Semana 27: Día 184: Feliz cumpleaños, Batman

Hoy, pero hace 75 años, se publicaba una revista de historietas que, no exagero, cambiaría al mundo para siempre. Se trataba de Detective Comics #27, que como su nombre indica, era una publicación dedicada a los policiales y al crimen. Un pibe llamado Bob Kane ideó, junto a sus amigos Bill Finger y Jerry Robinson, a un personaje al que le puso de nombre Batman.

El encapotado es conocido por prácticamente todo el mundo. Pero pocos saben que en su primera historia, no sabíamos que Bruce Wayne y Batman era la misma persona hasta la última viñeta. En el año 1939 esto de los superhéroes era algo absolutamente nuevo. Un año antes había debutado Superman, que había resultado ser un tremendo éxito, así que la National, editorial que después se convirtió en DC Comics, le pidió a Kane que ideara otro superhéroe. Basado en ese encargo, tomó inspiración de la máquina de volar de Da Vinci (que remite a las alas de un murciélago), como así también al Zorro y The Bat, personajes que él veía en el cine.

Hablamos del principio del género que hoy le da de comer miles de millones de dólares a Hollywood. En ese entonces no había escuelas de historietas. Casi todos los artistas eran autodidactas, y copiaban fotos o poses de otras historietas, algo que hoy consideraríamos un escándalo, pero que en su momento fue parte del proceso de aprendizaje.

Batman también fue un éxito, y su tono oscuro, a tono con un cómic de “detectives”, se parece más al personaje que interpretó Christian Bale en la trilogía de Christopher Nolan que al de Adam West de los ’60, que había nacido con la intención de ser un programa humorístico para adultos y se volvió un éxito entre los más chicos.

El hombre murciélago marcó una guía sobre cómo serían los héroes por venir. El joven compañero, la guarida secreta, el auto y los accesorios tecnológicos… Batman inventó todo eso. Nunca me va a dejar de llamar la atención cómo, en un principio, este héroe escapaba de la policía y era el terror de los criminales, para que en los ’60s terminara convirtiéndose en una parodia de sí mismo, un poco ridiculizado y hasta asociado con las fantasías homoeróticas que tiene la gente reprimida.

Cuando me enteré de que estaban haciendo una película sobre Batman, me volví loco. A fines de 1989 no existía internet. Nos enterábamos todo por la tele o el diario. La realización de un largometraje de aquel héroe que me encantaba me abrió las puertas del cine. Yo en ese entonces ni siquiera sabía quién era Jack Nicholson, mucho menos Michael Keaton, Kim Basinger o Tim Burton. Solo lo tenía a Jack Palance de “Créase o no, de Ripley”. Oliendo el éxito, editorial Perfil comenzó a publicar una historieta llamda “Batman y los Outsiders”, y ahí empecé a coleccionar. Eso derivó en que me quisiera dedicar al dibujo, que a su vez derivó en que terminara estudiando diseño gráfico, lo que me llevó a editar.

Todo hubiese sido circular si hubiese terminado trabajando en las ediciones locales de Batman, pero no pudo ser. Terminé traduciendo y haciendo labores de editor en las versiones nacionales de Marvel Comics, que es la editorial competencia de DC. Por eso, por ahora, mi afición a Batman sigue siendo algo que no ha sido contaminado por las obligaciones laborales.

Bruce Wayne, a quien la traducción mexicana decidió rebautizar como Bruno Díaz, es el máximo paradigma de enfoque y determinación. Dedicó años a prepararse física y mentalmente para cumplir su objetivo. Lo que el cine no se encargó de transmitir es que la motivación de Batman no es vengar la muerte de sus padres, porque si así lo fuese, cuando el Joker muere al final del film de 1989, hubiese logrado su objetivo. En verdad lo que Batman busca es que nadie en su ciudad pase por lo mismo que él: la tragedia de perder a un ser querido a manos del crimen.

No he llegado al extremo de correr una carrera disfrazado de superhéroe, pero no me olvido de dónde vengo, qué cosas me marcaron, y sin dudas Batman tiene que ver con la decisión de mi profesión. Como si fuera poco, nos ha dejado una promesa: cualquiera que tenga paciencia y dedicación puede mejorar su cuerpo y llevarlo a su límite. O sea, con años de entrenamiento, cualquiera podría ser Batman, mientras que para ser Superman haría falta haber nacido en otro planeta, o cierta araña radioactiva para convertirse en Spider-Man.

75 años, 8 largometrajes (uno en camino, donde se enfrentará a Superman), infinidad de series animadas e incontables historietas. Y la eterna promesa que vivieron generaciones anteriores, la actual y las que vendrán, de que aunque sea de noche y entre las sombras, siempre existirá un rayo de esperanza.

Publicado el 30 marzo, 2014 en Batman, Espartatlón III semana 27, off topic. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

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