Semana 36: Día 252: Primer fondo de 50 km

Hoy fue la primera parte del 50/50/50, o los tres días consecutivos corriendo 50 km. De por sí hacer ese fondo es demandante, y repetirlo tan seguido… es acojonante. Pero si mi ídolo Dean Karnazes corrió 50 maratones en 50 estados de los EE.UU. en 50 días consecutivos, esta mini-hazaña palidece bastante.

Ayer leía una frase de Chris Sharma que decía “Le dediqué 4 años a mi último proyecto y su concreción me tomó solo unos 10 minutos. El tiempo que pasamos en la cima es corto. Debes aprender a disfrutar el viaje”. Eso me dejó pensando, porque si bien se aplica a muchos aspectos de la vida, puedo verlo reflejado en mi actividad. Correr un fondo de 50 km me lleva unas 5 horas desde que arranco hasta que termino, pero… ¿cuánto hay detrás? ¿Cuántos entrenamientos y preparación? Digo esto porque si bien hoy salí a las 5:45 de la mañana de mi casa, anoche ya había empezado, armando la estrategia en mi cabeza y preparándome el pinole que me iba a servir de combustible durante el entrenamiento.

Me desperté a las 5, lo que significó dormir unas seis horas. No es lo ideal, pero la propuesta de hacer este entrenamiento me llegó ayer, así que no tuve mucho tiempo para prepararme. Tenía una reunión vía Skype a las 22 hs, así que hice lo mejor que pude. El despertador sonó a horario, desayuné, tomé agua, me vestí y salí. Se supone que hacía frío, Windguru hablaba de 10 grados pero en la radio tiraron un “5,5 grados de temperatura y 4,5 de sensación térmica”. Yo llevaba una remera térmica, calzas cortas y medias largas, y debo decir que con eso estaba más que bien. Al principio me puse un pañuelo en la cabeza pero después me lo saqué. No necesitaba más abrigo que eso.

Buenos Aires a las 6 de la mañana, en junio, está metida en la noche más oscura. Si no fuera por las luces de la calle, debería andar con linterna. Vuelvo a lo que decía Chris Sharma. Le dediqué 4 horas, 39 minutos, 20 segundos a este fondo que me llevó desde mi casa, casi en Retiro, hasta San Fernando, ida y vuelta. Escribir esta breve crónica me tomará una hora, y leerla pocos minutos. Pero hay tanto atrás… hay años de entrenamiento con Germán y los Puma Runners. Hay consejos, experiencia, fortalecimiento, aprendizaje. El camino que hago, por Figueroa Alcorta, lo fui perfeccionando conforme pasaban los entrenamientos, por las veredas más lisas, la menor cantidad de semáforos posible, el bebedero, todo está milimétricamente planeado en base a la experiencia. Incluso qué ropa ponerme, eso viene ya decidido gracias a las cosas que me fueron funcionando.

Es raro estar entrenando en una Ciudad que duerme y verla cómo va despertando de a poco. Es un placer que haya pocos autos en la calle, y un fastidio la vuelta, cuando todos están apurados. Esta vez no vi a las chicas trabajando en los lagos de Palermo (aunque sí había un intenso movimiento vehicular en ese parque).

La radio me hizo compañía, aunque mi cabeza estaba bastante ocupada. Fui repasando todos los hechos que me llevaron a ese momento, a estar ahí, entrenando. Imaginé qué cosas de las que había decidido que me servían las iba a poder aplicar en Grecia. ¿Conseguiré harina de maíz o polenta para poder hacerme el pinole, que estoy tomando cada 10 km? ¿Me convendrá llevarlo desde acá? ¿Será complicado también conseguir harina de garbanzo para hacer fainá? Hacer ese fondo de 50 km es una quinta parte de la Espartatlón. Puesto así hasta me parece realizable. Me imagino llegando a la meta. ¿Podré hacerlo corriendo? ¿Tendré una bandera, estarán ahí mis amigos, al pie de la estatua de Leónidas?

Pude ver el amanecer al costado del río, un espectáculo maravilloso. En la costanera, a la altura de Olivos, pude sacar una foto panorámica de la salida del sol. De fondo había un concierto de sapos y pajaritos. Son esas pequeñas cosas las que te acompañan en una actividad supuestamente solitaria como es el fondo.

No necesité comer nada. Con un litro de pinole y otro litro de agua anduve perfecto. Tuve dolor en el metatarso izquierdo, pero lo curioso es que fue hasta el km 10. Después desapareció, y recién lo volví a sentir cuando frené, en la puerta de mi casa. También sentí una molestia en la parte externa del tobillo derecho. Todas cosas atribuibles a mis plantillas nuevas, que ahora tienen el talón derecho levantado.

Siempre llego al kilómetro 25 y pego la vuelta, recorriendo el mismo camino en espejo, pero no sé por qué suelo suponer que la distancia no me va a alcanzar o que me voy a pasar. Por eso, en lugar de cerrar justo en la mitad, hago unos 100 metros más, para tener margen al regresar. Y aunque llegué a casa corriendo (y muy contento), el fondo no terminó ahí. Cuando entré al departamento todavía me quedaba elongar, comer algo, hidratarme y descansar. Mucho más que las supuestas 4 horas 40 minutos que estuve corriendo.

Publicado el 6 junio, 2014 en Entrenamiento, Espartatlón III semana 36, fondo, http://schemas.google.com/blogger/2008/kind#post, running. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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