Semana 25: Día 173: Mi historia en la Adventure Race Tandil

Resulta que tengo un largo historial en las Adventure Race de Tandil. Mi primera experiencia fue en 2009, que además fue la segunda carrera en toda mi vida. Eran épocas MUY diferentes en mi vida. Corría una o dos competencias al año, las cuales me dejaban completamente destruido. En esta oportunidad corrí en postas, e hice la segunda mitad, que podríamos decir que es la más linda y a la vez la más dura. Fueron 13 kilómetros en un terreno totalmente nuevo para mí. El sol calentaba y me lo tomé con mucha calma, a pesar de que empecé acompañando a mi prima (compañera en el equipo de postas) y terminé dejándola atrás.

Si bien el recorrido cambió mínimamente, esta parte que hice quedó con muy pocas alteraciones. El final es sobre el lago, cruzando el dique (terreno firme, después de tanto tiempo de correr sobre rocas) y la escalera del final se termina convirtiendo en el momento más duro. Algo tan sencillo como subir unos escalones pasa a ser una prueba de coraje y determinación.

En 2010 finalmente pude hacer la competencia completa, de punta a punta. Este fue el año del nacimiento de Semana 52, y mi deseo de progresar física y mentalmente, pero eso todavía no había llegado. De hecho, en el mes de marzo esa idea ni siquiera se había gestado en mi cabeza. Simplemente disfrutaba de esta prueba y la quería hacer completa. Me confié en que por la mitad una gran cuesta permite descansar aeróbicamente, y no me di cuenta que llegar ahí con media carrera encima me iba a dejar muy cansado.

Releyendo en el Archivo del blog me encontré con que en esta oportunidad me caí al menos cuatro veces, producto del cansancio y de no estar acostumbrado al terreno. ¡Cuatro años después me sigue pasando! Por suerte nunca me lastimé, pero es algo que tengo que mejorar, en especial en las bajadas. En esta edición recordaba el final, bajando entre piedras para llegar a una parte de árboles, asfalto, el dique y las benditas escaleras, a las que parecía que cada año le agregaban escalones. Subí con mucho esfuerzo, incentivado por los tandilenses que aplaudían (y a la vez presionado para que no me viesen frenar o caminar). Trepé como pude y apuré el paso para cruzar la meta en la plaza. Ahí logré mi primera marca en una Adventure Race de Tandil completa: 3 horas, 44 minutos, 30 segundos. Es un tiempo destacable si tenemos en cuenta mi inexperiencia, y que estar corriendo todo ese tiempo, en el terreno que sea, es en sí una proeza.

Recuerdo en aquellas fechas que estaba discutiendo en foros de internet sobre el vegetarianismo, y algunos me discutían que los vegetarianos no podían hacer deportes de alto rendimiento. Yo puse esta carrera como ejemplo: había estado casi 3 horas y 45 minutos corriendo sin parar. La respuesta me devastó: 27 kilómetros no es considerado deporte de alto rendimiento (¿y quién me manda discutir y hacerle caso a una persona en la web que no hace deporte?).

El año 2011 me encontró inmerso en Semana 52. Ya venía escribiendo en el blog desde mediados de agosto, cinco meses después de haber hecho mi primera Adventure Race Tandil. Mi intención era mejorar mi marca. Estaba mejor entrenado y mejor alimentado, y podía notar esa diferencia. Ya había participado de más carreras, incluso había completado una maratón. Mi momento cúlmine en esa competencia de calle fue cuando pasé la barrera de los 27 km, algo que nunca antes había logrado. En esta nueva edición en las sierras tandilenses, tenía el objetivo de hacer marca. Ese año corrí con Marcelo, con quien compartíamos una velocidad muy pareja, y ganamos distancia al principio de la carrera. Me ayudó a exigirme, y supongo que yo también a él. Una congestión me hizo muy difícil respirar en la primera etapa, y recién pasando la mitad me sentí mejor. El recorrido lo tenía bastante conocido, aunque las cuestas de la segunda mitad me costaron bastante y con Marce las caminamos. Varias veces sentí que mis piernas estaban al punto del calambre. Pero ya antes de correr había decidido bajar mis tiempos, y me conformaba con mejorar unos 15 minutos. Después de la bajada que anunciaba la llegada a la ciudad, todo se hizo más fácil. Fue meterle pilas, trepar los escalones malditos, y esprintar hasta la meta. Cuando llegué, no podía más de alegría. Había llegado en 2 horas 58 minutos, abajo de las 3 horas y mejorando en 47 minutos mi marca anterior.

Volvimos, por supuesto, en 2012, corriendo codo a codo nuevamente con Marcelo. Esta vez Tandil nos agarró con más experiencia, pero nuestro exceso de confianza nos jugó una mala pasada. Arrancamos con todo, haciendo picos de 3:30 minutos el kilómetro. Nos comíamos las bajadas, era pasar y pasar gente. Ese ritmo… me aniquiló. No tenía aire, me era imposible seguir a ese amigo que SIEMPRE había demostrado tener un nivel similar al mío. Me llené de dudas. ¿Por qué no lo puedo seguir? ¿Qué hice mal? Lo dejé irse y me quedé meditando en silencio, buscando una explicación a mi falta de rendimiento. No era consciente de lo que nos habíamos quemado, pero como Marcelo estaba a mi mismo nivel, que él pudiera hacer algo que yo no podía era una mala señal para mí.

Una de las explicaciones que me di en ese momento era que él corría sin mochila hidratadora. Yo nunca había hecho una carrera larga sin ella. Hasta la maratón, que tenía puestos de hidratación cada 5 km, la hacía con mis propias provisiones. Esos dos litros de agua que uno carga en la espalda se convierten en dos kilos de peso extra, más cualquier alimento o abrigo que uno decida llevar. Por suerte para Marcelo, también llevaba Voltaren (Diclofenac en crema) y Árnica. En la cima de la gran cuesta de la mitad de la carrera me lo encontré a mi compañero, caminando, arruinado. Se había quedado sin agua y estaba completamente acalambrado. Lo asistí, le di de tomar, y cuando las piernas empezaron a aflojar, salimos con la promesa de no volver a separarnos. Habíamos ganado mucho terreno, pero lo cedimos en las cuestas. En la bajada de la cantera, donde uno toma velocidades supersónicas, Marce se sentía exigido, así que las caminamos. A pesar de eso, llegamos en 2 horas con 53 minutos, mi mejor marca. Quizá cabría aclarar que la distancia, como el recorrido había cambiado, se había reducido y pasó a ser de 26 km. Pero no importaba, lo que contaba era haber hecho mejor tiempo (tranquilamente ese kilómetro extra podríamos haberlo hecho por debajo de los 5 minutos).

Al año siguiente, 2013, fue por lejos una de mis peores experiencias en toda mi vida. No tuvo que ver con la carrera, sino con haber caído en las cabañas de un loco que odiaba a los porteños y nos echó de su complejo. ¿Cómo correr una carrera tan dura cuando el día anterior intentan pegarte por nada? En esa edición había decidido dejar atrás los intentos de superar mis marcas y corrí en equipo con mi ex. Como la pasé tan mal es una experiencia de la que recuerdo poco. Ella mejoró su marca en 15 minutos e hicimos un tiempo de 3:57 hs. Pero no pude disfrutar de la experiencia. Aunque quería tomármelo con calma, en las cuestas quería apurarme y, como estaba en un equipo, no podía hacerlo. Es difícil correr acompañando, no todos son capaces de hacerlo. Requiere una madurez mental que, en ese entonces, yo no tenía.

Y el domingo pasado hice mi última incursión, intentando mejorar mi tiempo de 2012 y olvidar mi experiencia de 2013. El cambio más notorio fue que la carrera se me hizo más corta, seguramente por un cambio de percepción en mí. La disfruté tanto que la correría de nuevo mañana mismo. De hecho ya estuve pensando mucho en las cosas que me pasaron, lo que hice, y qué cambiaría. Evidentemente mi punto más flojo son las bajadas, no las encaro bien y pierdo mucha velocidad. Pero también descubrí que gano muchísimo terreno en las subidas, que las puedo hacer trotando (a menos que requieran que uno trepe). Fue también mi primera Tandil corriendo sin mochila hidratadora, solo con lo que cargaba en el cinto, en la mano, y en los puestos. Hacer una carrera veloz además me sirvió para depender menos del agua. El hecho de que haya llovido mantuvo baja la temperatura del cuerpo, con calor seguramente hubiese sufrido un poco más la deshidaratación. Pero todo salió excelentemente bien, aunque me caí un par de veces y me torcí el tobillo derecho seis veces (siempre es el mismo pie… eso debe significar algo). Hice 2 horas 29 minutos, mucho mejor de lo que me esperaba. Y mis tropezones me dan la pauta de que si domino la cuestión de las bajadas, podría mejorar mi tiempo un poco más. ¿Cuánto? Lo sabré con el correr de las próximas ediciones…

Publicado el 19 marzo, 2014 en Carrera, determinación, Espartatlón III semana 25, experiencia, Terma Adventure Race Tandil. Añade a favoritos el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. El tobillo derecho, no es el que te lastimaste en la Plaza San Martín?

  2. ¡Así es! No lo había pensado…

  3. Tal vez se merezca una tobillera o algún tipo de refuerzo……….

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