Semana 37: Día 258: El mundial sin tele

Hoy empezó el Mundial de Fútbol 2014, por si no se habían enterado. Es todo un evento porque sucede cada cuatro años, entonces se acumula toda la tensión y la bronca de no haber salido campeón la temporada anterior… y bueno, pareciera que esto se convierte en lo más trascendente del año.

Dicen que la apertura fue malísima y que el árbitro japonés jugaba para Brasil. Incomprobable si uno no tiene televisión. Vivo en un monoambiente, la tele que tenía la había regalado hacía muchos años, y con mi ex habíamos comprado un Phillips de 42 pulgadas. Hermoso. Cuando nos separamos, aunque habíamos comprado el aparato a medias, me dio la mitad del costo de la tele y me dijo algo muy cierto: “total no te la vas a poder llevar”. Aquella fue la última vez que tuve una tele, ya hace como un año y dos meses.

No la extrañé, con el tema de la internet y de que de por sí tengo una vida muy ocupada, me queda poco tiempo para ver televisión. Y ni hablar de tener cable. Me siento medio un bicho raro, pero ya era vegano, así que estoy acostumbrado a no cuajar.

El tema, obvio, se complicó ahora que empezó Brasil 2014. No me interesa el fútbol, sinceramente. Pero el Mundial sí, porque en el fondo soy un argentino orgulloso que redescubre su patriotismo ante un evento deportivo internacional. Y en verdad solo me interesaban los partidos de la selección nacional, o en su defecto los de cuartos de final para arriba… y hasta ahí. Pero con los Puma Runners improvisamos un prode de último momento, y arriesgué un 3 a 1 a favor de los organizadores.

En las oficinas que están en el edificio de enfrente (exactamente en el mismo piso) hay un televisor LED instalado, bastante grande como para que vea perfecto los primeros planos, pero horriblemente mal las tomas desde arriba del campo de juego. Encima tenían una persiana americana medio baja. Puse un canal en streaming para poder seguir las jugadas desde mi computadora, pero los turistas brasileros que se hospedan por el microcentro me gritaban los goles 18 segundos antes de que Neymar me pateara al arco.

Por fortuna la pegué con mi pronóstico, y la cosa recién empieza. Puedo subsistir desfasado temporalmente del resto del planeta, el tema es que esto que tolero, cuando juegue Argentina, me va a desquiciar. Ya vi un partido en el mundial anterior, en la televisión digital de mis padres, pero tiene un delay de unos segundos, y el vecino gritaba gol antes de que la televisión local lo mostrara. Podría ir a verlo a lo de mi papá nuevamente, sobre todo porque es el día del padre, pero él y mi mamá están en Tucumán en estos momentos y no vuelven hasta el 19. Podría ir a verlo a la pantalla gigante que instaló el Gobierno de la Ciudad en Plaza San Martín, que la tengo muy cerquita, pero la sola noción de ir solo a ver un partido en la calle me deprime espantosamente. Lo mismo irme solo a un bar o quedarme en la vidriera del Falabella.

La opción que más me tienta es la de aprovechar que las calles van a estar completamente vacías y salir a correr. Son 90 minutos más alargues y entretiempos. Me va a alcanzar para meter unos 20 km. Podría escucharlo por la radio… o sacrificarme y enterarme después, cuando esté de vuelta. Así se calman ansiedades, se aprovecha para correr sin autos ni peatones estorbando… es eso o comprarme la tele. Creo que prefiero entrenar.

Publicado el 12 junio, 2014 en Brasil 2014, Espartatlón III semana 37, http://schemas.google.com/blogger/2008/kind#post, Mundial, running. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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