Semana 31: Día 217: Caos de feriado

Disfruto mucho de correr. Un montón. A veces, si paso varios días sin hacerlo, me siento como un animal salvaje enjaulado, caminando tenso en círculo, ansiando la primera oportunidad para escapar. Ser fondista y no vivir de eso es un gran problema. ¿En qué momentos correr? Descansar es tan importante como entrenar… de hecho es parte del entrenamiento, así que no se le puede sacar horas al sueño para hacerlo…

Un día, producto de la necesidad, decidí aprovechar que me iba a la otra punta de la Capital, el barrio de Barracas, para volver corriendo. Eso me cambió muchísimo la perspectiva de mis preparación física. Correr y viajar en la ciudad en transporte público no son actividades que tomen un tiempo muy diferente. Lo que hacía a pie en una hora y cuarto me tomaba una hora en colectivo (sumándole, también, caminar hasta y desde la parada).

Encontré que cualquier trámite que tuviese que hacer en el Club de Corredores era una oportunidad perfecta para hacer 9 km de ida y otros tantos de vuelta. Lo hice el martes pasado, cuando fui a pagar mi inscripción para la carrera de Star Wars, que se corre mañana a la noche. No me entusiasmaba la distancia, por más que sea fan de la saga, pero mi amigo Seba va a correrla y quería estar ahí para apoyarlo. El problema es que no tenían las remeras, así que solo pude pagar y llenar el deslinde. La chica que me atendió me preguntó cuál era el talle de remera que quería, y automáticamente dije “M”. Me sugirió que vea los talles antes de decidir, y cuando las fui a ver me di cuenta que eran bastante grandes. Así que le pedí (y anotó en la ficha) “XS”.

El miércoles tuve un día complicado para pasar, el jueves fue fueriado, y el viernes también para muchos, pero el Club de Corredores abría. Imaginé que siendo fin de semana largo y mediodía, ir corriendo hasta allá no solo iba a ser un buen ejercicio, sino que me iba a encontrar con poca gente. Odio hacer la cola, pero más odio equivocarme tanto…

Cuando uno se hace una rutina, el pudor va desapareciendo de a poco. Al principio me daba vergüenza correr con calzas, con cinturón hidratador, con musculosa, pero por suerte esas cosas van desapareciendo. Confieso que me costaba ir al Club de Corredores y llegar todo transpirado, sentarme en la silla del mostrador y dejarla toda empapada, ir dejando un rastro de gotitas que caían de mi remera… sí, odiaba todo eso, hasta que se me fue pasando. Antes hasta me cambiaba la remera en la puerta. Qué tiempos aquellos…

Hoy salí con mi calza corta (sin pantalón encima, ya no me importa nada) y me fui contento porque hacía lindo clima. Tenía un cierto fastidio por haber perdido mi monitor cardíaco, pero bueno, al menos tenía el reloj con GPS.

Podría decir que la presencia de miles y miles de niños con sus padres me sorprendió al llegar a las cercanías de Palermo, pero lo cierto es que había estado leyendo en el diario que iba a haber un recital gratuito de Violetta a las 16 hs. Incluso pensé en salir bien temprano para ganarle a la gente… Pero igual salí pasado el mediodía. Así que me merecí estar esquivando niños, autos mal estacionados, trapitos y conductores que creen que porque van conduciendo a 10 km por hora pueden subir a la vereda o tirarte el vehículo encima. Estas cosas me estresaron bastante (quizá por eso, cuando finalmente llegué al Club de Corredores, ni tuve ganas de cambiarme).

Saqué número y subí al primer piso, creyendo que resolvía el tema de mi remera en dos minutos. Pero cuando llegué era un mar de gente. Al parecer mi idea de caer al mediodía no es tan original como yo pensaba. Por suerte daban número, porque era tal la cantidad de gente que parecía un Jenga humano. Hoy veía el episodio de Cosmos en el que habla de la materia y cómo jamás se toca con otro material. En realidad los electrones se repelen entre sí, formando una suerte de campo de fuerza invisible que hace que a nivel atómico jamás estemos realmente tocando a otra persona. Tenía muchas ganas de explicárselo a los que me iban a tener que rozar mientras yo estaba empapado de sudor.

Cuando llegó mi turno, una media hora después (me considero afortunado porque no iba a pagar, solo a retirar), me encontré con una sorpresita extra. Me preguntaron mi talle de remera, dije “XS”, recordando lo que había comprobado tres días antes, y la chica que me atendió me retrucó que no quedaban más, que solo había a partir de “M”. Le expliqué que me habían pedido mi talle y lo habían anotado. “Ah, no sé por qué hicieron eso”, me respondió. “Ok, no tengo mucha opción, dame M”. Después me imprimió una ficha y me pidió que la firmara. “Pero ya la firmé el martes”, le avisé. “Sí, sí, ya sé que ya la firmaste”, respondió… y lo volví a hacer. El Club de Corredores tiene que hacer UNA sola cosa, que es organizar… siendo que están desde hace muchos años y que coordinan tantas pero tantas carreras… no tienen excusa para hacerlo mal.

Volví sobre mis pasos, nuevamente esquivando mini-fanáticos de Violetta y jurándome que si alguna vez tenía niños no los iba a llevar a este tipo de eventos. Se calcula que al recital fueron 250.000 personas. 250.001, contándome a mí que pasaba por ahí…

Publicado el 2 mayo, 2014 en acreditación, Entrenamiento, Espartatlón III semana 31, fondo, http://schemas.google.com/blogger/2008/kind#post. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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