Semana 28: Día 196: El miedo mismo

Estoy a horas de salir para la meta de la Patagonia Run. Y, como toda carrera importante en la que participo, no me siento preparado. El miedo se apodera de mí y pienso en todas las cosas que me faltan y en todas las que me podrían salir mal.

Algunos dirán que es tonto tener miedo y que esos sentimientos negativos me van a jugar en contra. Yo creo que son parte de un mecanismo de autopreservación, que es pensar en los peores escenarios posibles para mantenerlos alejados.

Siempre está el miedo de lesionarme, en el año en que finalmente voy a correr la Espartatlón. Todavía llueve, aunque Windguru promete que para mañana va a estar despejado. Eso hace que el camino esté lleno de barro y en algunas bajadas esté peligrosamente patinoso. Iré con extremo cuidado, no me interesa romperme en esta carrera (sino en la de Grecia). Bastones, paso firme, paciencia, pero sigo proyectando películas de mi cabeza de caídas espectaculares en las rocas, donde caigo rodando y golpeo contra filos y piedras que me parten una pierna (pero, ya que estoy, fantaseo que con eso me pueden operar y dejarme las dos piernas del mismo largo).

En mi cruzada anti proteínas animales y anti azúcares y jarabe de maíz de alta fructosa, decidí correr esta ultra sin geles ni bebidas isotónicas comerciales. Muchos dirán que es una locura, yo entre ellos. Pero es hora de demostrar que se puede. No sé si me copa ser el conejillo de indias, pero mucho menos me entusiasma consumir alimentos procesados o preparados por una fábrica con químicos, si puedo lograr el mismo efecto con cosas más naturales o simplificando los ingredientes y dejando de lado lo que no me sirve. Estos “experimentos” ya los probé en entrenamientos, pero claro, ahora es el momento de una carrera, donde un error me podría dejar afuera, solo, llorando en medio de la montaña, arrastrándome entre sollozos y arrepentimiento. Esperemos que eso no pase. Me hice dos litros de pinole, que gracias a que puedo dejar cosas en tres puntos de la carrera, fui acomodando. También compré sales hidratantes para convertir el agua común en una bebida isotónica, aunque me dicen que no use agua mineral, y el no saber qué marca van a usar en los puestos me genera mucha incertidumbre. Yo creo que será Eco de los Andes, marca de Coca Cola, ya que en los puestos habrá Powerade. Es la primera vez que ruego porque tengan agua con bajo contenido de sodio…

Otro de mis mayores temores para esta carrera es pasar frío. Estuve a punto de comprarme un cubrepantalón, hasta que me enteré de que costaba 800 pesos (en el Decathlon los había pagado 15 euros, un monto bastante razonable para lo frágiles que son). Por suerte me di cuenta que era solo miedo, así que desistí y decidí confiar en las mismas calzas que me acompañaron en otras dos ediciones de la Patagonia Run. Pero como este año parece que va a hacer mucho frío (aclaración que no recuerdo de otros años), me preocupa bastante el tema. Me puse abrigo en los puestos, tengo repuesto en mi mochila, y mi capa de lluvia, que no parece pero retiene el calor corporal y sirve como rompeviento. Como ven, intento tomar precauciones con cada cosa que me da miedo (si nada me aterrara, seguramente encararía esta carrera en forma mucho más irresponsable).

¿Me va a alcanzar la comida? Espero que sí. Además del pinole y de las sales hidratantes me llevo un mix de frutas secas, pretzels y me hice fainá con semillas de chía. También hay pasas de uva en todos los puestos, y fruta en alguno que otro. Hay un gran abanico de alimentos que ofrece la organización que no consumo, como empanadas de jamón y queso, tartas, papas fritas, galletitas, etc. Creo que tengo suficiente, pero aunque tengo la gran sospecha de que uno puede prepararse sus alimentos u optar por alternativas menos nocivas, sigo con incertidumbre. Hago esto para demostrar que se puede, pero también para demostrármelo a mí mismo.

Tengo pánico de quedarme dormido y perderme la combi a la meta, así que acá estoy, dos horas antes de salir, sin poder pegar un ojo (dormí una hora y me desperté transpirado… podríamos apagar alguna estufa, creo). Entre todas mis fantasías de las cosas que podrían salir mal está la de imaginarme llegando a la meta varias horas más tarde, y ver si me dejan salir igual. No sé cuánto voy a tardar, mi anterior experiencia, la de 2012, me tomó 18 horas con un tobillo bastante dolorido. Creo que podría sacarle 2 horas tranquilamente, si es que todo sale bien. No me gusta pensar en que al salir a las 00 hs voy a perderme media carrera porque la voy a hacer a oscuras. Lejos está de entusiasmarme el pensar en ver hasta donde llega mi linterna frontal, pero es parte del desafío, y la Espartatlón no va a ser muy diferente.

Pero no todas son pálidas. Despegar y Lan nos prometieron el reintegro de nuestros pasajes, los que no pudimos usar por el paro. Eso fue un alivio, porque esa aventura no es barata. También escuché que Dean Karnazes, ultramaratonista y gran motivador, podría correr la Esparatlón. Me encantaría conocerlo en Grecia y sacarme una foto bien cholula con él. Es otro incentivo para no matarme en esta carrera ni romperme todos los huesos. Tengo que llegar entero a Septiembre… creo que puedo.

Nos leemos mañana, con la carrera en el bolsillo…

Publicado el 11 abril, 2014 en Alimentación, Carrera, Espartatlón III semana 28, http://schemas.google.com/blogger/2008/kind#post, miedo, nutrición, Patagonia Run, Spartathlon, ultramaratón. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: