Semana 32: Día 222: A un mes de Fiambalá

A pesar de que por cuestiones de costos decidí no participar en Fiambalá, hoy era la conferencia de prensa en la Casa de Catamarca en donde se repasaba la carrera, y como me invitaron personalmente, decidí ir. De última, es un modo de saber qué me estoy perdiendo.

Fiambalá es una carrera de aventura, quizá una de las más difíciles que se vayan a hacer en nuestro país. Y esa dificultad radica en que se corre en el desierto. Olvidate de sombrita en los árboles, arroyos donde mojarte los pies… esto es extremo. Las distancias son tres, 27, 50 y 80 km. Gran parte del recorrido es arena suelta, y ahí está otro motivo por el que yo no debería participar. Ya mencioné que había una cuestión de costos. Por suerte los problemas de plata son los más baratos de resolver: solo requieren dinero. Pero tengo cada vez más cerca la Espartatlón, para la que me tengo que preparar exclusivamente en asfalto, porque se corre casi toda en ruta. A eso hay que sumarle la lógica de que tengo costos de pasajes, que ya hay que empezar a pagar en cómodas cuotas, por lo que se me empieza a complicar Fiambalá. Así que probablemente lo mejor sea ponerla como objetivo el año que viene.

Generalmente las carreras que se hacen por primera vez suelen tener una concurrencia baja. Recordemos la Ultra Buenos Aires 100K, también organizada por Salvaje Eventos, que si bien era algo no competitivo y a puro huevo, reunió a unas 50 personas. Ese número ya estaba ampliamente superado en la charla de hoy, y entre los inscriptos alegan tener más de 400 corredores.

Por suerte llegué y me encontré con un amigo, Cristian, que está inscripto y con ciertos nervios. Le ofrecí prestarle un par de polainas (requisito indispensable para tantos kilómetros de arena), y de paso le di mi opinión sobre la hidratación: bebida isotónica por encima del agua (la que dejaría para mojarse y sacarse lo dulce de la boca. No dejé pasar la oportunidad para recomendarle el pinole y seguir despotricando contra el azúcar, pero sé que mi batalla no es la más práctica. Para esta carrera hablamos de contar con 3 litros de agua para largar, e ir cargando en los puestos de hidratación. Hay poco margen, casi tanto como la sombra que se puede encontrar en las dunas.

El fuerte de esta carrera, además del titánico desafío (que NADA tiene que ver con la selva de Yaboty o la montaña de la Patagonia Run) es el atractivo turístico. Correr en medio de la nada, dependiendo de uno mismo, en un clima áspero… debe ser maravilloso. Cualquier desafío es tentador, y el paisaje de Catamarca lo hace muy particular.

Otro encuentro que tuve en la charla fue con D.J., viejo integrante de los LionX, quien siempre hizo carreras de calle, con excelentes tiempos en maratón. Me sorprendió que eligió los 80 km de Fiambalá como su debut en aventura… es como empezar desde arriba… espero que no se arrepienta de esta experimentación, porque las diferencias son abismales… no hay reparo, el calor se sufre más (y el frío para los que arrancan de noche, mucho más), la arena quema piernas a lo loco, y uno se siente insignificante en medio de ese desierto infinito…

Sí, a los ultramaratonistas nos gusta sufrir. Creo que Fiambalá va a ser una cita obligada para los que creemos que los desafíos están en salirse de la zona de confort. Ojalá que el año que viene esté escribiendo la reseña porque fui, en lugar de quedarme con las ganas…

Publicado el 7 mayo, 2014 en charla técnica, Espartatlón III semana 32, Fiambalá, ultramaratón. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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