Semana 39: Día 269: "Si estás vacío, llenate"

Diego Armando Maradona debe ser la persona más conocida de la Argentina en todo el mundo. Entre las tantas frases que alguna vez dijo, está la de “Si estás vacío, llenate”. Suena arrogante y simplista. De hecho, nunca le di demasiada importancia. Pero diversas cosas me hicieron reflexionar, y terminé llegando hasta esa misma frase. Yo no soy el Diego, pero quizá lo subestimé y ahora me doy cuenta que dio en la tecla.

Hace poco veía una entrevista que Conan O’Brien le hacía al humorista Louis CK, un verdadero genio si los hay. Él criticaba a los celulares, y cómo los usábamos de excusa para no mirar a los ojos a otras personas y no sentir empatía. Hay que desarrollar la habilidad de ser uno mismo sin estar haciendo nada. En la anécdota que contaba, él estaba conduciendo y en la radio sonó “Jungleland”, un melancólico tema de Bruce Springteen. Empezó a sentir tristeza, y generalmente la combatía mandando mensajes por celular (intentando, seguramente, ser gracioso). Pero decidió resistir esa tentación y dejar que lo inundara esa melancolía. Estacionó a un costado y se largó a llorar. Y después se sintió bien, porque no hay nada mejor que enfrentarse a la tristeza para empezar a valorar las cosas buenas de la vida.

“La gente prefiere arriesgar a tomar una vida y arruinar la suya propia porque no quieren estar solos por un segundo”, decía él, buscándole a una explicación de por qué el 100% de las personas envía mensajes de texto mientras maneja. Como las personas no quieren enfrentarse a esa tristeza, la hacen a un lado con algo.

Creo que ese miedo al sentimiento de vacío es, para muchas personas, un motor para hacer cosas. Probablemente no sea el mejor motivador y terminemos tomando pésimas decisiones. Miro hacia atrás en mi vida (no tan lejos, me basta con mirar la semana pasada) y veo muchas situaciones en las que intento llenar un vacío con cualquier cosa: comidas, películas, juegos, relaciones. Y en realidad no lo estaba llenando, sino que me distraía por un instante.

Esos pequeños placeres efímeros nos sirven solo de distracción. Antes de empezar a correr en serio me la pasaba comiendo pan con Mayoliva. También snacks como las Rueditas, alfajores Águila, helado, Pringles… cualquier cosa por un momento de placer en el paladar. Probablemente una de cada tres veces terminara con dolor de panza y un espantoso sentimiento de culpa. Lo mismo hice, en otra escala, con las mujeres. ¿Cuántas veces me enamoré en mi vida? ¿Cuántas veces creí encontrar a la mujer de mi vida? Necesitaría usar los dedos de los pies para poder contar todas esas veces en que sentí que finalmente había encontrado a la persona que había hecho que todas las relaciones previas hubiesen tenido sentido. “Claro”, pensaba, “me estaba preparando para esto“. Mi psicóloga (a la que le debo un llamado), decía que yo estaba enamorado del amor, y no de alguna mujer en particular. En el fondo todas ellas eran intercambiables, el problema era siempre el mismo: yo.

¿Cómo se escapa uno de sus propias trampas? ¿Cómo se llena ese vacío, que Maradona pone como si fuese algo tan fácil? Probablemente utilizando el recurso de Louis CK: enfrentándose al dolor, al miedo, a la soledad. Corriendo aprendí que es cierto que lo que no te mata te hace más fuerte. Enfrentar a los miedos es quitarles poder, así que de tanto en tanto me recuerdo que comerme un paquete de galletitas Cachafaz va a llenarme la panza, pero nada más. Que no estar en pareja puede ser el momento ideal de alcanzar metas personales, y que cubrir un vacío con un ser humano, a la larga, termina lastimándome a mí y a la otra persona.

Hace unos días planteaba una sensación que me inunda últimamente de insatisfacción. Lo relacionaba con el trabajo y con mi departamento, entre otras cosas. Sobre los compromisos laborales, mucho no pude hacer, más que armarme itinerarios e intentar respetarlos. Funcionó bastante bien. Respecto a mi monoambiente, hice la cama, ordené la ropa, barrí, pasé un trapo en los pegotes del piso, lavé la cocina y hasta le pasé un trapo húmedo a las ventanas. Cosas que normalmente haría si recibiera visitas. Por primera vez lo hice para sentirme a gusto con mi espacio, y también funcionó bastante bien (al día de hoy sigue impecable, y no lo ha pisado otro ser humano más que quien escribe).

Podría decir que tengo una parte física bastante resuelta. En una época a todo este mejunje le tenía que sumar una decepción con mi propio cuerpo. Hoy estoy corriendo distancias que hace cuatro años ni siquiera me podía imaginar, descubriendo nuevos ejercicios y aprendiendo, todo el tiempo. En estos últimos tiempos el entrenamiento es lo que me mantuvo a flote anímicamente y me hizo descubrir que era capaz de hacer muchísimas cosas que me planteaba. Correr, y hacerlo en soledad, también se convirtió en un momento de reflexión, de pensar cómo me encuentra la vida y en dónde estoy parado (por más que esté corriendo).

Si estás vacío, llenate. Nadie explica cómo hacerlo, pero al menos creo haber descubierto que es enfrentándose a tu propio vacío en lugar de buscar distracciones.

Publicado el 23 junio, 2014 en determinación, Espartatlón III semana 39, motivación, running. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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