Semana 33: Día 225: Entrenando en Zárate

Hoy Germán, nuestro entrenador, nos llevó a realizar un entrenamiento diferente. En lugar de nuestras típicas cuestas en el bajo de San Isidro, nos encontramos más temprano y nos fuimos manejando hasta Zárate, a unos 100 km, donde pasamos el día en un camping. Pero la idea era enfrentar al largo puente, la primera parte del mítico “Zárate-Brazo Largo”.

Creo que desde la Ultra Buenos Aires 100K que no corría tanto tiempo en línea recta, y probablemente haya sido una distancia menor. De punta a punta medía 3,6 km, así que el puente de Zárate ida y vuelta medía 7,2 km. El punto más alto estaba a 200 mts, y al principio teníamos una larga subida (tan sutil que no se sentía), para después bajar en un tramo más corto. El regreso era al revés, aunque parecía más cómodo.

El jueves quise hacer un fondo largo y tuve una molestia en la zona del psoas, lo que me asustó un poco. Por eso quería venir a este entrenamiento, habiendo descansado, a ver qué me pasaba. Por suerte no me dolió absolutamente nada, lo cual fue un gran alivio. Encaré las subidas a gran velocidad, y me sentí cómodo todo el tiempo. Los camiones pasaban a gran velocidad, y me daban envión cuando los tenía de espalda y me frenaban casi por completo de frente. La vista era imponente, por momentos daba un poco de vértigo estar tan elevado y cruzar el inmenso Paraná. Los pájaros anidaban debajo de las vías del tren, que pasan paralelo al angosto paso peatonal del puente. Es realmente un espectáculo, y me dio un parámetro para calcular a ojo cuánto son 3 kilómetros y medio.

El trayecto es casi recto, aunque tiene una ligera curva. El espacio para correr es suficiente para una sola persona, pero se complicaba cuando volvía algún compañero. En un sector, por alguna extraña razón que solo podría saber el arquitecto, ese sendero se vuelve muy angosto y dos veces me choqué el codo contra la baranda (y dolió en serio).

Me había preparado pinole, como un litro. Quizá fue demasiado para esos 26,7 km, pero mi intención era hacer cuatro puentes (28,4 km) más la ida y vuelta al camping (5,2 km). Lamentablemente no pude por falta de tiempo, y solo hice tres (que tampoco es despreciable). El sol acompañó, y fue una experiencia muy especial. Pude entrenar en asfalto, no sentí dolores, y cuando terminé me imaginé multiplicando el día por 10, distancia que pasa a asemejarse a los 246 km de la Espartatlón. Me pareció que podré hacerlo…

Publicado el 10 mayo, 2014 en Entrenamiento, Espartatlón III semana 33, http://schemas.google.com/blogger/2008/kind#post, running, Zarate. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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