Archivos Mensuales: marzo 2014

Semana 25: día 175: Una sencilla fórmula para mejorar

Probablemente pocos lo admitan, pero casi todos hemos jugado a un juego. Facebook es el culto al ocio, y alguno habrá caído en el Candy Crush. Supongamos que no, pero por ahí nuestros dedos intentaron derribar a los cerdos verdes del Angry Birds, o lograr hacer la mayor cantidad de combinaciones en el Bejeweld. Como sea, podemos encontrar una constante: al principio éramos muy malos.

Claro, uno podrá recordar que los primeros niveles los pasó sin mucha dificultad. Convengamos que al principio, cualquier juego es fácil (bueno, excepto el Flappy Bird). Cuando nos encontramos con la primera dificultad, ¿qué hacemos? ¿Abandonamos? ¡Claro que no! Seguimos intentando hasta mejorar. Antes de que nos demos cuenta, pasamos nivel tras nivel, y en cierto punto, al mirar atrás, nos damos cuenta de todo lo que avanzamos y de lo fácil que era todo en un principio (aunque no nos diésemos cuenta).

¿Me creerían si les digo que con el running es exactamente igual? Cualquiera puede correr una cuadra. Imaginémoslo como el primer nivel. Hacer tres, cinco, diez cuadras más es algo que no lo podríamos considerar inalcanzable. Y a medida que queremos llegar más lejos, se hace más difícil. Pero fracasando y volviéndolo a intentar, adquirimos experiencia. Nos volvemos mejores en eso. Y podemos pasar de nivel. Carreras de 5 km, de 10, media maratón… El juego no tiene fin, siempre y cuando uno siga practicando. Las recompensas son muchas. A más puntos de experiencia, más lejos podemos llegar.

¿Cuál es el límite? El que uno quiera. La ventaja de mejorar en el running por sobre un juego es que el cuerpo se adapta y mejora. Casi podría decir que en ambos uno desarrolla sus capacidades mentales. Uno aprende. No existen los errores, no importa si nos tenemos que bajar de una competencia o si perdemos vidas. Siempre podemos volver y aplicar eso que incorporamos.

La fórmula es extremadamente sencilla. Hay que soportar las frustraciones, la ansiedad, la impaciencia. Pero vamos a mejorar en cualquier cosa que pongamos nuestro empeño y que constantemente estemos volviendo. La clave es no abandonar. Mantenerse firme, y siempre pedir más.

Semana 25: Día 174: ¿Cuál es el objetivo de este blog?

Estoy preparando mails y presentaciones para conseguir auspiciantes que nos ayuden a viajar a Atenas en septiembre de este año. Por eso tuve que resumir (y repasar) varias veces cómo nació este proyecto y qué significa. Me pareció que estaba bueno compartirlo, porque recién cuando me senté a describirme y a describir a Semana 52 fue que me di cuenta de la importancia de esto que estamos haciendo:

Yo solía correr por mi cuenta, de forma errática y esporádica. En Agosto de 2010 se me ocurrió que podía dedicarme un año a entrenar en serio, con compromiso, comiendo responsablemente. Decidí volcar toda la experiencia en un blog diario y así nació Semana 52. Cuando completé el año me fui a correr a Grecia, solo, uniendo Atenas con la ciudad de Maratón. Esto no era una carrera, solo un capricho que hice al costado de la ruta. Aquella fue la segunda vez en mi vida que corrí 42 km.

Pero no quise que todo quedara ahí, a pesar de que había logrado mi objetivo de estar 52 semanas entrenando. Bajé muchísimo de peso, mejoré mis tiempos enormemente, y se armó una base de lectores que me incentivaban a seguir. Así que empecé el segundo año de Semana 52 con el objetivo de poder correr la Spartathlon un año después. Esta prueba es la más dura del mundo en cuanto a carreras de calle, son 246 km que unen Atenas con Esparta, y hay que hacerla en un máximo de 36 horas.

El salto era muy grande, y los requisitos para que me pre-aprobaran eran muy exigentes. Por ejemplo, tenía que haber corrido 100 km en 10 horas y media. Como no existía una carrera similar en Sudamérica, convencí a un organizador de eventos para que la hiciera, y así nació la Ultra Buenos Aires 100K. Pero venía muy exigido de otras ultramaratones y no lo logré. Recién en 2012 pude terminar la Ultra Buenos Aires 100K en 10 horas y 14 minutos. Lamentablemente el cupo de ese año estaba cubierto y recién me pude inscribir y que aprobaran mi currículum de corredor para este año.

La Spartathlon se corre el último viernes de septiembre. Llegué hasta acá con el apoyo de mi familia, amigos y mi entrenador, pero lo hice sin sponsor, y estoy asumiendo todos los gastos de mi bolsillo. Quizá sea un poco tarde para salir a buscar sponsors, pero estudié muchísimo esta carrera, y solo la pueden terminar quienes llevan su propio equipo para que, a partir del kilómetro 81, te asistan en cada puesto de control para que tengas toda la comida e hidratación que necesitás (además del importantísimo apoyo emocional).

Por lo que me decían necesito estar federado, y sinceramente ni siquiera sabía que existía una federación para corredores. Es más, quizá haya corrido carreras esponsoreadas por el gobierno sin saberlo. Creo que este proyecto es fabuloso, no por los cambios que surgieron en mí (como bajar mis tiempos de maratón en más de una hora), sino por lo que se llevan los que me rodean. Reconozco que empecé este mail diciendo que el proyecto era personal, pero es también grupal. Con el blog logré que muchos amigos empiecen a interesarse por hacer actividad física, a comer mejor, y siento que lo valioso de Semana 52 es que un tipo común y corriente, con sobrepeso, haya pasado de estar tirado en el sillón comiendo papas fritas a estar inscripto en la competición de calle más exigente del planeta. El mensaje que siempre quise transmitir es que solo hace falta ponerse un objetivo y salir a buscarlo. Si yo pude, todos pueden.

Semana 25: Día 173: Mi historia en la Adventure Race Tandil

Resulta que tengo un largo historial en las Adventure Race de Tandil. Mi primera experiencia fue en 2009, que además fue la segunda carrera en toda mi vida. Eran épocas MUY diferentes en mi vida. Corría una o dos competencias al año, las cuales me dejaban completamente destruido. En esta oportunidad corrí en postas, e hice la segunda mitad, que podríamos decir que es la más linda y a la vez la más dura. Fueron 13 kilómetros en un terreno totalmente nuevo para mí. El sol calentaba y me lo tomé con mucha calma, a pesar de que empecé acompañando a mi prima (compañera en el equipo de postas) y terminé dejándola atrás.

Si bien el recorrido cambió mínimamente, esta parte que hice quedó con muy pocas alteraciones. El final es sobre el lago, cruzando el dique (terreno firme, después de tanto tiempo de correr sobre rocas) y la escalera del final se termina convirtiendo en el momento más duro. Algo tan sencillo como subir unos escalones pasa a ser una prueba de coraje y determinación.

En 2010 finalmente pude hacer la competencia completa, de punta a punta. Este fue el año del nacimiento de Semana 52, y mi deseo de progresar física y mentalmente, pero eso todavía no había llegado. De hecho, en el mes de marzo esa idea ni siquiera se había gestado en mi cabeza. Simplemente disfrutaba de esta prueba y la quería hacer completa. Me confié en que por la mitad una gran cuesta permite descansar aeróbicamente, y no me di cuenta que llegar ahí con media carrera encima me iba a dejar muy cansado.

Releyendo en el Archivo del blog me encontré con que en esta oportunidad me caí al menos cuatro veces, producto del cansancio y de no estar acostumbrado al terreno. ¡Cuatro años después me sigue pasando! Por suerte nunca me lastimé, pero es algo que tengo que mejorar, en especial en las bajadas. En esta edición recordaba el final, bajando entre piedras para llegar a una parte de árboles, asfalto, el dique y las benditas escaleras, a las que parecía que cada año le agregaban escalones. Subí con mucho esfuerzo, incentivado por los tandilenses que aplaudían (y a la vez presionado para que no me viesen frenar o caminar). Trepé como pude y apuré el paso para cruzar la meta en la plaza. Ahí logré mi primera marca en una Adventure Race de Tandil completa: 3 horas, 44 minutos, 30 segundos. Es un tiempo destacable si tenemos en cuenta mi inexperiencia, y que estar corriendo todo ese tiempo, en el terreno que sea, es en sí una proeza.

Recuerdo en aquellas fechas que estaba discutiendo en foros de internet sobre el vegetarianismo, y algunos me discutían que los vegetarianos no podían hacer deportes de alto rendimiento. Yo puse esta carrera como ejemplo: había estado casi 3 horas y 45 minutos corriendo sin parar. La respuesta me devastó: 27 kilómetros no es considerado deporte de alto rendimiento (¿y quién me manda discutir y hacerle caso a una persona en la web que no hace deporte?).

El año 2011 me encontró inmerso en Semana 52. Ya venía escribiendo en el blog desde mediados de agosto, cinco meses después de haber hecho mi primera Adventure Race Tandil. Mi intención era mejorar mi marca. Estaba mejor entrenado y mejor alimentado, y podía notar esa diferencia. Ya había participado de más carreras, incluso había completado una maratón. Mi momento cúlmine en esa competencia de calle fue cuando pasé la barrera de los 27 km, algo que nunca antes había logrado. En esta nueva edición en las sierras tandilenses, tenía el objetivo de hacer marca. Ese año corrí con Marcelo, con quien compartíamos una velocidad muy pareja, y ganamos distancia al principio de la carrera. Me ayudó a exigirme, y supongo que yo también a él. Una congestión me hizo muy difícil respirar en la primera etapa, y recién pasando la mitad me sentí mejor. El recorrido lo tenía bastante conocido, aunque las cuestas de la segunda mitad me costaron bastante y con Marce las caminamos. Varias veces sentí que mis piernas estaban al punto del calambre. Pero ya antes de correr había decidido bajar mis tiempos, y me conformaba con mejorar unos 15 minutos. Después de la bajada que anunciaba la llegada a la ciudad, todo se hizo más fácil. Fue meterle pilas, trepar los escalones malditos, y esprintar hasta la meta. Cuando llegué, no podía más de alegría. Había llegado en 2 horas 58 minutos, abajo de las 3 horas y mejorando en 47 minutos mi marca anterior.

Volvimos, por supuesto, en 2012, corriendo codo a codo nuevamente con Marcelo. Esta vez Tandil nos agarró con más experiencia, pero nuestro exceso de confianza nos jugó una mala pasada. Arrancamos con todo, haciendo picos de 3:30 minutos el kilómetro. Nos comíamos las bajadas, era pasar y pasar gente. Ese ritmo… me aniquiló. No tenía aire, me era imposible seguir a ese amigo que SIEMPRE había demostrado tener un nivel similar al mío. Me llené de dudas. ¿Por qué no lo puedo seguir? ¿Qué hice mal? Lo dejé irse y me quedé meditando en silencio, buscando una explicación a mi falta de rendimiento. No era consciente de lo que nos habíamos quemado, pero como Marcelo estaba a mi mismo nivel, que él pudiera hacer algo que yo no podía era una mala señal para mí.

Una de las explicaciones que me di en ese momento era que él corría sin mochila hidratadora. Yo nunca había hecho una carrera larga sin ella. Hasta la maratón, que tenía puestos de hidratación cada 5 km, la hacía con mis propias provisiones. Esos dos litros de agua que uno carga en la espalda se convierten en dos kilos de peso extra, más cualquier alimento o abrigo que uno decida llevar. Por suerte para Marcelo, también llevaba Voltaren (Diclofenac en crema) y Árnica. En la cima de la gran cuesta de la mitad de la carrera me lo encontré a mi compañero, caminando, arruinado. Se había quedado sin agua y estaba completamente acalambrado. Lo asistí, le di de tomar, y cuando las piernas empezaron a aflojar, salimos con la promesa de no volver a separarnos. Habíamos ganado mucho terreno, pero lo cedimos en las cuestas. En la bajada de la cantera, donde uno toma velocidades supersónicas, Marce se sentía exigido, así que las caminamos. A pesar de eso, llegamos en 2 horas con 53 minutos, mi mejor marca. Quizá cabría aclarar que la distancia, como el recorrido había cambiado, se había reducido y pasó a ser de 26 km. Pero no importaba, lo que contaba era haber hecho mejor tiempo (tranquilamente ese kilómetro extra podríamos haberlo hecho por debajo de los 5 minutos).

Al año siguiente, 2013, fue por lejos una de mis peores experiencias en toda mi vida. No tuvo que ver con la carrera, sino con haber caído en las cabañas de un loco que odiaba a los porteños y nos echó de su complejo. ¿Cómo correr una carrera tan dura cuando el día anterior intentan pegarte por nada? En esa edición había decidido dejar atrás los intentos de superar mis marcas y corrí en equipo con mi ex. Como la pasé tan mal es una experiencia de la que recuerdo poco. Ella mejoró su marca en 15 minutos e hicimos un tiempo de 3:57 hs. Pero no pude disfrutar de la experiencia. Aunque quería tomármelo con calma, en las cuestas quería apurarme y, como estaba en un equipo, no podía hacerlo. Es difícil correr acompañando, no todos son capaces de hacerlo. Requiere una madurez mental que, en ese entonces, yo no tenía.

Y el domingo pasado hice mi última incursión, intentando mejorar mi tiempo de 2012 y olvidar mi experiencia de 2013. El cambio más notorio fue que la carrera se me hizo más corta, seguramente por un cambio de percepción en mí. La disfruté tanto que la correría de nuevo mañana mismo. De hecho ya estuve pensando mucho en las cosas que me pasaron, lo que hice, y qué cambiaría. Evidentemente mi punto más flojo son las bajadas, no las encaro bien y pierdo mucha velocidad. Pero también descubrí que gano muchísimo terreno en las subidas, que las puedo hacer trotando (a menos que requieran que uno trepe). Fue también mi primera Tandil corriendo sin mochila hidratadora, solo con lo que cargaba en el cinto, en la mano, y en los puestos. Hacer una carrera veloz además me sirvió para depender menos del agua. El hecho de que haya llovido mantuvo baja la temperatura del cuerpo, con calor seguramente hubiese sufrido un poco más la deshidaratación. Pero todo salió excelentemente bien, aunque me caí un par de veces y me torcí el tobillo derecho seis veces (siempre es el mismo pie… eso debe significar algo). Hice 2 horas 29 minutos, mucho mejor de lo que me esperaba. Y mis tropezones me dan la pauta de que si domino la cuestión de las bajadas, podría mejorar mi tiempo un poco más. ¿Cuánto? Lo sabré con el correr de las próximas ediciones…

Semana 25: Día 172: ¿Cuánto cuesta ir a la Espartatlón?

La Espartatlón (Esparta+Atenas+Londres, en honor a los británicos que la crearon) es una carrera económica, si se tiene en cuenta que en su costo de inscripción está incluido el hospedaje en la Villa Olímpica (del miércoles anterior a la prueba al lunes siguiente, junto con todas las comidas), y la asistencia en los 75 puestos de control. La logística de una prueba así, independientemente de que la participación está acotada a 380 corredores, es monstruosa, y dudo que haya un interés netamente monetario para realizarla.

Pero claro, no es económica para un atleta de Sudamérica, o de puntos alejados del mundo.

Los griegos  la tienen más fácil, ya que se pueden desentender del tema del traslado, del idioma y, quizá, de hospedaje. No están pasando por un buen momento en su propio país, y seguramente esta carrera sea solo para los helénicos con mayor poder adquisitivo. Ser locales les debe jugar a favor, porque conocen el terreno y pueden entrenar cuando quieran. No por nada el récord mundial de la Espartatlón es de Yiannis Kouros en 20 horas con 25 minutos (él es, además, el único cuádruple campeón de esta competencia bestial). La inscripción, para ellos, tiene un costo mucho más bajo por ser organizadores, menos de la mitad que para el resto del mundo.

Los alemanes y japoneses, junto a los griegos, son los otros países que tienen un cupo máximo de inscriptos: 40 corredores. No casualmente son gente de alto poder adquisitivo y buen pasar económico. Esto les permite participar de cualquier carrera que se les antoje, así que no les deberían preocupar los costos.

Los argentinos, en cambio, la tenemos bastante más complicada. Nunca tuvimos una relación favorable con el Euro, moneda que nació casi en simultáneo con el fin del infame “1 a 1” entre el peso y el dólar. Actualmente la cotización oficial establece que 1 euro equivale a 11 pesos. Si bien para un griego una inscripción de 450 euros no significa lo que para nosotros sería desembolsar 450 pesos, la conversión hace que el precio se dispare para nosotros: casi 5 mil pesos. Si realizamos una transferencia internacional supongo que ese sería el costo oficial, ya que no puede pagarse con tarjeta. Por la situación económica y bancaria de la Argentina, tengo entendido que el año pasado la organización hizo una excepción con nuestro país y permitió que esto se abonase en efectivo allá (el límite para no perder el lugar es pagar el 15 de mayo).

Después de haber pagado la inscripción, deberíamos preocuparnos por los pasajes aéreos. La opción más barata, a mi juicio, es comprar un pasaje a Madrid y luego un vuelo “low cost” a Atenas. No existen servicios directos, y las conexiones son más costosas que haciéndolo así. De paso uno puede pasear un poco por esta hermosa ciudad. En mi caso quizá lo haga vía Roma, para poder visitar a los Casanova que viven en Italia. Suponiendo que elija esta última opción, la ida sería en temporada alta, lo que tampoco lo haría demasiado barato. Supongamos que salimos el jueves 18 de septiembre (la carrera es el viernes 26) y tengamos el regreso el jueves 2 de octubre (no viajar en fin de semana o en lunes abarata los costos) tenemos un vuelo directo en Aerolíneas Argentinas por $18.263, que ya incluye el recargo del 35% al turismo. Esto equivaldría a 1660 euros, cotización oficial.

Pero esto no nos pone todavía en Atenas. El vuelo low cost más barato, después de visitar a Rocco y Ana María Casanova, sería de $1171,20, más el 35% de recargo al turismo y compras con tarjeta al exterior termina quedando en $1581,12, o 143 euros.

En Atenas vamos a necesitar alquilar un auto. Si bien hay transporte público muy accesible y no demasiado caro desde el aeropuerto, a partir del kilómetro 81 puedo tener asistencia de un equipo acreditado… debería decir que “necesito” asistencia… Es lo que diferencia a los corredores que logran terminar la Espartatlón de los que la tienen que abandonar. En promedio el alquiler de un coche está en 200 euros, o 2200 pesos.

Ahora que mencioné al equipo, considerando que los necesito para dos tercios de la carrera, que podría transformarse en 24 horas… ¿de cuántos debería ser? ¿Aguantarían dos personas estar un día entero yendo de acá para allá, en un auto alquilado? Yo creo que no, que lo mejor sería dividirlo en turnos. ¿De cuánto? Ocho horas me parece lo ideal, lo que arroja que necesitaría a seis personas, a menos que se vayan rotando mientras van descansando. ¡Quizá lo que haga falta sería una casa rodante en lugar de un automóvil! Eso sin duda influiría en el costo. Pero supongamos que lo cerramos en seis personas. Los costos de pasajes se multiplican por ese número, o sea que estamos hablando de $138.908,84, solo de pasajes.

Hospedaje para estos pobres santos que se encargarán de que durante 24 horas coma y beba lo necesario, como así también que no me caiga anímicamente y pueda terminar la competencia. Por unos 20 euros uno podría acomodar a su equipo en la Villa Olímpica, y hay hostels con un costo similar si nos quedamos fuera del período establecido por la organización. Para 12 días hablamos de $21.384 como barato, más los 6 días que no tengo cubiertos por mi inscripción a la Espartatlón, el costo asciende a $23.166.

Sumémosle ahora las comidas y traslados, porque aunque hayamos alquilado un coche, somos al menos 7 personas. Entre comer afuera (que no es lo más barato) y comprar en supermercado, podemos hacer un estimativo de unos 20 euros diarios. Aunque yo tenga las comidas de la Villa Olímpica por seis días, difícilmente sea vegana o integral, así que me sumo en ese costo extra. Redondeando, calculando el recargo al turismo, para siete personas, hablamos de unos $25 mil extra.

A efectos de cerrar en un número que no sea tan monstruoso, voy a dejar gastos paralelos, como el equipo y elementos de carrera (zapatillas, medias, calzas, anteojos de sol, gorro, protector solar, comida de marcha). En total estamos hablando de un piso de $194.300 pesos, o 13.080 euros tarjeta. Por supuesto que esto es el dinero que necesitamos reunir entre varios, no solo yo. Se va cerrando el concepto de que sí o sí necesito tener uno o varios sponsors que nos ayuden a afrontar todos estos costos. Hay algunas puntas, una presentación que hice (y que sigo puliendo), y poquísimo tiempo para que circule.

El “pitch” del proyecto es simple: este no es un sueño personal, sino algo compartido. Somos varios los que queremos llevar esto de “cualquiera con determinación y paciencia puede cumplir sus metas” a un plano real. ¿Es difícil? Muchísimo. ¿Se puede hacer? Claro que sí. Hay que buscarle la vuelta…

Semana 25: Día 171: La Adventure Race Tandil por los chicos

María de los Ángeles vive en Tucumán, y decidió ayudar a los chicos que luchan contra algunas enfermedades (de esas complicadas) a través del deporte. Para ello coordina la fundación Espera por la Vida, que pone en contacto a corredores con chiquitos que dan pelea todos los días.

Yo ya corrí representando los ideales de Espera por la Vida, y casualmente en una oportunidad coincidió con la Adventure Race Tandil del año pasado. En la Media Maratón de la Ciudad de Buenos Aires 2013 hice extensiva esta actividad a los Puma Runners, y me conmovió ver cómo todos se engancharon.

Como dice mi amigo Juanca, embajador desde Venado Tuerto de Espera por la Vida, “tu poco es mucho”, y que tengamos presente a estos chicos ayuda a sus familias a sentirse acompañados, y también a estos pequeños valientes que pueden ver que hay gente que no conocen que igual los alientan a seguir luchando.

En aquella oportunidad de la Media Maratón, Juanca nos había armado unas pulseras, pero esta vez quedaba en nosotros ver de qué manera teníamos presente a Victoria, que sufre de Esclerosis Múltiple, y Francisco, que espera un transplante de médula ósea. Finalmente decidimos hacer carteles con cartulina y escribir “Corro x Vicky y Fran” en nuestro número dorsal. Para mí es muy valioso que en el grupo se corte el clima de viaje de egresados para dedicarle unos minutos a armar esto y después a sacarnos fotos para que los nenes y sus familias las puedan ver (mientras escribo esto todavía no las tengo en mi poder). Así llevamos sus nombres a las sierras de Tandil, donde cada uno de los doce Puma Runners tuvo presente a estos pequeños guerreros.

Creo que cada uno se involucra como le sale en estas situaciones. Yo los tuve presentes a Francisco y Victoria en mi cabeza, y no podía evitar pensar cómo nos hacemos problemas por tonterías mientras un niño de 5 años pasa por una enfermedad que les hace tan difícil su infancia. Ellos no eligen pelear por su vida, pero esa es su realidad, y no conocen otra cosa más que resistir. Su familia pone todo su esfuerzo físico, emocional y económico por ellos. A mí me pone en una perspectiva diferente nuestra realidad personal. Porque nosotros sí tenemos oportunidades, sí elegimos si vivimos en forma saludable o no, si nos esforzamos más allá de lo que dicta nuestra cabeza o si nos rendimos. Si ellos no tienen opción de rendirse, ¿cómo puedo darme el lujo de hacerlo yo?

Como buen inconformista, nunca estoy del todo seguro si esto que hacemos ayuda o no. María de los Ángeles, desde Tucumán, y Juanca, desde Venado Tuerto, creen que sí. Confío en ellos e intento llevarlo un poquito más allá del cumplimiento del deber. Por eso, si te gusta correr y querés apadrinar a un chico en una carrera, te pido que busques a Espera por la Vida en Facebook. Quizá con nuestro poco estemos haciendo una diferencia.

Semana 25: Día 170: Los 25 km de la Adventure Race Tandil 2014

Otro año, otra Adventure Race en Tandil. Esta es una de las carreras que más me gustan del cronograma anual. Es un recorrido duro, técnico, apto para muchos niveles de corredores.

Primero, las críticas. Nuevamente el Club de Corredores desperdicia la charla técnica y hace una actividad aburrida y poco didáctica. Fui a acompañar a los chicos de los Puma Runners que corrían por primera vez, y me sirvió para recordar por qué había decidido no ir más a una de estas charlas.

El evento empezó muy arriba, con el tema “Life is life”. Después, en cuádruple pantalla proyectaban imágenes de una carrera de montaña alternado con un video en vivo de U2. Como edición era impecable y emotivo… pero lo que mostraban era El Cruce de los Andes. Una larga y poderosa publicidad. Y luego, nada más. ¿No hubiese sido mejor ver imágenes de años anteriores de la Adventure Race Tandil? ¿Realmente creían que queríamos ver eso? Fue una oportunidad muy desaprovechada. Después del spam vino una charla que empezó con “Vamos a hacerlo rápido para que no sea aburrido”. Las pantallas, apagadas. Nada de lo que se dijo del recorrido o de los consejos se acompañó con imágenes. Para haber sido la 15a edición, creo que los corredores merecíamos otra cosa.

Como otros años, al final de la carrera regalaban cerveza. Pero mientras antes solían darte comida (una bebida y una hamburguesa) esta vez solo había un puesto de venta. Entiendo que regalen productos de sus sponsors (en el kit venían sus botellas de Terma), pero es hora de que dejemos de caretear que el alcohol tiene algo que ver con el deporte. Tomar cerveza antes o después de correr es un error que una entidad como el Club de Corredores debería ayudar a desterrar. Sí, hay gente que se motiva y sueña con tomarse una fresca en la meta, pero solo se hacen bolsa el hígado. Tandil no es una carrera sencilla. Es exigente y hay que acompañar con alimentos y bebidas afines.

Y esa dependencia de los sponsors hace que el agua que den en todo el recorrido sea de bajo contenido de sodio, algo malísimo para un deportista que, a menos que sufra hipertensión, necesita mantener los niveles electrolíticos de la sangre. Me da mucha pena que con tanta experiencia y recursos, esto pase todos los años.

Lo único que me llevé de esta charla fue que un tramo iba a ser nuevo y que ellos no recomendaban correr sin mochila. Por primera vez quería hacerla solamente con cinto hidratador y complementar con los puestos. Era jugado, pero me tenía fe.

Preparé mis cosas la noche anterior, para lidiar con la ansiedad. Me había comprado una botellita de Powerade para llevar en la mano. En las dos caramañolas del cinto puse Gatorade (no me caso con ninguna marca), y con eso completé un litro de bebida isotónica. En un bolsillo cargué pasas de uva, y listo. Si hacía rápido, con eso me iba a alcanzar.

Nos levantamos temprano y desayunamos muy bien. Lo mío fue 100% vegano: avena instantánea con pasas de uva y banana, hidratado con leche de soja. Además agua, y después me sumé con los Puma Runners y me tomé un mate cocido.

La mañana estaba fresca y nublada. A lo lejos se veían nubes de lluvia. Igual decidí correr sin abrigo, y ya que estaba sin anteojos. Lo más minimalista posible. Llegamos a la largada, que explotaba de gente, nos sumamos a la cuenta regresiva y largamos.

Esta vez quise salir con los chicos, que tienen la costumbre de llegar sobre la hora y arrancar al fondo. “¿Qué se siente empezar con la plebe?”, me chicaneaban. “Me estoy muriendo”, les confesé.

La salida, en la Plaza Independencia, pasa por debajo de un arco al que le decimos “El Castillo”, y enseguida empieza a subir. Hice lo posible por ganar posiciones y salir del pelotón. Pasé finito por el costado, sobre empedrado, subí al pasto, apreté cuando la gente empezaba a caminar… Estaba descansado y creo que tengo una buena técnica para subir cuestas, así que me la jugué, preocupado de si eso no me iba a quemar como en 2012. Me exigí, pero pude sostenerlo.

En las cuestas, corría. Descubrí que eso me daba ventaja. Las primeras bajadas eran en calles de tierra, por lo que abría la zancada y me tiraba de cabeza (en sentido figurado). Las caramañolas del cinto me molestaban, así que me las tomé al principio como para aliviar el peso (y funcionó).

El cambio en el recorrido fue sutil. Varió un poco el paisaje, pero no el terreno. Ripio, pasto, tierra, piedras. Como había llovido, teníamos el agregado de bastantes charcos. Muchos le esquivaban al barro y buscaban el centímetro de calle seca. “¿A qué vinieron?”, les pregunté. “¡Esto es una carrera de aventura!”.

No tenía en claro cuánto iba a tener piernas, pero aguantaron. Ataqué las cuestas y mantuve en los llanos. El problema empezó cuando la tierra dejó paso a las piedras. No sé exactamente cuándo fue, pero en un momento me torcí el tobillo derecho. Y después de nuevo. Y otra vez. Eso es señal de que estoy yendo demasiado rápido.

En un momento, empezó a llover copiosamente. Yo había decidido correr sin abrigo, así que no me quedó otra que aguantar. Igual refrescaba y eso ayuda a bajar la deshidratación.

Un poco después de la mitad, pasando el segundo puesto de hidratación (que sí tenía Gatorade), empezaba la trepada más grande. Éramos pocos, una señal excelente que indicaba que estábamos en la punta. Este año, como siempre se hace un embudo en esta etapa, decidieron bifurcar la subida en tres caminos. No en nuestro caso, que hicimos el trayecto habitual. Con respeto y pidiendo permiso, pasé a algunos corredores, pero igual no pude ir a mi verdadero ritmo.

Fue la etapa más lenta y también algo frustrante. Pero lo peor fue correr entre las piedras, porque por supuesto me caí de cara a las rocas. Después en las bajadas me dio una especie de pánico. Algunas piedras patinaban con el agua de lluvia y no sabía cómo encararlas. Además sentía que me iba a matar. Entre las patinadas, tropezones y el miedo a lastimarme, empecé a bajar muy lentamente. Hasta ese momento había venido casi exclusivamente pasando gente. En las bajadas perdía posiciones, cuando alguien no me pasaba por encima. Uno se apoyó en mi espalda para pasarme, algo que no me molestó tanto por la clara falta de respeto, sino la inconsciencia. Nos podíamos haber matado.

Pero a todos los que me pasaban volando en las bajadas, los alcanzaba en las subidas. Salvo en un par de tramos que me parecía imposible, siempre hice las cuestas trotando. Cuando tenía que subir caminando, lo hice dando largas zancadas. El entrenamiento con los Puma Runners me rindió sus frutos.

Pero las bajadas eran muchas. La única que pude hacer corriendo fue la de la cantera, un largo zig zag donde casi volé. Como esta carrera ya la había hecho cinco veces, conocía un poco el terreno y podía adelantar qué se venía y cómo encararlo. La gran bajada, antes de llegar al bosque que anticipa el último tramo de rocas, intenté hacerlo rápido, pero las piedras eran enormes y en punta. Mientras bajaba, me sostenía en los pastizales y las plantas. Los corredores más experimentados (o los más osados), me pasaban silbando por al lado. Fue dura esa bajada, no terminaba más.

Llegar al asfalto fue un alivio inmenso. Finalmente pude correr como quería, y crucé el dique a toda velocidad. Del otro lado esperaba esa escalera mortal de unos quince escalones. Subí como pude, tomé el camino de tierra y luego el pasto, con los gritos y la murga de la llegada sonando alto. Le puse todo lo que tenía, y crucé la meta en 2 horas y media, con el gps marcando 25,3 km. Por supuesto grité “¡¡¡¡ESPARTAAAAA!!!!”, y me sentí muy feliz de bajar más de veinte minutos mi mejor tiempo.

Después de comer algo e hidratarme, me hice un kilómetro de vuelta para encontrarme con Mery, nuestra fotógrafa, que tenía algo de abrigo. Me la banqué todo el camino pero cuando frené, me empecé a congelar. Y ahí me quedé con ella, esperando a los Puma Runners y alentando a los corredores que le ponían toda la garra para terminar. Terminé de esa manera, feliz por mis logros y felicitando al resto por el de ellos. Por más que el Club tiene muchas cosas por mejorar, Tandil es un escenario espectacular para correr y superarse.

Semana 25: Día 169: Acreditándonos para la Adventure Race Tandil

Han sido días difíciles para actualizar el blog… pero no para relajarme y disfrutar con amigos. Habiendo pasado un día en Mar del Plata, llegamos a Tandil, donde el clima nos recibió con frío y lluvia… un pronóstico para el que no me había preparado. Me puse el poco abrigo que tenía y me la banqué…

Como en todos los viajes, mi principal dolor de cabeza es la comida. En realidad es difícil coordinar cualquier actividad que involucre a muchas personas. Yo, que de vegetariano pasé a vegano y de ahí a no querer comer alimentos procesados, tengo que hacer algunas concesiones por el bien común. Pero más allá de eso, todo ha salido muy bien y nos estamos divirtiendo mucho.

En la cabaña que caímos este año somos once personas. No todos nos acostamos la misma hora, ni nos levantamos a desayunar juntos. Llegar todos a la acreditación es una proeza, y hoy lo logramos. Llegamos a las doce, más o menos cuando otras mil personas decidieron ir. Nos entregaron un número, como una sala de espera pero de deportistas impacientes y ruidosos, y tuvimos que esperar cuarenta lugares.

Tandil es una carrera hermosa y la logística durante el evento está muy aceitada, pero la acreditación es siempre un caos. Nuestro liberado nunca les figura y hoy me dijeron que tenía que pagar $325. Después que había una deuda del equipo de $200, cuando había pagado yo personalmente lo de todo el grupo. Para el liberado solo había talles L y XXL. ¿Para qué hacen tantas remeras tan grandes? ¿Acaso hay muchos corredores extra extra large que corran carreras de aventura? ¿No se dan cuenta que los atletas son en su mayoría talle M? O sea, es siempre el tamaño que se acaba…

Cuando resolvimos todo este embrollo (en su defensa, la gente de la organización es paciente y atenta) retiramos todos los kits. El contenido depende de los sponsors. Los cereales te los acepto, pero los dos botellones de Terma y el vaso plástico me parecieron mucho. Tampoco me enloqueció la sal baja en sodio que regalaban. Otros años entregaban fideos, cosa que me parece tenía mucho más sentido para fomentar la cena con hidratos. Es cierto que en otros años regalaban cerveza, cosa que me resultó cualquiera, pero bueno… no sé con qué nos encontraremos en la charla técnica.

Estoy con muchas ganas de correr. Mañana largamos a las nueve de la mañana. Es probable que haga frío y que con el correr de las horas suba la temperatura hasta volverse muy agradable. Mañana, si el wifi o el 3G me lo permiten, les contaré…

Semana 24: Día 168: ¡Hola, Tandil!

Llegamos finalmente a la ciudad de Tandil, luego de un día entero en Mar del Plata. La pasamos muy bien, y descansé como merecía. Se me complicó mucho para comer vegano, porque al quedarnos en un hotel no pude cocinarme.

Todavía estoy recuperándome. Espero mañana pones al tanto…

Semana 24: Día 166: ¡Adiós, Buenos Aires!

En pocas horas me voy con mis amigos rumbo a Tandil, en lo que será la antesala de la Adventure Race. Para lograr esto que parece tan fácil, estuve trabajando a destajo, incluso sin dormir ni entrenar el miércoles, cosa que detesto profundamente.

Pero es un pequeño precio a pagar por esta escapada con los Puma Runners. Si hay wifi, sabrán mucho más de mí. Si no… veré qué invento con el celular. Se viene una de las carreras más lindas del año…

Semana 23: Día 165: Consejos para la Adventure Race de Tandil

En nada más que cinco días tendrá lugar la Adventure Race de Tandil. En una época le decíamos “La Merrell”, y yo sin caer en que era solo un sponsor. Hoy aupicia Terma, pero para no encariñarme con una marca, mejor no seguir mencionándola…

Esta carrera es muy especial para mí. Fue una de las primeras que hice, cuando recién estaba empezando a correr. Era 2009, llevaba menos de un año en el grupo (LionX), y me mandé a hacer la segunda mitad, que para mí era un montón. Recuerdo hacerla tranquilo, con mi prima Vero, disfrutando del sol y del paisaje. Era parte de un equipo de postas, me tocaba la última, pero decidí acompañarla e ir juntos. Al rato me mandó para que siga solo, así que terminé haciendo mi propia experiencia.

No me pareció un desafío bestial, a pesar de que no había corrido los 27 km completos. Pero no tuve en cuenta algo, que sí viví en 2010, y es que con piernas descansadas, cualquiera se hace el guapo. La mitad de esta carrera de aventura entre las sierras de Tandil tiene muchas subidas, lo que obliga a hacerlas caminando. Es el momento ideal para la recuperación aeróbica, por lo que me pareció razonable meterle pata y, justo cuando está la peor cuesta de todas donde se arma la filita de hormigas que somos los competidores, aprovechar para recuperar el aire.

Claro que… llegar con piernas cansadas hace todo mucho más complicado… Aprendí entonces que el secreto es ser moderado. Sí, la primera mitad tiene más llano, asfalto, caminos de tierra… permite acelerar. Pero quemarse en esa etapa es una tontería, porque todavía queda lo más difícil. Y casualmente eso que resulta dificultoso es a la vez la parte más divertida. Uno llega a ese punto cansado, pero ahí empiezan los mejores paisajes, la verdadera aventura, el desafío. Diría que conviene hacer la primera mitad más lento de lo que uno querría para largarlo todo después, pero ¿cómo aguantarse en esas rutas de asfalto y no intentar ganar terreno ahí? Hay que buscar el equilibrio, o bancarse las consecuencias.

Las cuestas, como su nombre sugiere, cuestan bastante. Ya la largada es subiendo en un serpenteo que parece infinito. Yo sugeriría aprovechar esa frescura y la adrenalina de la salida para posicionarse mejor. Es muy probable que casi toda la carrera tengamos a alguien adelante y nos veamos en la obligación de seguir su ritmo. Las piedras hacen que rebasar a otro pueda tornarse peligroso, no solo para uno sino para los demás. Por eso, salir rápido y separarse del pelotón puede rendir sus frutos después… si no terminamos quemándonos. Esa subida es complicada, quema las piernas, y tranquilamente puede ser un kilómetro o más. Después llega una bajada larga y empinada, donde la gravedad hace gran parte del trabajo y podríamos llegar abajar pulsaciones y recuperar aire ahí mismo.

Correr con bastones me parece una exageración, a menos que quieras usarlos para practicar en una inminente carrera en montaña. Las subidas, excepto la que está justo en la mitad, no son complicadas, en absoluto. Y esa trepada entre las rocas es muy breve. Lo que sí es más complicado son las bajadas. Seguramente veremos a muchos mandarse a los saltos, como si no tuviesen miedo de lastimarse. Es probable que estas personas sean oriundos de Tandil, o que estén acostumbrados a correr en montaña. Las piedras son el principal problema, caerse puede costar muy caro. Las frenadas de la bajada también tienen un costo alto para las piedras. Creo que el desgaste está acá y no tanto en las bajadas. Los cuádriceps y las rodillas son los que más van a sufrir. Bajar de costado ayuda, pero no del todo.

Si bien hay puestos de hidratación (tres en el recorrido, separados cada 7 km aproximadamente, y uno en la meta), estos no alcanzan. Lo ideal es correr con hidratador o baticinturón. También podría sugerir la técnica de beber bastante en los puestos (un par de vasos de bebidas isotónicas) y llevarse una botella de agua en la mano por si nos da sed en el trayecto. Si nos caemos y nos lastimamos, ¿qué hacemos ahí tirados, sin agua? La buena hidratación previene los calambres, algo muy común en este tipo de carreras. Puede parecer que correr con una botella en la mano es incómodo, pero mucho peor es deshidratarse. El momento ideal para beber, como también para comer, es en las subidas, donde el terreno nos obliga a bajar la velocidad.

Hablando de comer, cada uno debe hacer su propia estrategia, probada antes de la carrera. Los geles son una opción, aunque yo me estoy decantando por cosas más naturales. Tenemos la comida de asimilación rápida, para lograr una subida veloz (azúcar, pasas de uva) y las de asimilación lenta, que son mejores porque van largando la energía paulatinamente (geles, hidratos de alimentos enteros como las legumbres, la papa, etc).

Quizá haga pinole para esta carrera, y si no me arreglaré con pasas y bebidas isotónicas. Pienso hacerlo lo más rápido posible y buscar hacer mi mejor tiempo. Mi marca anterior es de 2 horas 53 minutos, y sé que he corrido sin necesidad de geles en un período similar.

El consejo más importante que podría dar es el de ser respetuoso. Este tipo de competencias atrae a muchos corredores, hay muchos nervios y además de cuidarnos a nosotros tenemos que cuidar al otro. Alguna vez casi me hacen caer porque alguien decidió que quería apurarse y tomó un camino lateral, en lugar del marcado por la organización. Otra forma de respeto es el de no tirar basura en el camino, como envoltorios de geles, barritas, etc. Lo mejor de estas carreras es el contacto con la naturaleza… ¿para qué arruinarlo? Me fastidia el caminito de basura que van haciendo los de adelante. Creo que la ética del buen corredor amerita el cuidado del medio ambiente. La basura al bolsillo, que en la llegada o en el hotel la podemos tirar.

A %d blogueros les gusta esto: