Semana 33: Día 230: Sin muela

Hace un par de meses, estaba desayunando y sentí algo con punta adentro de mi boca. Inmediatamente imaginé el juicio a Kellog’s por meter un objeto extraño adentro de su avena, pero no, era mi muela de porcelana y su sistema anticuado de pegarlo adentro de la cavidad de mi diente cariado.

En la guardia lo pegaron y me advirtieron que no iba a durar mucho. Era muy cierto, creo que aguantó dos meses (como mucho) y almorzando con amigos después de correr los 21 km de San Pedro, masticando mis ñoquis de papa, se volvió a salir. Ahí quedó, suelto, a la espera de turno con el dentista.

La tecnología odontológica ha avanzado, y ahora ponen unos tornillos que, sinceramente, me dan bastante pánico. Ver el video con animación 3D no me tranquilizó. Después de pagar una FORTUNA por algo tan chiquitito, el dentista se decidió a deshacerse de todo lo que quedara de mi vieja muela. Me sacó las raíces, pero primero las partió en dos (si alguien se empieza a sentir mal con este relato, me avisa). Por suerte estaba anestesiado, pero podía oler el hueso hecho polvo que volaba por los aires. Luego siguieron tironeos, raspados, un tubito que aspira la saliva y quién sabe cuántas cosas más. Yo estaba aislado mentalmente, en mi mundo feliz, uno en el que los dentistas y los pacientes son amigos.

Y eso fue todo, me vaciaron el diente y quedó un agujero (cosa que me angustia de una manera que no sé si podría explicar). Al principio me dieron una gasa enrollada que tuve que morder por una hora. La anestesia se quedó conmigo toda la tarde, durmiéndome hasta la nariz. El dentista me dio una lista de las cosas que tengo y que no tengo que hacer, ahora que estoy agujereado. En 45 días me revisan, si el hueso se soldó, pasan a la fase 2, que es la de poner la corona y el diente, con ese sistema de tornillos que preferiría no haber conocido.

Lo que más me perturba, además de concentrarme en masticar con el otro lado, es que no puedo hacer actividad física. Ni gimnasio ni running. Por eso aproveché y ese mismo día corrí 30 km, pero por la mañana… como para estar a punto y volver el sábado. Cuando el efecto de la anestesia se iba yendo, sentía como si me hubiesen pegado una trompada con una manopla, así que entiendo lo de quedarse quietito y dejar que todo cicatrice.

Mañana por la mañana podría probar ir al gimnasio a ver qué pasa… pero tengo que esperar a Fibertel a que me arreglen internet. Reconozco que mis desgracias son bastante poco importantes. Al menos tengo 3G en el celular y otros 33 dientes en su lugar…

…ah, los humanos tienen 32 dientes, yo tengo dos más, lo que me convierte en un mutante.

Publicado el 15 mayo, 2014 en dentista, diente, Espartatlón III semana 33, muela, salud. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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