Semana 23: Día 157: Hay que salir de la zona de confort

Cuántas veces dejamos de hacer algo porque nos resultaba “incómodo”. Yo era de esos, definiendo mi menú por lo que hubiese en el supermercado chino de la esquina de mi casa.

Pero correr, y en especial el fondismo, es netamente ponerse a uno mismo en situaciones incómodas. El running es esfuerzo, traspirar y, de vez en cuando, pasarla un poco mal. No es eso lo que disfrutamos, sino el sobreponernos a la adversidad (y a nuestras propias inseguridades).

Cuando experimenté una distancia de ultra por primera vez, lo sufrí. Mucho. Me sentí el tipo más débil del mundo. Pero hasta el alfeñique de 44 kilos, con tiempo y esfuerzo, se convirtió en Charles Atlas. Me repuse de esa penosa experiencia llamada Patagonia Run, y en un mes estaré corriendo de nuevo los 100 km.

Lo que más le espanta a la gente de la Espartatlón es el esfuerzo descomunal. “¿Para qué?”. Bueno, en mi caso, porque es un capricho. Es salir del potrero y querer jugar en Primera (ni siquiera intentar ganar). Ni siquiera yo me imaginaba lo que hacía falta para clasificar para esa prueba, pero lo fui aprendiendo. Fue, como con la Patagonia Run, animarme a pasarla mal, hasta que el esfuerzo se convirtió en algo más habitual. Por ahí parte del proceso es animarse a hacer las cosas, porque muchas veces el miedo es por desconocimiento. Habiendo vivido algo, por primera vez, cuando lo volvemos a hacer ya no es tan terrible.

Sé que la Espartatlón es una prueba muy dura y que está bastante por fuera de mi zona de confort. Por eso estoy intentando correr en cada oportunidad que tengo, como cuando un trámite me lleva a la otra punta de la ciudad, o lo que voy a hacer esta noche, que es volver corriendo desde el entrenamiento (o sea, trotar y hacer musculación con mi grupo y a las diez de la noche volver a casa haciendo 21 km a pie).

No voy a negar que a veces me siento cansado y que la perspectiva de correr dos horas en la noche, mientras la mayoría está cenando o disfrutando de una película, no es un plan muy alentador. Quizás hasta llueva mientras esté volviendo. Pero en el fondo quiero esto. Necesito acostumbrarme a correr incómodo. A veces se me revienta una ampolla y pienso “¡Perfecto! Puedo practicar cómo es seguir avanzando con dolor y ver si me acostumbro”.

Falta un mes para la Patagonia Run y siete para la Espartatlón. Va a ser un año poco cómodo y confortable para mí, pero espero salir más fortalecido y más sabio de todo esto.

Publicado el 3 marzo, 2014 en correr, determinación, esfuerzo, http://schemas.google.com/blogger/2008/kind#post, running, ultramaratón, zona de confort. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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