Semana 37: Día 259: Crisis

Esta historia la conté varias veces, pero todavía la estoy escribiendo, y ahora se viene un capítulo grosso. En julio de 2010 alcancé un punto de quiebre, y decidí que mi vida diera un vuelco. Estaba cansado de estar disconforme con mi cuerpo, y sospechaba que entrenar con compromiso, diariamente, siendo estricto con las comidas, iba a provocar un cambio profundo en mí. Se me ocurrió hacerlo durante un año, porque era una meta lejana pero a la vez alcanzable. El punto de partida fue el 1º de agosto, y desde entonces no he parado. He seguido progresando, exigiéndome cada vez más, y estoy a punto de participar en la carrera más importante de mi vida.

Pero de nuevo me siento en un punto de quiebre. Al igual que hace cuatro años, casi exactamente si no fuera por un mes de diferencia, siento que mi vida necesita dar un vuelco. La diferencia es que ahora no sé cómo. Faltan 103 días para la Spartathlon, y ya sé que llegue o no llegue va a ser una de las experiencias más trascendentes de mi vida. Eso no está en juego. Con lo que entré en crisis es con todo lo demás. Mi trabajo, mi vida. Desde la ropa hasta el orden del departamento. Mis relaciones con las personas (con las mujeres, en particular). Tengo toda la motivación puesta en entrenar, y nada en el resto.

Este blog, que alimenté constantemente todos estos años, a veces se me hace duro. Es un compromiso al que no me gusta faltar, pero cada vez me siento más forzado a cumplir. Hay días en que no tengo nada en la cabeza para escribir. Quizás era esquivarle a este post, a intentar procesar qué me pasa internamente. Por suerte Matías, mi jefe y uno de mis mejores amigos, no lee este blog, porque se enteraría de lo mucho que me cuesta trabajar. Tengo tiempo, pero termino levantándome a las 4 de la mañana para adelantar cosas que tendría que haber resuelto el día anterior. O dedicándole fines de semana.

Las fuerzas están en entrenar. Estoy yendo una hora y media al gimnasio, esta semana cuatro veces. Me voy a dormir pensando en eso y el despertador me levanta de un salto para desayunar y salir. No tengo música porque se me rompieron los auriculares, y eso, extrañamente, me hace estar más metido en el entrenamiento. En mi cabeza cuento las repeticiones, pienso qué sigue en la serie, y todo ese rato, desde que salgo de casa, me ejercito, me como el sándwich de tofu, me ducho y vuelvo, es lo mejor del día. Durará dos horas y media.

Cuando entreno fondos largos, de cinco horas, a los que le tengo que sumar la preparación previa y la elongación posterior, también son movilizadoras para mí. Pero a diferencia de otros años, al día siguiente quiero más. No quiero que se termine. ¿Me habré vuelto adicto a las endorfinas? Mi entrenador dice que es normal, tan cerca de la carrera y haciendo un volumen tan alto. No es vigorexia, porque estoy conforme con mi cuerpo. Sí, podría mejorarlo muchísimo, pero he estado tan mal que todo lo que logré me alcanza. Firmaría para quedar así por el resto de mi vida. Sin embargo… hay algo que me está faltando.

Murakami hablaba de la tristeza del corredor, cómo lo afectó después de terminar una ultramaratón de más de 100 kilómetros. No pudo correr durante meses, y le costó mucho volver. No pudo precisar exactamente qué era, más allá de un vacío difícil de llenar. Me siento parecido, pero no al punto de no querer hacer deporte. En mi caso es al revés… quiero hacer más. Como contaba, me paso hora y media en el gimnasio, así empieza mi día. Y llegan las 7 de la tarde y estoy en mi casa pensando en si podría volver o no. Como si tuviese mucha energía que necesito quemar. Nunca hice musculación dos veces el mismo día, más allá de cuando voy al gimnasio temprano y a la noche entreno con los Puma Runners.

Sospecho que esta crisis va a derivar en algo. ¿En qué? Me encantaría saberlo. No puedo entrenar más, no creo que el cuerpo lo soportase. Es más mental. ¿Me convierto en un obsesivo compulsivo y empiezo a ordenar la casa? ¿Descubro un deporte mejor que el running? ¿Renuncio a mi trabajo y me voy a recorrer el mundo como Kwan Chang Kein (niños, googleen)? ¿Será solo una necesidad de desarrollar una tolerancia a la ansiedad? No lo sé. Por ahora, lo único que se me ocurre, es ejercitar. Mañana voy a ir corriendo al entrenamiento, lo que me va a dar unos 20 km extra a lo que sea que nos toque.

Lo que me preocupa es que mis esfuerzos están concentrados en el Spartathlon. Sé que voy a llegar, ni siquiera lo dudo, por más que planifico dividir la carrera en etapas y sacarme la presión de si tengo que abandonar. El problema es qué va a pasar después. Tener ese objetivo es como jugar un mundial. ¿Y luego? ¿Quiero averiguar lo que sigue? Como verán, tengo más dudas que certezas…

Publicado el 13 junio, 2014 en ejercicio, Espartatlón III semana 37, http://schemas.google.com/blogger/2008/kind#post, motivación, running. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. El cuerpo manda. Solo hay que hacerle caso…no prepearle. Cuando no tienes ganas disfruta el descanso. Siempre tenemos un nuevo sueño, aún pequeños, que son los que mantienen el movimiento del pensamiento. No te preocupes después de Sparta, o antes, ya estará en línea el próximo. La ansiedad llévala a caminar. El caminar es mejor que el correr para poner la caramelera en orden. Si no puedes con Sparta no pasará nada. Solo una tristeza sin fin hasta que lo intentes de nuevo. Como no pasó nada con todos los que no la pudieron que son más que los que la pudieron. Vamos nunca rendirse no significa llegar…la recta de la vida te invita siempre. Hasta la última curva que puede estar lejos. Todos tenemos una dosis de excéntricos no te preocupes por vos. Los únicos que pueden estar preocupados son mamá y Don Casanova…Y ellos te van a seguir aguantando por lo que veo. Aunque como dice la abuela Margarita cuando necesito algo me lo pido a mi mismo. Bueno campeón pasa el trapo y sacale lustre, bajá el tiempo en el gym, (con 45´alcanza). Abrazo Juanca.

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