad honesto, sin intentar hacerme el gracioso o dar lástima… y funcionó mejor de lo que pensaba.

No tengo el monto exacto, pero muchos familiares y amigos se ofrecieron a colaborar. Algunos ya lo habían hecho hace meses, donándome dinero y hasta euros. Lo conmovedor es que se ofrecieron nuevamente a ayudar. Pasé mi CBU por privado, coordiné encuentros para que me den plata en mano… fue muy conmovedor.

No llegué a la cifra mínima para comprar los dos pasajes, pero me acerqué mucho. Incluso decidí poner una parte, porque después de todo es mi proyecto, y una amiga que administra mis fondos de retiro me dijo que podía sacar parte de mis reservas. Soy joven, voy a seguir trabajando y aportando durante años (además esto es un servicio privado, debería tener una jubilación por mi monotributo).

Esto que estoy haciendo es importante para mí, porque me convencí de que necesito tener un equipo de asistencia para poder hacerle frente a los 246 km de la Espartatlón. Me hace falta apoyo motivacional, alguien que se asegure de que estoy comiendo y tomando lo necesario, y todas esas cosas que el agotamiento puede llegar a hacerme perder de vista. Es una red de contención que considero imprescindible.

Sin embargo, sentí que podía hacer más. Me acordé de Kevin Smith, el afamado guionista y director de cine, que cuando quiso filmar Clerks, su primera película, optó por vender su colección de cómics y así poder financiarla. La movida le salió bien. Hoy su ópera prima es considerada una obra de culto, y pasó a realizar producciones más comerciales y convertirse, en el proceso, en guionista de historietas. En los últimos tiempos tuve una especie de crisis de identidad. Necesito un cambio profesional, o creo que lo necesito. Es algo que estoy trabajando en terapia. Pero realmente dejé de tener apego a mi colección de cómics. Quizá cambié mi pasión por el running, en donde aprendí el poco valor que tienen las cosas materiales. ¿Para qué acumular muñecos y dejar que en la biblioteca los libros junten polvo? ¿Qué es más importante para mí, las cosas que ocupan lugar o la concreción de un sueño?

Empecé tímidamente, publicando un par de libros en Mercadolibre, así como un pack de muñequitos de los Superamigos. Tuve mejor respuesta cuando publiqué esos links en mi muro de Facebook. Ahí me di cuenta que lo que tenía que hacer era usar la red social para vender mis cosas. Saqué fotos, armé un álbum y en medio día vendí un cuarto de la colección. A eso le sumé varias figuras, todo a precios irrisorios. Porque no me importa sacar un rédito económico ni siento que tanto plástico y papel tenga valor para mí. Me alegra ver que a otras personas sí. Yo me contento con saber que esto me va a terminar de formar el equipo que me va a acompañar a la meta. Eso también tiene un costo, pero tras una vida de acumular cosas, siento que todo converge en este viaje y este sueño.

Semana 44: Día 305: Gente Sexy

En el día de la fecha fui al programa Gente Sexy, en la Rock & Pop FM, para hablar de la Espartatlón. Fue una entrevista ágil, rápida, en donde tuve mucho para decir, y creo que me quedé corto. Me trataron muy bien, y hasta nos quedamos charlando fuera de aire porque se habían quedado re copados con la experiencia. Hasta les pasé mi receta del pinole.

Gracias a Fini, la productora, me pasaron el audio, que igual se puede escuchar en la web de la radio. Pero yo quería compartirlo en el blog, como parte de esta cuenta regresiva al viaje.

No pude cumplir mi objetivo de usarlo como plataforma para recaudar fondos, no era el lugar y los ponía en un compromiso. Pero igual creo que sirvió para difundir mi sueño y contarle a la gente qué es Semana 52: el sueño de una persona que dejó de ponerse límites.

Lo volví a escuchar y no quedó tan mal. No se nota que no sé modular, y será que el tema me apasiona que hasta me resultó interesante. Para el que se lo perdió, acá lo tiene a continuación:

http://clyp.it/hdapqg45/widget

Semana 44: Día 304: El sueño completo

Estos últimos meses escribí muchas veces mi historia. De cómo pasé de ser un “gordo come chizitos” (como le gusta decir a mi entrenador Germán) a ser un tipo que está a 60 días de correr los 240 km de la Espartatlón. Un sueño que está ahí nomás de realizarse.

Y la conté tantas veces porque armé una presentación con mi historia, la carrera, y por qué necesito un sponsor. Verán, estadísticamente quienes llegan a la meta en Atenas son quienes cuentan con un equipo de apoyo propio. Será por motivación o porque te ayudan a no salirte de la estrategia, pero los que van solos la tienen más difícil y los que van acompañados llegan. Tiene sentido.

Hace casi un año, Germán le dijo al grupo que el sueño de correr la Espartatlón no era más mío, sino que era de todos. Claro, ellos me acompañaron en los fondos más largos y difíciles, corriendo a mi lado o asistiéndome con agua, comida y aliento. Además, yo me hice ahí, entre ellos. No empecé siendo ultramaratonista: era el tipo que iba al fondo, que faltaba cuando llovía y que creía que la recompensa era un alfajor triple y no un cuerpo sano. Ellos me ayudaron y confiaron, yo cambié, y terminé ayudándolos a ellos al mostrarles que el compromiso y la constancia rinden sus frutos más rápido de lo que uno creería.

La Espartatlón es de todos y con ayuda de al menos dos de ellos tendría a mi equipo de asistentes y el sueño estaría completo. Pero es algo que sale caro, así que armé la presentación para conseguir sponsors o pasajes (no para mí, eso ya está pagado y estoy feliz de que salga de mi bolsillo). En la primera versión hablaba de mí en tercera persona, y los chicos me la bocharon. Decían que le faltaba emoción, que tenía que contar las veces que había intentado cumplir los requisitos de la Espartatlón y fallé. Lo importante que era para mí todo este proyecto. Cómo pasé de odiar correr de chico a vivirlo con tanta pasión. Los cambios que logré en los últimos años. Les hice caso y surgió una nueva versión que te podía hacer llorar.

Pero tiempo después obtuve consejo de vendedores, gente más cerca de los gerentes, que me dijeron que era demasiado largo. Que no tenían ni 5 minutos para dedicarme y que me iba a perder la poca atención que me podían dar. Una página, sintética, y si los enganchaba ahí les trataba de sacar una lágrima. Así que nació la segunda versión, más técnica y fría, pero con un bello mapa del recorrido y sus 75 puestos de control.

Resultó que esa no sería la versión final. Otra persona experta en ventas me dijo que la primera página estaba fantástica, pero le faltaba una segunda en la que contara qué ofrecía yo a las empresas y cuáles eran mis objetivos. Lo de la experiencia personal estaba bien, pero como complemento. De hecho, se convirtió en un anexo de “historia de vida” llamado “El corredor que odiaba correr”.

Con estos híbridos más una carta preforma, llegué a Aerolíneas Argentinas, rogándoles por dos pasajes de avión como mínimo (aunque el número mágico es 4). Me respondieron un mes después con una oferta muy buena, descontándome un 40% el precio de los pasajes como forma de apoyo. No tenían por qué hacerlo ni pedían nada a cambio, pero no es suficiente. Eso sigue siendo muchísima plata. Así que sigo buscando.

Me parece que 15 días es un plazo razonable para decir “muchachos, hasta acá lo intentamos”. Me estoy jugando las últimas armas, tocando los últimos contactos. A través de mi amigo Seba De Caro llegué a la Rock n’ Pop (FM 95.9), y mañana, en Gente Sexy, a eso de las 10:45 de la mañana, voy a estar en la sección “Gente que hace” hablando de la Espartaltón, cómo correr se convirtió en mi vida, y en mi necesidad de conseguir un sponsor para que el sueño esté completo. Quizá sea mi última arma. No dejo de soñar. Tengo fe de que algo puede surgir a último momento.

La carrera… la correré como sea. Pero una ayudita del destino no me vendría nada mal.

Semana 44: Día 303: Soluciones alternantivas a problemas cotidianos

Todo problema tiene una solución. Pareciera que esta frase hecha es un poco facilista, pero yo creo que es así. A todo hay que buscarle la vuelta, no quedarse con la primera opción. Cuando trabajaba en un estudio de diseño y nos pedían hacer la creatividad de alguna campaña, la norma era tirar 15 ideas para empezar a llegar a algo original.

Por supuesto que no todo problema tiene 15 soluciones, pero durante mucho tiempo fui de los que aceptaban su destino sin cuestionarlo demasiado. No tenía fuerzas para torcerlo. Hoy quienes me conocen piensan que tengo una fuerza de voluntad terrible, y aunque siento que la fórmula para llegar a ser el dueño de tu propio destino es muy sencilla, me costó muchísimo llegar ahí. Con esto quiero decir que no hay nadie tocado por la varita mágica, ni tampoco yo llegué a un punto inalcanzable para la mayoría de los mortales. Yo odiaba correr y hace diez días hice un fondo de 120 km. Lo que pasó en el medio fue mi búsqueda de alternativas y la paciencia que entrené. Por eso sé que ese camino que recorrí es accesible para casi todos.

A veces los problemas más complejos tienen soluciones sencillas. A veces los problemas sencillos tienen soluciones complejas. Decidí volverme vegano y con eso agregarle una pequeña complicación a mi vida. Me gusta desayunar con cereales, pero un día decidí no consumir más azúcar y ahí estaba yo, buscando cómo reemplazar mis desayunos y meriendas. En otra época de mi vida hubiese pensado que esto en lo que me embarcaba era muy difícil, bordeando lo imposible, y hubiese abandonado al instante. Pero por suerte me volví cabeza dura.

Pasar a cereales integrales fue más sencillo de lo que me imaginaba. Es increíble la cantidad de azúcar que tiene absolutamente todo lo que consumimos. Si leemos las etiquetas, que lista los ingredientes de mayor concentración a menor, vamos a ver que muchísimas marcas tienen más azúcar que cereal. Por favor, deténganse en esa frase. Los 400 gramos de copos de avena tienen más azúcar que cereal. Contabilizando algún que otro elemento externo (sal, conservante, colorante, etc) hablamos de que tranquilamente la mitad debería ser azúcar para que quede en primer lugar. Mi solución para escaparle a todo esto fue pasar a la avena instantánea. Lo fácil es que se consigue en casi cualquier supermercado.

Lo complicado, y esto sí no me lo esperaba, fue el reemplazo de la leche. Al principio opté por el AdeS natural, que es de soja, con dos grandes salvedades: tiene azúcar (al menos está en tercer lugar) y es muy difícil de conseguir. A pesar de que llamé a Unilever para decirles que en casi ninguna góndola está este sabor, no supieron darme una respuesta y ni siquiera tenían la opción de venta directa. La alternativa que me ofrecían era comprar al por mayor en alguna tienda de distribución. Mi problema es que, siendo peatón, no puedo ir hasta una de estas mega tiendas (que no están a la vuelta de la esquina) y acarrear conmigo 12 cartones de AdeS. Por eso, cada vez que veía este producto en el supermercado, cargaba todo lo que me era humanamente posible llevar.

La primera alternativa a este problema fue tomar las otras variantes de leche de soja, que son saborizadas, un poco más fluidas (las pondría cerca de los jugos), con un poco menos de proteína y más azúcar. No me dejaba del todo conforme, pero al menos seguía desayunando. Alguna vez conseguí que un alma caritativa me comprar el pack de 12 y me las fuera trayendo de a poquito, pero tampoco es una solución. Un poco cansado de angustiarme porque se me estaba por acabar el AdeS, pasé a la solución compleja para un problema que no lo es tanto: hacerme mi propia leche.

En sí es un proceso simple que requiere tiempo. Dejar 75gr de almendras en remojo unas 6 horas, escurrirlas, procesarlas en agua filtrada y colar con una tela para pasar el líquido blancuzco a un recipiente (unas 4 veces). Esto me dio un litro de leche de almendras, que complementé con unas gotas de esencia de vainilla. El gusto, por supuesto, es completamente diferente al AdeS natural, principalmente porque no tiene azúcar, pero además no cuenta con conservantes, lo cual para mí es otra ventaja. No tenía suficientes pasas de uva como para triturarlas y endulzarla con eso, así que le puse un poquito de stevia.

Así es que dejé de depender de los caprichos de un distribuidor o de una cadena de supermercados y logré mi independencia. Es un proceso complejo, la leche resultante me termina saliendo un poco más cara que el AdeS, pero al menos no dependo de nadie, y me llevo ese pequeño orgullo de hacer mi propio alimento.

Semana 44: Día 302: El jetlag de los ultramaratonistas

Recuerdo haber leído en “De qué hablo cuando hablamos de correr” que Murakami hacía una defensa de irse a dormir temprano. Él dice que junto a su esposa habían decidido aprovechar el día y dejar la noche para descansar, pero me imagino que esto fue algo que lo impuso él mismo. Así fue que empezaron a declinar todas las invitaciones para cenar y las salidas tarde, y sus conocidos no tuvieron más opción que adaptarse.

Yo nunca pude ganarle la batalla al sueño. Cabeceo y me desconecto. Podría estar atado a una camilla mientras un rayo láser va subiendo para cortarme en dos (luego de que el villano me explicó su plan, acariciando a su gato, y se fue a la sala de control a presionar el botón que dispara las bombas atómicas), y si estoy cansado igual me quedaría dormido. En una profesión como es el diseño gráfico, muchas veces los minutos cuentan y tengo que hacer espantosas horas extra para llegar a la fecha de entrega. Pero descubrí que no me sirve intentar quedarme despierto, así que directamente prefiero estar en la cama a la medianoche y madrugar.

Cuando empecé a hacer distancias de ultramaratón tuve que luchar contra el sueño varias veces, pero si estoy haciendo actividad física, casi que ni lo noto. En el fondo de 120 km que hice el fin de semana pasado arranqué a las 23:30 y terminé a las 14:30, y no fue hasta que me llevaron en auto a mi casa que comencé a cabecear. En varios fondos, para aprovechar el resto del día o acoplarme al entrenamiento que hacen los Puma Runners, salí muy temprano, a veces despertándome a las 3 de la mañana para desayunar y salir. Está buenísimo poder hacer una distancia de ultra y terminar a tiempo para almorzar… pero a veces me termina descompaginando el resto de la semana.

Siendo que tengo poca tolerancia al sueño (algo que para mí es muy bueno porque me obliga a descansar lo que mi cuerpo pide), madrugar hace que me duerma más temprano. Por ejemplo, ayer me desperté a la madrugada y salí a correr 22 km antes de acoplarme con mis compañeros de grupo. Fue un día largo, de una semana agitada, y a la anoche me quedé dormido como a las 8. Me desperté a las 3 de la mañana y cené. Es una especie de jetlag de ultramaratonista.

Después de mi fondo de 120 km prometí dormir 12 horas. Casi lo cumplo, ya que me desconecté a las 19:00 y a las 6:30 del día siguiente abrí los ojos, sin estar del todo seguro de qué día era ni qué hora. No soy de los que se pueden quedar dando vueltas en la cama, así que cuando me pasan estas cosas me levanto e intento comenzar, con la esperanza de ir acomodándome al resto de los habitantes de mi huso horario.

Algunas cosas que me desacomoda estar corriendo tanto a horarios dispares es que después termino actualizando el blog a cualquier hora (como la entrada del sábado a las 5 de la mañana del domingo). Pero no me quejo. Creo que es normal ir a contramano del mundo (o por lo menos es habitual en mí). Calculo que cuando uno está encasillado en en el rol del loquito que corre y come sano, estas cosas no le sorprenden a nadie. O por lo menos, muchos logran aceptarlo, más allá de que no lo entiendan. Es por eso que me estoy perdiendo cumpleaños, interesantes chats nocturnos en los grupos de whatsapp, salida… ¿y qué gano a cambio? Correr y seguir acercándome a mi sueño de correr la Espartatlón.

Todavía no tengo del todo decidido cómo va a seguir mi vida (y mi rutina) después de septiembre. Quizá siga corriendo ultramaratones, y este jetlag se vuelva algo habitual. O por ahí me sienta realizado y me dedique a otra cosa, poniéndome más en línea con el resto del mundo.

Semana 43: Día 301: ¿De dónde obtengo mis proteínas?

Algo que parece preocuparle más a la gente que no me conoce que a mí mismo es de dónde obtengo mis proteínas, por la difundida creencia de que solo se obtiene de consumir animales. Pero estoy en mi punto de mayor masa muscular en toda mi vida, luego de casi dos años de veganismo (y casi una década y media de no comer carne). ¿Cómo logré esto?

Bueno, gracias a Dios que la proteína también se obtiene de los vegetales. Mi experimentación me llevó a corroborarlo. Hacer fondos eventualmente quema músculo, y con tres veces a la semana de gimnasio y un poco de ingenio, pude ganar masa muscular a un ritmo bastante bueno.

Mi amigo Fito, mi gurú en lo que se refiere a fitness, un día me bajó de un hondazo cuando hablábamos del cuerpo ideal al que aspirábamos tener y mencioné el de Brad Pitt. En aquel momento me dijo que como no consumía proteína animal, jamás iba a poder desarrollar esos abdominales. Le creí, después de todo él tenía una larga experiencia en gimnasio y en el desarrollo de su cuerpo. Esto fue antes de que yo empezar a correr como lo hago ahora. Fito me decía lo difícil que le resultaba a él, con todo el esfuerzo que hacía, para ganar un kilo de músculo al mes. ¿Qué posibilidades me quedaban a mí?

Aceleramos unos años más tarde, cuando empecé a ir a la nutricionista y me obligó a empezar a consumir lácteos. Eran, después de todo, una fuente de proteína de alto valor biológico. A duras penas empecé a incorporarlos. Después del gimnasio me hacía una colación que consistía en una chocolatada chiquita, un par de vainillas y un Gatorade con una cucharada de leche descremada en polvo. Hoy que no consumo lácteos y dejé de lado el azúcar, todo esto desapareció de mi dieta. Pero en ese momento alcanzó para que ganara algo de músculo y me ganara la sorpresa y el respeto de Fito.

El tema fue cuando mi nutricionista me confesó que un libro, The China Study, la estaba haciendo replantearse todo lo que ella sabía de nutrición. Me pasó esta investigación sobre la influencia de la proteína animal en el desarrollo de males como el cáncer, las cardiopatías y las enfermedades autoinmunes. Yo ya era vegetariano… ¿qué tan difícil podía ser vegano? De un momento a otro, tomé la decisión e hice el cambio. A mí ya no me gustaban demasiado los lácteos… era cuestión de dejar de forzarme a consumirlos. Pero… ¿qué pasaba con la colación post gimnasio, que me ayudaba a aumentar mi masa muscular?

Romina, mi nutricionista, tuvo un nuevo desafío (y esto fue antes de que le sumara mi deseo de dejar de consumir azúcar, jarabe de maíz de alta fructosa y harinas refinadas). Haciendo un poco de prueba y error llegamos a la colación ideal: un sándwich de pan con semillas y tofu (conocido como “queso de soja”). Y después de ir al gimnasio y comer esto, gané entre 800 gramos y un kilo de músculo, algo que una persona experimentada (y no vegana) consideraba como todo un logro.

Con el tiempo aprendí sobre otros alimentos, como el seitán, que también tenían proteína vegetal, o la combinación de dos alimentos, como los cereales y las legumbres, que dan la cadena de aminoácidos completa. Contrario a muchos mitos y a la desconfianza de mucha gente, seguí ganando músculo. Lo que verdaderamente hacía la diferencia en cuanto a mi físico era lo obvio: si entrenaba o no. Eso es lo único que realmente define el ritmo del progreso.

Mi gran fuente de proteína vegetal y causante de varios dolores de cabeza es la leche de soja. Siendo que desayuno y meriendo siempre avena con pasas de uva y unas rodajas de banana, obviamente necesito algo para que baje por mi garganta. Cuando quise dejar por completo el azúcar me compré leche de soja en el Barrio Chino y me encontré con un líquido de un sabor no muy agradable, que no duraba más de dos días en la heladera. La opción era el AdeS natural, que tiene la gran contra (que no he podido sortear) de que tiene azúcar. Puse en la balanza que la practicidad era más importante, y empecé a consumirlo en gran cantidad. El problema es que esta variante escasea en las góndolas. No sé por qué, si siempre se agota, las grandes cadenas no reponen constantemente. Llamé a la empresa para decirles lo difícil que era encontrar este gusto y no me ofrecieron ninguna respuesta. Cuando veía AdeS natural en un supermercado, me compraba todo lo que mi cuerpo era capaz de cargar (10 cartones).

Como había períodos de sequía, aprendí a hacer leche de almendras, mucho más caro y trabajoso, pero con la ventaja de que podía hacerlo de un día para el otro y de que me podía encargar de que no tuviese azúcar. Ahora, después de una época de bonanza en donde tenía tanto AdeS que tenía que guardarlo afuera de la heladera, de nuevo se me está acabando y sin reposición a la vista. Por eso me compré almendras, esencia de vainilla, y con los restos de mi minipimmer en breve me haré mi propia leche.

Y ya lo tienen. Entre todos los alimentos que consumo, más la soja y mis colaciones post gimnasio, obtengo toda la proteína que necesito. Mi cuerpo nunca estuvo mejor, y los defensores de la carne jamás estuvieron tan sorprendidos.

Semana 43: Día 300!!!

Wow. 300. Qué número. No es la primera vez que llego al día trescientos de este proyecto. De hecho, es la cuarta. Pero me hace dar cuenta de cómo pasa el tiempo y de qué lejos estoy llegando.

300 es además el número con el que se conoció la novela gráfica realizada por Frank Miller, basada en la leyenda de la batalla de las Termópilas, en las que un puñado de guerreros espartanos, comandados por el rey Leónidas, le dio batalla a cientos de miles de persas (hay versiones que habla de millones). Se adaptó con un considerable éxito al cine, y estos fornidos actores nos hicieron ver realmente fuera de estado a todos los varones. Pero también impuso la figura del espartano como alguien que no solo se protege a sí mismo con su escudo, sino a su compañero de al lado. También representan la agudeza física, por su estricto entrenamiento, y mental, por sus brillantes estrategias. También eran un poco fachos, pero le hacemos la vista gorda a ese detalle.

Desde hace un tiempo Germán De Gregori, mi entrenador, comenzó junto a Romina, su socia, el proyecto de 300 runners. La idea era generar un espacio que fomentara un nuevo estilo de vida. Algo así como masificar lo que nosotros ya veníamos haciendo y difundiendo, que es entrenar con pasión y responsabilidad, así como comer sano y dejar de lado los vicios y todo lo que nos impacta negativamente en la vida. Vi de reojo cómo todo eso iba creciendo hasta que, para mi sorpresa, un día Germán me propuso que me sumara a 300 runners. Por supuesto que acepté orgulloso, porque significaba hacer algo parecido a lo que ya estoy haciendo en Semana 52, pero en una plataforma mundial.

Hoy estamos a días de lanzar la web, a cargo casi exclusivamente de Nico (compañero de aventuras), pero el Facebook de 300 ya arde en llamas. Es divertido ver cómo la gente de todo el mundo se engancha en las consignas y los sorteos. A propósito buscamos una identidad que sea para todo Latinoamérica. Que el equipo contenga a tres argentinos y un uruguayo no quiere decir que todo muere en el Río de la Plata. La idea es que 300 runners sea la vidriera del running y este nuevo estilo de vida a nivel de todo el mundo hispanoparlante. Con algo de suerte vamos a terminar de pulir el funcionamiento de la web y lanzarla en agosto.

Este es un proyecto que me entusiasma muchísimo. Varias veces hablé de la posibilidad de hacer algo relacionado con el running que no sea necesariamente correr. Mi fantasía es que, una vez que corra la Espartatlón y cruce la meta, toda mi atención se vuelque a 300. Para mí sería un upgrade.

Así que los invito a hacerse fans de este proyecto en Facebook, mientras terminamos de ultimar detalles. Este puede ser el inicio de algo trascendente, no solo para mí, sino para todo el mundo.

Semana 43: Día 299: Esperando el milagro

Faltan dos meses y monedas para la Espartatlón. Logré mucho en estos últimos meses, desde mejorar mi aptitud física y mental hasta conseguir inscribirme, con muchos percances inesperados en el medio, como fueron fallas en la inscripción, el dinero que no llegaba, etc… Está todo listo, pasajes comprados, hospedaje reservado… solo me falta poder llevar a mi equipo de asistencia para que me acompañe. Es el último obstáculo a sortear.

Armé presentaciones, escribí cartas preforma, pedí ayuda a todos los contactos que tengo. Hay un representante llevando un pdf impreso a distintas empresas que quieran auspiciar el viaje a Grecia. Tengo también el botón de recaudación para que la gente done. No logré juntar mucho porque tampoco estoy todos los días recordando que me den su dinero, pero al menos logré pagar un par de cuotas de mi propio pasaje. Igual lo que estoy queriendo conseguir no es para mí. Ya todos mis gastos van a correr por mi cuenta. Ahora necesito a Germán y a Nicolás, como mínimo, para que estén ahí, en los puestos de control, asistiéndome y cuidándome.

El tiempo es poco, pero tengo esperanzas de que ocurra el milagro y los pueda traer de algún modo. Aunque sea que viajen en el avión parados. Es probable que el martes me entrevisten en la FM Rock and Pop, en Gente Sexy, para contar del proyecto y difundir mi búsqueda de sponsor. Si lo logre o no, dependerá de una empresa que vea este sueño como algo explotable a nivel marketing. Es lo último que necesito para asegurarme llegar a la meta. No pierdo las esperanzas…

Semana 43: Día 298: Correr con amigos

Es inevitable que el círculo de amigos se forme alrededor de la rutina de uno. Tengo mi grupo autodenominado “Los Galanes” con quienes nos vemos muy de vez en cuando, menos de lo que nos gustaría a todos, pero en cada reunión es como si el tiempo no hubiese pasado nunca. Pero verte constantemente con otros seres humanos también forma vínculos. Es así que uno se encariña con ese pobre desgraciado que tiene la mala suerte de trabajar en la misma empresa.

Al ser autónomo y un poco ermitaño, frecuento poco a otras personas, y el skype, whatsapp, mail y Facebook no reemplaza el contacto directo. Por eso mi vínculo de amigos más fuerte en la actualidad está en mi grupo de running. No solo porque los veo más seguido, sino porque compartimos una misma pasión, que es correr.

No hace falta que nos lo tomemos con la misma seriedad. Si hago 300 abdominales y el otro 50, igual vamos a poder compartir un viaje y reírnos de las mismas cosas. Con quienes mejor me llevo también me une una sana competitividad. En las progresiones intentamos pasarnos, y yo a veces hago maldades como ponerle el cuerpo para no dejarlo pasar cuando sé que no puedo seguir acelerando. Eso es algo que solo haría con alguien a quien aprecio mucho (y que sé que no me va a responder moliéndome a palos).

Para mí fue todo un proceso. En un principio se trataba de un grupo de extraños, y de a poco fui abriéndome y permitiéndome conocer al resto. Antes hacía todas las carreras buscando superar mi marca personal, y hoy dejo esos esfuerzos para cuando valen la pena. Prefiero sumar anécdotas con amigos y hacer equipo.

En cierta medida creo que haberme puesto como objetivo la Espartatlón me ayudó a relajarme y a darme cuenta de que quiero compartir las carreras y los entrenamientos con mis amigos. Allá voy a estar solo, seguramente con un equipo de apoyo en los puestos y con la camaradería de cualquier ultra, pero si hoy termino la Adventure Race de Pinamar en 3 horas, no me cambia en nada. Sí me enriquecería estar acompañando a alguien que la corra por primera vez, aportando mi propia experiencia y dando aliento. Lo que me gustó que hicieran por mí alguna vez.

Compartir un trote con un amigo es una experiencia muy profunda. No deja de ser algo saludable para el cuerpo, pero más para el espíritu. Como todo, uno no lo nota al principio, pero los beneficios están ahí y son para toda la vida.

Semana 43: Día 297: Sigo en pie

Después de haber corrido 120 kilómetros, reconozco que me resultaba muy trabajoso caminar. Hacerlo lo hacía, pero no sin mucho esfuerzo y resistiendo el dolor. Me fui a dormir con un fuerte dolor de piernas… y me desperté once horas y media después casi como nuevo.

Nunca voy a dejar de sorprenderme cómo se adapta nuestro cuerpo. Antes me tomaba cuatro días dejar de sentir dolor en los cuádricep después de completar una maratón, ahora solo necesito una noche de buen sueño para reponerme de casi tres maratones consecutivas.

Hay molestias que siguen. El metatarso izquierdo, que no me complicó mientras corría, hoy pica un poco. El tobillo derecho también se queja. Pero es casi lo único. Hay un poco de contractura en la espalda, que por suerte ya se está yendo. Me pregunto qué procesos están ocurriendo en mi interior que no percibo ni veo. ¿Estará mi hígado recuperado? ¿Habrá vuelto la sangre a sus valores normales? ¿Seguiré en estado de alerta, con niveles elevados de endorfinas y adrenalina?

Hoy estoy yendo a entrenar. No creo que participe demasiado. Quizá con trabajo en el suelo, algo de abdominales, después de una entrada en calor tranquila.

También estoy para volver al gimnasio, si logro además acomodar la agenda. Pero me siento bien, cerca de recuperarme del todo, y eso renueva mi confianza en que puedo terminar la Espartatlón. Es cuestión de no aflojar y seguir avanzando.

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