Semana 34: Día 232: Excusas para no correr

Frío. Lluvia. Cansancio. Algo bueno en la tele. Muchas veces enumeré excusas para no entrenar, en tono de burla. Pero motivos para no hacer nada sobran, lo que parece escasear es el empuje para ponerse en movimiento.

Yo fui un experto en excusas. La principal, difícil de retrucar, fue siempre la falta de dinero. Pasé muchos meses sin ir al grupo de running porque no podía pagarlo. Y realmente era una excusa porque podría haber salido solo, por mi casa, con el único fin de mantenerme activo.

Hoy veo tantos motivos para no correr… y me siento muy extraterrestre cuando los leo, una sensación difícil de explicar (la experimento también cuando paso por un kiosco o un supermercado y veo que venden 99% basura). A poca gente parece gustarle la lluvia, pero a menos que tengamos neumonía (o seamos un Gremlin) no nos va a pasar nada si salimos. ¡Cuando el cuerpo entra en calor hasta es agradable! En mis tiempos de excusas, unas gotitas era todo lo que necesitaba para quedarme en casa. A veces era una lluvia pasajera, y me quedaba mirando por la ventana, rogando que se largue más fuerte para sentirme justificado.

Otra excusa es tirarse abajo. “Yo no corro ni al colectivo”, o “No corro ni tres cuadras”. Podría decir que todos pasamos por eso. Yo odiaba correr. Educación Física era una tortura para mí. He dejado pasar incontables colectivos. También me he considerado incapaz, aferrándome a un límite cuando lo alcanzaba, convencido de que nunca iba a poder superarlo.

Encuentro un poco más justificado estar enfermo o lesionado. Pero con los años encontré que incluso en estas situaciones podía correr. “No todo dolor es significativo”, dice Scott Jurek, y se convirtió en mi lema ahora que me volví un ultramaratonista. Los fondos largos vienen acompañados de mucho esfuerzo, y hay que convivir con cierto sufrimiento físico. Obviamente que hay un límite para todo, pero he encontrado que entrenar en muchos casos me ayudó a recuperarme. Ahora entiendo que no todos los dolores requieren que me quede quieto.

Los límites están en la cabeza, y somos nosotros los que decidimos entrenar o no, y acompañamos esa decisión con la excusa que mejor nos calce. He corrido con los pies llenos de dolorosas ampollas, y me acostumbré. También bajo una lluvia torrencial, y no pasé frío. Corrí con sueño, cansancio, habiendo donado sangre esa mañana, con zapatillas rotas, a toda hora del día (mi favorita es antes de que amanezca). Y creo que todo eso, lejos de arruinarme, me fortaleció mental y físicamente. Y esa es la excusa para entrenar que contrarresta a cualquiera para quedarse en casa.

Publicado el 17 mayo, 2014 en Entrenamiento, Espartatlón III semana 34, excusas, http://schemas.google.com/blogger/2008/kind#post, motivación, running. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: