Archivos Mensuales: abril 2014

Semana 31: Día 215: Martín Casanova desde adentro

¿Alguna vez quiso ver qué hay adentro mío? ¿Cómo soy por adentro? ¿Tengo corazón? Aquí estoy, sin ropa, para que me vean hasta la médula espinal…
Yo no entiendo mucho, pero ya me adelantaron que soy un deforme, así que eso se puede vislumbrar en la radiografía de frente. La columna tiene una ligera escoliosis, y se ve la asimetría de la cadera, que indica lo de la pierna más corta que la otra.
En la radiografía de la derecha se puede ver mi muela postiza, que me tengo que arreglar. También mis dos clavículas en ángulo, porque me fracturé una vez cada una (a pesar de mi asimetría, intenté romperme parejo).
Otra cosa que se ve es el edificio de enfrente. Porque puse la radiografía en la ventana.
El análisis de una persona autorizada lo tendré la semana que viene, cuando pasen los feriados y pueda ver al kinesiólogo…

Semana 31: Día 214: Soy el número 183

“¡Buena suerte, número 183!”, escribió Nikolaos Petalas en mi muro de Facebook.

Su nombre delata su origen helénico. Es mi héroe griego, a quien recurrí en cada obstáculo que tuve para inscribirme en la próxima edición de la Espartatlón. Le encanta esta carrera y se nota su voluntad de ayudar, aunque cree que ciertas cosas de la mítica competencia se tendrían que actualizar. Desde adentro, y por puro altruismo, orienta a los corredores y hace de vínculo entre ellos y la organización.

Esto era el final de la gran odisea, pero a la vez es también el principio. Uno no está oficialmente inscripto hasta que no se le asigna un número de corredor. Y para llegar a eso tuve que preclasificar, y después estar en el momento justo llenando la ficha de preinscripción. Y luego de ser aceptado, llenar ooootra ficha y pagar 450 euros. Para cada situación tuve algún percance, y Nikolaos me aseguraba que era mala suerte (sé de otros atletas argentinos que no tuvieron ningún problema).

Hoy me llegó este alivio inmenso, a través de ese mensajito en inglés.

“¿No te habías dado cuenta?”, me preguntó, luego de que le dije que aquella era la mejor noticia del año. Y la verdad es que venía revisando el listado en la web, donde jamás aparecía. Faltan 16 días para que se cierre la lista, y aunque es bastante, siento que entré justito. De momento somos 9 argentinos confirmados, y por las dificultades para hacerse de moneda extranjera y girarla al exterior, muchos de ellos consiguieron una excepción para poder pagar los costos estando en Atenas. En mi caso lo pude resolver con la cuenta bancaria de un amigo en el exterior.

Me gusta el 183. Es múltiplo de 3, y esos son números que me gustan. No sé por qué, un día decidí que todos los múltiplos de 3 iban a ser mis favoritos, y cada vez que tuve que optar, los elegí, como en los molinetes del subte. No creo que esto sea una señal ni nada por el estilo, es simplemente casualidad. La suerte no tiene nada que ver con esto, solo el trabajo duro, la constancia y estar en el lugar justo en el momento indicado.

Ahora sí, estoy definitivamente adentro. En 150 días me verán corriendo con el dorsal 183 enganchado en mi remera o en el pantalón, y junto a otros 400 corredores intentaré cumplir el sueño de llegar hasta Esparta corriendo. Cada vez estoy más cerca.

Semana 31: Día 213: Corriendo por Ezequiel

Casi todos escuchamos en las noticias el trágico suceso de Ezequiel Ponce, el corredor que falleció en Córdoba al finalizar la media maratón. Lo que le siguió a ese lamentable episodio ensombreció aún más esta historia, porque puso en evidencia el morbo del periodismo y la desinformación de la gente.

Hice una búsqueda en Google para poder hablar de Ezequiel, a quien no conocí, y lo que pasó fue lamentable. Siguen apareciendo toneladas de artículos que hablan de que falleció después de ganar los 21 km de Córdoba, confundiendo la entrega de medalla para los finishers con el podio. Después, me fue imposible determinar su edad. En algunos portales le daban 23 años, en otros 25, en otros 27. ¿Qué podemos creer? ¿Qué podemos SABER de esta persona?

Solo sé que era joven, que le gustaba correr y que murió haciéndolo. Sé por un amigo, que estuvo ahí, que se sentía mal antes de llegar, se descompensó a 200 metros de la llegada, y que a pesar de que los médicos querían sacarlo, decidió terminar igual. Puedo inferir que era cabeza dura, una característica muy presente en los atletas que no corren con las piernas, sino con el corazón. Sé que se desplomó tras cruzar la meta, ante la impotencia y la congoja de su madre.

A los corredores nos atravesó de manera particular. Veíamos el amarillismo en los noticieros, que se deleitaba con titulares del tipo “Alerta: Maratones”. Casi parecía comparable con la paranoia de la Gripe A. Yo tuve la suerte de salir al aire en Gente Sexy, en la FM Rock and Pop, para poder decir que correr es salud, que aunque desconocía las causas del fallecimiento de Ezequiel, entendía que no era por correr sino por algo particular suyo. Cuántas veces escuché que el running “te agrada el corazón y te morís”. Este atleta con final trágico era uno de los nuestros. Lo imagino defendiendo al deporte para todos los que dicen que es aburrido, que no corren ni al colectivo, que te va a matar.

Juanca es un corredor de Venado Tuerto, habitué de este blog, y una persona llena de humildad, motivación y garra. El running, lejos de matarlo a él con sus décadas dedicadas al cigarrillo (etapa hoy superada) y lejos de matarme a mí con mi década y media de vegetarianismo, nos unió en algunas ocasiones. Siempre intentamos hacer alguna actividad solidaria, que es una cosa que me inculcó. El domingo pasado, en San Pedro, corríamos esta nueva etapa de la Serie Salomon, que casualmente era 21 km, como los que hizo Ezequiel por última vez (aunque en nuestro caso era de aventura y no de calle). Juanca quiso que, como era nuestra primera competencia desde esta triste noticia, corriésemos teniendo a este atleta en nuestro recuerdo. Hizo unas cintas para que nos colocásemos y pudiésemos cruzar la meta con el nombre de Ezequiel con nosotros.

Fue un gesto que, me animo a arriesgar, pocos se enteraron. Quizá ni siquiera la familia lo sabe o lo sabrá, porque no los conocemos ni tenemos contacto. Pero no lo hicimos por prensa ni nada, fue una forma de despedir a uno de los nuestros, alguien a quien no conocíamos pero cuya historia nos conmovió. Fue un gesto a su memoria, y lo hicimos sin amarillismo ni inventando las cosas de él que desconocíamos.

Entiendo que mi partida puede ser dolorosa para mis amigos y mi familia, y no es un tema de conversación agradable. Pero cuando alguien con quien compartís una afinidad deja este mundo, es inevitable ponerte en esa misma situación. Y yo sé que hubiese hecho exactamente lo mismo que él, aunque me hubiese sentido muy mal, hubiese querido seguir. Dejando de lado el dolor, anulándolo con la mente. Él no sabía que se jugaba la vida, nosotros tampoco lo andamos pensando cuando hacemos nuestra actividad favorita. Pero yo me veo como él, dándolo todo para llegar a la meta. Mi familia y mis amigos sufrirían, pero yo me iría en paz conmigo mismo.

Espero que Ezequiel haya encontrado paz, y que su partida no sea una meta, sino la lagada de una carrera infinita.

Semana 31: Día 212: Los 21 km de la Serie Salomon K21 San Pedro

Hoy quisiera probar un nuevo estilo de reseña de carreras, que he visto en otros ámbitos y me gusta mucho. No voy a dejar de hacer mis apreciaciones netamente subjetivas, pero quiero hacer el intento de rescatar lo bueno y lo malo, para después dar lugar a un veredicto y a un puntaje. Y lo hago con una carrera que me sorprendió mucho.

La Carrera: En nuestro grupo, Puma Runners, la llamábamos “los 21 km de San Pedro”, y aunque sabíamos que el sponsor era Salomon (o “Salomón”, para los amigos), no conocíamos al organizador, Al Límite Aventuras. La descripción oficial de la competencia era:

San Pedro tiene su estreno en la Serie Salomon K21 – Copa Optitech, con un circuito caracterizado por el gran entorno que brindan las barrancas del Río Paraná. Atravesando montes con mucha vegetación, el recorrido combina senderos por bordes de arroyo con lomas y picadas que aportan variantes al trayecto. Enmarcado en un entorno perfecto para la aventura, San Pedro es una carrera ideal para los amantes de la naturaleza.

Sabíamos realmente poco, pero después de correr la Adventure Race de Tandil, estábamos todos muy motivados y necesitábamos un nuevo objetivo. Esta media maratón de aventura en San Pedro, una localidad a la que podíamos ir y volver en el día, parecía ideal. Organizamos todo via mail, hicimos el depósito de las inscripciones el viernes, y hoy, domingo, partimos tan temprano para San Pedro que hicimos gran parte del camino de noche. Hacía bastante frío, incluso cuando llegamos a la estancia donde estaba la largada. Ahí empezaron nuestros problemas: no estábamos anotados. Esperamos, nos quejamos y los organizadores, extrañamente, nos trataron con mucho respeto. Resultó que no llenamos las fichas desde la web, sino que mandamos todos nuestros datos por mail, asumiendo que con eso alcanzaba. Nos merecíamos una trompada, pero a pesar de eso nos resolvieron todo y nos inscribieron en el último minuto. Aunque nos quejamos, eso hizo que la confianza en esa organización que desconocíamos subiera mil puntos.

Con bastante puntualidad largamos, ya sin frío gracias a que había mucho sol y pocas nubes. No entendimos por la descripción oficial cómo era el recorrido. Lo imaginábamos cross country, sin demasiada dificultad, quizá pasando por encima de algún alambrado y chapoteando en uno o dos charcos. En verdad el trayecto fue súper técnico, con agua por encima de la cintura, muchísimo barro que hacía sopapa y se robaba zapatillas, trepadas muy técnicas (en una había que ayudarse con una soga) y un terreno constantemente irregular. Yo lo viví como si hubiese ido al cine. De hecho me acordé de cuando vi Pulp Fiction por primera vez, en el año 1995. Estaba en la sala, viendo una película sin actores que me resultaran demasiado consagrados, dirigida por alguien que desconocía, y me encontré absolutamente maravillado. Iba por la mitad y pensaba “Estoy viendo una película excelente”. Veinte años después, sigo sintiendo que viví algo épico. Con esta carrera me pasó algo muy parecido. Estaba lejos de la meta, con barro secándose en mis piernas hasta las rodillas, con arañazos, el número de corredor que se me salía, subiendo y bajando por lomadas con tierra suelta. Y me divertí un montón, mientras pensaba “Esta carrera es excelente”.

Lo bueno: Sin dudas la organización dejó poco librado al azar. Los puestos de hidratación, cada 5 km y uno a menos de un kilómetro de la meta, eran todo lo que uno necesitaba. Se puede correr sin mochila, y de hecho es recomendable por la irregularidad del terreno. El lugar ayuda muchísimo, por la geografía típica de la vera del Paraná. Sé que hay muchas Salomon K21 en todo el mundo, pero esos piletones de barro, esas barrancas, esos bosques donde había que correr agachado, son de San Pedro y no creo que se repitan. Este es el tipo de carrera que quería hacer, sin pensar en el reloj, solo en relajarme, disfrutar del paisaje, y divertirme.

Lo malo: Un punto en contra es que el GPS nos dio a todos 18 km. O sea que hicimos 3 km menos de lo que se suponía. Algunos la sufrieron mucho, y estarán agradecidos por esta concesión. Yo no, me divertí, y hubiese querido un poco más. Otro aspecto negativo que podría no serlo, es la propia dificultad que ofrece el terreno. Cualquier persona que arrastrase una lesión de rodilla o tobillo tendría que mantenerse totalmente alejado de esta carrera. Quizá es algo que desde la página o cuando uno se inscribe deberían haberlo advertido. Porque con barro y un terreno tan irregular, los pies bailaban adentro de la zapatilla. Yo me tomé la competencia con calma y llegado un punto prioricé avanzar a paso firme que con velocidad, pero tengo un compañero que empeoró una lesión de su tobillo. Posiblemente si le hubiesen hecho una advertencia la hubiese corrido igual. Nuestra falta de expectativa por la poca información nos favoreció a algunos y los perjudicó a otros. El último punto a revisar es la hidratación: si bien para mí fue absolutamente óptima, cuando pasé por el puesto de 15 km se les estaba acabando el agua, y faltaban pasar por ahí muchos corredores. Quedaba muchísimo Gatorade, pero es un aspecto para no descuidar. Además, aunque nos hicieron una atención especial para inscribirnos media hora antes de la largada y nos trataron muy bien, no figuramos en la clasificación, aún cuando corrimos con chip. Supongo que somos en parte responsables de esto, pero me cuesta entender, si teníamos el chip, por qué no estamos en el sistema…

El veredicto: ¡La mejor carrera del año! Obviamente, sin mezclarla con las ultramaratones, que serían una categoría aparte. Sin lugar a dudas quiero volver, me encantaría que el año que viene no nos escatimen esos 3 km que faltaron, y voy a recomendar los 21 km de San Pedro hasta el cansancio. No hay carrera que sea más de aventura que esta.

Puntaje:
Organización: 8/10
Kit de corredor: 9/10
Terreno: 10/10
Hidratación: 8/10
Nivel de dificultad: Para corredores avanzados

Puntaje final: 8,75

Para ver más fotos de la carrera, visiten el blog de Juanca Bertram. ¡Gracias por el registro fotográfico!

Semana 31: Día 211: Camino a San Pedro

Hoy ha sido uno de esos días. Me di cuenta que perdí mi billetera, y de un plumazo desaparecieron mis tarjetas de débito y crédito, mi DNI, la credencial del gimnasio… Realmente mi humor no venía del todo bien, y esto me terminó por desplomar. Pero le puse onda y me fui a una reunión para futuros proyectos relacionado con el running y la motivación que me hicieron olvidar, por unos instantes, que soy un indocumentado sin proyección financiera.

No me dio el tiempo para hacer las denuncias pertinentes porque mañana a las 4:30 de la mañana tengo que levantarme para ir a San Isidro a encontrarme con los chicos de Puma Runners para encarar viaje a San Pedro, acreditarnos para una carrera de aventura, y salir. Esta competencia forma parte de la Serie Salomon K21, atravesando montes, arroyos y senderos. Nuevamente me encaro en una competencia sin saber casi nada del recorrido, ni siquiera sé dónde queda… solo sé que me llevan hasta ahí, y gracias a que formo parte de un grupo, vamos en manada y otro se encargó de inscribirme. Últimamente estuve muy absorbido por los preparativos para las novedades de la Feria del Libro, dedicándome solo a trabajar, comer, dormir y entrenar. Creo que en uno de mis regresos del gimnasio a casa es donde perdí mi billetera y un montón de rectangulitos de plástico que hoy resultan ser demasiado importantes.

Así que con esa mezcla de frustración con la esperanza por los nuevos proyectos y por una carrera que promete ser divertida, me voy a dormir. Tengo un largo viaje a la madrugada, hacia Zona Norte, y es la primera parada hacia el todavía más lejano San Pedro. El fastidio va a tardar en quitarse… me aferro a la esperanza de que las cosas aparezcan mágicamente… pero vivo en un departamento muy chiquito como para no poder encontrar mi billetera (¡encima era de Superman y la amaba!).

Semana 30: Día 210: Dolores placenteros

Siempre dije que los dolores musculares post entrenamiento eran un motivo para sentirse orgulloso. Entiendo que haya gente que le escape al dolor, es absolutamente comprensible. Pero cuando uno se habitúa a la musculación sabe que hay algo ahí que está indicando un inminente progreso.

Hay dolores y dolores. No hablo de cuando uno se lesiona un músculo. Hay que entrenar con inteligencia, dentro de un esquema que, idealmente, estará armado por alguien que sabe y que nosotros repetiremos confiados. En mi caso actual estoy haciendo una rutina que me pasó el traumatólogo, con el fin de fortalecer las piernas y prevenir lesiones. No trabajo la hipertrofia, sino la marcación. Poco peso, muchas repeticiones. Al principio creía que era algo demasiado fácil, y parte de mi subjetividad orgullosa e infantil creía que iba a hacer el ridículo ante los fornidos del gimnasio. Pero aunque estoy levantando 5 kilos a una pierna, hacer cuatro series de 10 repeticiones, sosteniendo el peso 5 segundos, demuestra ser bastante agotador. Cuando me levanto siento los músculos hinchados, la sangre que bombeó, y una sensación que está al límite entre el entumecimiento y el dolor. Y es algo fantástico.

Como no pude con mi genio, le fui sumando ejercicios para el tren superior, como espalda, bíceps, pecho. Y gracias a que tengo la experiencia de lesiones anteriores, como estoy volviendo a levantar peso después de varios meses de no hacerlo, empecé tranquilo, liviano. Controlando mi subjetividad orgullosa e infantil. Así, cuando un ejercicio ya no me cueste, sé que le voy a poder sumar más peso o más repeticiones. Es así, hacer que el cuerpo duela para que, cuando no haya más dolor, subir un escalón de esfuerzo.

Por eso, para mí, no hay que tenerle miedo a estos dolores ni tampoco tomarlos como un mal síntoma. Hay que abrazarlos, saber que son una parte necesaria del desarrollo físico, y usarlos como motivadores. A mí, hasta ahora, me ha funcionado…

Semana 30: Día 209: ¿Hasta cuándo duran las zapatillas?

Cuando uno se encariña con un calzado, desearía que duren para siempre. Entrenar es también desarrollar una rutina sostenida en el tiempo, y nos gustaría que no se alterara.

Las zapatillas tienen una vida útil, y quienes hacemos fondos con cierta constancia sabemos que no nos acompañarán eternamente.

Dicen que se deben cambiar cada mil kilómetros. Otros hablan de cuatro meses, como si usarlas o no fuera indistinto. Yo he tenido más zapatillas de las que podría recordar, y conforme aumento mis kilómetros mensuales, menos me duran.

Mi mejor experiencia la tuve con la marca Asics y después con Puma. Los cambios se debieron a que las sentía muy duras o a que el material cedía y se rompía. Destrocé las últimas Faas que me compré solo con un mes y medio de uso intenso. Anoche, le tocó el turno a mis Puma Nightfox.

Es un modelo pensado en aventura. Son pesadas y resistentes. Tienen una malla metálica por dentro y hoyos en la suela para que escurra el agua. Las usé en mi entrenamiento de 100 km y en la Patagonia Run. O sea que pasaron por mucho. Ayer, haciendo un regenerativo con los Puma Runners me enganché los pies con una rama. Digamos que con el pie izquierdo la trabé y con el costado interno del derecho le de una patada.

Trastabillé. No sentí más dolor que el de un golpe contra algo duro. Llegué a pensar que esos accidentes rompían zapatillas. En la oscuridad de la noche, camuflado por mis intactas medias negras, no noté nada fuera de lo común. Haría falta estar en casa para notar el tremendo agujero que le hice.

¿Podría seguir usándolas? No sin cierta vergüenza, pero ya es un camino de ida. Si corro posiblemente el agujero crezca, o podría pasar algo menos notorio (en un principio) y es que pierda sostén y firmeza. En lo que a mí respecta, ayer asesiné a mis Nightfox.

Hay calzado que no dura nada, otros que se retiran habiendo cumplido con el deber, y otros como mi amigo Marce que lleva ocho años usando el mismo par y se niega a tirarlo. Pero todo depende del modelo y del uso. En mi caso, llega la hora de empezar a mirar precios de zapatillas…

Semana 30: Día 208: Reivindicando a los griegos

Ayer me volví a quejar de la “desorganización” de la Espartatlón y de los griegos en general. En verdad yo veo estas cosas como puntos de giro en el guión de una película que termina con la carrera (llegar o no la meta es lo que se resuelve en el final).

Como un colega corredor me dio su punto de vista (si fuese legal, probablemente se casaría con la International Spartathlon Association), me pareció justo mostrar otra cara.

Los griegos son, ni más ni menos, nuestros padres a la hora de hablar de la civilización occidental. Sus aportes en la filosofía, ciencia y política nos han definido como sociedad al día de hoy.

Visitar Atenas puede ser un golpe para muchos turistas. Yo me sentí en casa. El modo en que actúa la gente, parecieran todos argentinos. Lamentablemente, manejan tan mal como nosotros (lo sé, se supone que iba a compensar…). Honestamente en Atenas fue donde mejor me trataron como turista. Hay que manejarse en inglés, pero siempre supieron darme indicaciones precisas y se interesaron por mi historia (es muy raro explicarle a un griego lo que es la Espartatlón).

Si algo nos hermana con los atenienses es que ellos también se subestiman. Se quejan de su gobierno, de los servicios públicos, y de sus propias playas. Pero cuando un griego te dice que un balneario es feo, para un argentino puede ser el paisaje más alucinante de su vida. Y lo mejor es que algo de razón tenían: aunque uno vea una playa hermosa, más lejos se esconden lugares infinitamente mejores.

No tuve suerte con mis primeros intentos de anotarme en la carrera, pero siempre encontré gente que me ayudó desinteresadamente. De hecho, todos los problemas que tuve me los resolvió un griego…

Hoy solo soy un atleta intentando correr su primera Espartatlón. Siento que estoy juntando anécdotas, y que seguramente termine muy agradecido con la organización una vez que cruce la meta (si la cruzo, si no, no).

Semana 30: Día 207: Las trabas para llegar a Esparta (o para no llegar)

La Espartatlón es una de las carreras más difíciles del mundo. Pero no me refiero al desafío titánico de correr 36 horas, casi exclusivamente en asfalto, por lomas que te comen las piernas y luchando contra el agotamiento. Me refiero a la inscripción.

Como comenté varias veces, en mi primer intento por inscribirme pregunté si podía hacerlo sin cumplir los requisitos de pre-aprobación. Me dijeron “¡Pero ya está inscripto y su número de corredor es XX!”, porque me habían confundido con un mexicano de apellido Casanovas. Tardé varios meses en darme cuenta del error. Rogué porque reconocieran que el problema era de ellos y no mío, pero los griegos son tercos y no dieron el brazo a torcer. Inventamos la Ultra Buenos Aires 100K para cumplir al menos ese requisito (dos semanas después de volver de la Patagonia Run, y comentiendo todos los errores de principiante que pude). Luego de mi fallido intento, prometí reintentar al año siguiente.

En 2013 corrí esa dichosa ultra y llegué en menos de 10 horas y media. Al lunes siguiente fui a la compu a inscribirme, solo para ver que no quedaban cupos y que habían cerrado la lista de espera. Ok, ESPERARÉ OTRO AÑO MÁS…

Esta vez no quise dejar nada librado al azar. Me senté frente a la computadora, mirando fijamente el reloj para estar llenando mi solicitud en el minuto cero que abriesen las inscripciones. Pero le calculé mal al huso horario y en lugar de completar la ficha online al instante de que la habilitaron, lo hice 45 minutos después. A dos horas de iniciarse la inscripción, cubrieron los cupos y empezaron con la lista de espera. Esta vez les había ganado.

O eso creía. El formulario no adjuntó mis archivos donde demostraba que había corrido 10:14 hs en 2013, así que ni me tuvieron en cuenta. Pasaban las semanas y cuando vi que le habían confirmado hasta el último, sufrí. Empecé a averiguar, a preguntar, a molestar… se destapó que había un error en la programación de la web y terminé mandando mis adjuntos al Facebook personal de uno de los organizadores. A los pocos días, me confirmaron que me aceptaban.

Pero la historia no termina ahí. Porque para quedar fehacientemente inscripto hay que pagar 450 euros. Yo soy un afortunado porque pude cobrar un trabajo que hice afuera y le di el dinero a un amigo que tiene cuenta en España para que haga la transferencia. Fantástico. Lo hizo, me mandó el comprobante y se lo reenvié a la organización. El que no paga antes del 15 de mayo, pierde su lugar y entra alguno de la extensa lista de espera.

Pasaban las semanas, y yo no tenía noticias de mi inscripción. Preocupado, empecé a preguntar. Me pedían paciencia, la lista la actualizaban cada 2 semanas… pero yo seguía sin aparecer. Finalmente me confirmaron mi temor: no tenían registros del pago. Atribuyo la confusión a que el dinero llegó de una cuenta que no era mía, por lo que no lo asociaban conmigo. Tampoco había llenado una ficha (otra más) con los datos de mi equipo de acompañantes. Insistí, por supuesto, aclaré todo, y ahí sí me aseguraron que todo estaba en orden.

Dicen que hay que luchar por lo que uno quiere. Yo todavía no puedo creer las vueltas que estoy dando solo para estar inscripto… Poner un pie en la línea de largada podría ser más difícil que realizar la carrera misma…

Semana 30: Día 206: Organizando una carrera

Me tocó organizar una carrera por pura desesperación. Era abril de 2012, y un teléfono descompuesto entre la organización de la Espartatlón y yo me hizo creer que estaba inscripto para la edición de ese año. Cuando caí que no era así, los griegos no querían dar el brazo a torcer. Había lista de espera y yo ni siquiera cumplía con los requisitos para anotarme.

Como los hacía responsables de la confusión, pedí una excepción: correr 100 km en menos de 10 horas y media, que era una marca que me parecía alcanzable. La otra, 200 km sin límite de tiempo, me parecía demasiado.

Así nació la Ultra Buenos Aires, y tiempo después me enteré que existe un recital de música electrónica del mismo nombre. Entonces, nuestros abogados recomiendan llamarla Ultra Buenos Aires 100K.

Mi idea era simple: organizar una carrera para mí solo, fiscalizado por una organización que se dedicara a los eventos deportivos. Le pedí ayuda a Fede Lausi, de Salvaje Eventos, y el 28 de abril de 2012, si la memoria no me engaña, me lancé a la aventura.

Fracasé a los 70 km.

Al año siguiente le recordé a Lausi de la Ultra Buenos Aires 100K. Esta vez la abrimos al público y se hizo en un circuito de 25 km. Esa era la distancia mínima, y estaba la categoría half de 50 km y la ultra de 100. Ahí sí, con mi experiencia previa, nervios y algunos percances, logré el objetivo con algo de tiempo extra: 10 horas con 14 minutos. Éramos poquitos, por eso fui el único en terminarla. El resto fue abandonando o los frenaron cuando cayó la noche.

Nunca estuve del todo seguro de si la Espartatlón iba a aceptar esta carrera. O sea, todo el mundo me decía que sí, incluso voluntarios griegos a los que contacté por Facebook. Pero me había costado tanto que me permitía dudar de todo. Finalmente la aceptaron, avalando de ese modo a la Ultra Buenos Aires. La falta de cupo no me permitió anotarme en 2013, pero la tercera es la vencida y este año estoy adentro.

Yo podría dedicarme solo a entrenar, y considerar a la Ultra Buenos Aires 100K como una anécdota dentro de una historia que se sigue escribiendo, pero aunque quedó en manos de Salvaje (a quien le cedí el logo y todo) me sigue llamando… hay pocas ultras en plano donde poder buscar velocidad. Si te vas de las carreras en pista de 400 metros donde los competidores corren 24 o 48 horas, tenés que irte a la montaña, donde cumplir los requisitos de tiempo de la Espartatlón es imposible. No quisiera que desaparezca la única alternativa…

Hace unas semanas lo contacté a Lausi. “¿La volvés a hacer este año?”. Él no estaba del todo seguro. Tenía sus carreras del calendario oficial, ya instaladas y accesibles para un nivel de corredor más amplio. Pero a él también le picó el bichito del desafío. “¿Te parece? ¿Y en qué fecha?”. Así empezamos a hablar. Y quedó en que lo iba a pensar.

Podría haber quedado ahí. Pero hoy me escribió con ideas nuevas. Cambiar el formato, manteniendo los 100 km en plano. Ver un lugar nuevo. Un horario completamente diferente. Realmente me entusiasmó enormemente.

Por ahora son solo ideas. Hacerla en la segunda mitad del año. Y que sea el referente para todos los que quieran clasificar para la Espartatlón sin tener que recurrir a las carreras de 24 y 48 horas en pista. ¿Saldrá algo de todo esto? Ojalá que sí, y que sea una cita anual para todos los ultramaratonistas de Sudamérica.

Los mantendré informados…

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