Archivos Mensuales: marzo 2014

Semana 27: Día 185: Consejos para las ultramaratones de montaña

En dos semanas exactamente, ya todo habrá pasado. Habré vuelto en avión hasta Aeroparque, las piernas habrán pedido a gritos un taxi, y quizá me haya tomado una siesta después de jugar 15 minutos con el iPad.

Pero para eso falta, tendré que haber viajado hasta San Martín de los Andes y haber corrido no menos de 100 km en plena Cordillera de los Andes. Si te parece una locura… medio que lo es. Pero me entusiasma muchísimo, porque ya no es una distancia desconocida y quiero mejorar mi magro tiempo de 18 horas (habiendo hecho más de la mitad con mucho dolor de tobillo, luego de una fea torcedura, tampoco estuvo tan mal).

Me gusta lidiar con la ansiedad previa a las carreras compartiendo las cosas que fui aprendiendo en este tipo de terreno.

Lo primero es, como todo, controlar las expectativas. Si a algunos la dificultad o la posibilidad de tener que abandonar en el camino los desanima para siquiera participar, yo diría “usalo”. Lo peor en una competencia tan exigente es la subestimación. Si fuera imposible, nadie llegaría. Y yo llegué rengueando muchísimos kilómetros. Es preferible ser conservador que pensar que por haber hecho la Adventure Race Pinamar estás listo para la montaña. Pisar con cuidado, relajarse sin perder de vista los horarios de cierre de los puestos… y pensar que estamos embarcados en una actividad muy dura y riesgosa.

Lo siguiente es lo de siempre. “Las ultramaratones son competencias de tomar y comer, donde se ven lindos paisajes y se hace deporte”. La estrategia no tiene que ser hacer determinado tiempo o vencer a tal corredor (a menos que seas élite, por lo que no necesitás leer consejos sino darlos). El plan de carrera tiene que estar armado para determinar en qué momentos comer, qué y cuándo. No llegues al día de la ultra para probar algo nuevo, hacelo en un entrenamiento largo. No te lleves una sorpresa desagradable en el filo de la montaña, a dos horas del puesto de asistencia más próximo.

Lo mismo para la bebida, aunque no hay mucha vuelta: agua (que no sea baja en sodio) o bebidas isotónicas. Yo estoy experimentando para bajar el consumo de azúcar o JMAF al mínimo, pero lo pruebo acá en la ciudad y no en la montaña. Pero si no tenés los traumas que tengo yo con la comida saludable te recomendaría atenerte a las bebidas isotónicas. Si te hartás de dulce… aguantate. Podés cortar con comida salada. En un esfuerzo tan prolongado, un Powerade o un Gatorade hacen una gran diferencia.

No sumes peso de más. Consultar el clima te puede adelantar si vas a necesitar esa campera o no. Yo intento llevar abrigos livianos, que si tengo calor me permita atarlos a la cintura. Pero ojo si el recorrido requiere saltar un alambrado o algo que te enganche la ropa.

Si la carrera tiene el sistema para dejar cosas tuyas y que te esperen en un punto del trayecto, no lo desaproveches. Comida, bebida, abrigo si pasamos de noche, medidas secas… es menos peso en la espalda.

El descanso, para mí, es fundamental. Mientras muchos habían ido a la charla técnica de Yaboty, a las 8 de la noche, yo me quedé en mi cama durmiendo. Como había que madrugar (se largaba antes del amanecer) yo me tiré a las 19 y dormí profundamente, mientras muchos, por la ansiedad y el temor de no despertarse, siguieron de largo.

No te desesperes si ves gente que te pasa. Es probable que si vas lento pero constante, más adelante los alcances. O no. Pero es tu carrera, no le tenés que ganar a nadie más que al cansancio, a la naturaleza y a vos mismo.

Hay normas de las organizaciones que suenan a capricho, sobre todo respecto al equipo obligatorio. Pero por algo están. Es preferible que lleves el silbato y la manta térmica para no usarlos, a que caigas en un acantilado o te agarre una noche helada si posibilidad de pedir auxilio o protegerte del frío.

Y, lo más importante, sentite orgulloso de participar de una ultramaratón, termines o no. Si bien no competís con nadie, estás haciendo en un día muchísimo más de lo que algunos hacen en toda su vida.

Semana 27: Día 184: Feliz cumpleaños, Batman

Hoy, pero hace 75 años, se publicaba una revista de historietas que, no exagero, cambiaría al mundo para siempre. Se trataba de Detective Comics #27, que como su nombre indica, era una publicación dedicada a los policiales y al crimen. Un pibe llamado Bob Kane ideó, junto a sus amigos Bill Finger y Jerry Robinson, a un personaje al que le puso de nombre Batman.

El encapotado es conocido por prácticamente todo el mundo. Pero pocos saben que en su primera historia, no sabíamos que Bruce Wayne y Batman era la misma persona hasta la última viñeta. En el año 1939 esto de los superhéroes era algo absolutamente nuevo. Un año antes había debutado Superman, que había resultado ser un tremendo éxito, así que la National, editorial que después se convirtió en DC Comics, le pidió a Kane que ideara otro superhéroe. Basado en ese encargo, tomó inspiración de la máquina de volar de Da Vinci (que remite a las alas de un murciélago), como así también al Zorro y The Bat, personajes que él veía en el cine.

Hablamos del principio del género que hoy le da de comer miles de millones de dólares a Hollywood. En ese entonces no había escuelas de historietas. Casi todos los artistas eran autodidactas, y copiaban fotos o poses de otras historietas, algo que hoy consideraríamos un escándalo, pero que en su momento fue parte del proceso de aprendizaje.

Batman también fue un éxito, y su tono oscuro, a tono con un cómic de “detectives”, se parece más al personaje que interpretó Christian Bale en la trilogía de Christopher Nolan que al de Adam West de los ’60, que había nacido con la intención de ser un programa humorístico para adultos y se volvió un éxito entre los más chicos.

El hombre murciélago marcó una guía sobre cómo serían los héroes por venir. El joven compañero, la guarida secreta, el auto y los accesorios tecnológicos… Batman inventó todo eso. Nunca me va a dejar de llamar la atención cómo, en un principio, este héroe escapaba de la policía y era el terror de los criminales, para que en los ’60s terminara convirtiéndose en una parodia de sí mismo, un poco ridiculizado y hasta asociado con las fantasías homoeróticas que tiene la gente reprimida.

Cuando me enteré de que estaban haciendo una película sobre Batman, me volví loco. A fines de 1989 no existía internet. Nos enterábamos todo por la tele o el diario. La realización de un largometraje de aquel héroe que me encantaba me abrió las puertas del cine. Yo en ese entonces ni siquiera sabía quién era Jack Nicholson, mucho menos Michael Keaton, Kim Basinger o Tim Burton. Solo lo tenía a Jack Palance de “Créase o no, de Ripley”. Oliendo el éxito, editorial Perfil comenzó a publicar una historieta llamda “Batman y los Outsiders”, y ahí empecé a coleccionar. Eso derivó en que me quisiera dedicar al dibujo, que a su vez derivó en que terminara estudiando diseño gráfico, lo que me llevó a editar.

Todo hubiese sido circular si hubiese terminado trabajando en las ediciones locales de Batman, pero no pudo ser. Terminé traduciendo y haciendo labores de editor en las versiones nacionales de Marvel Comics, que es la editorial competencia de DC. Por eso, por ahora, mi afición a Batman sigue siendo algo que no ha sido contaminado por las obligaciones laborales.

Bruce Wayne, a quien la traducción mexicana decidió rebautizar como Bruno Díaz, es el máximo paradigma de enfoque y determinación. Dedicó años a prepararse física y mentalmente para cumplir su objetivo. Lo que el cine no se encargó de transmitir es que la motivación de Batman no es vengar la muerte de sus padres, porque si así lo fuese, cuando el Joker muere al final del film de 1989, hubiese logrado su objetivo. En verdad lo que Batman busca es que nadie en su ciudad pase por lo mismo que él: la tragedia de perder a un ser querido a manos del crimen.

No he llegado al extremo de correr una carrera disfrazado de superhéroe, pero no me olvido de dónde vengo, qué cosas me marcaron, y sin dudas Batman tiene que ver con la decisión de mi profesión. Como si fuera poco, nos ha dejado una promesa: cualquiera que tenga paciencia y dedicación puede mejorar su cuerpo y llevarlo a su límite. O sea, con años de entrenamiento, cualquiera podría ser Batman, mientras que para ser Superman haría falta haber nacido en otro planeta, o cierta araña radioactiva para convertirse en Spider-Man.

75 años, 8 largometrajes (uno en camino, donde se enfrentará a Superman), infinidad de series animadas e incontables historietas. Y la eterna promesa que vivieron generaciones anteriores, la actual y las que vendrán, de que aunque sea de noche y entre las sombras, siempre existirá un rayo de esperanza.

Semana 27: Día 183: ¿Se puede abandonar el azúcar?

Hay una máxima que dice que todos los titulares en forma de pregunta tienen como respuesta “no”. Y la verdad que abandonar el azúcar es una tarea muy compleja. La cantidad de alimentos que tienen esta sustancia es inmensa, pero ahí está el tema: no tomamos consciencia de lo que nos venden adentro de los alimentos refinados, y a veces ni siquiera tenemos opción.

Estoy muy acostumbrado a leer las etiquetas en el supermercado. Al principio, cuando solo era vegetariano, me fijaba que no tuviesen grasa bovina refinada (principalmente pastelería, galletitas). Después me enteré de que la gelatina se hacía con huesos y cartílagos (o sea, involucraba que muriese un animal), así que dejé de consumir una gran porción de productos (quesos crema, mermeladas, golosinas). Ya en ese punto un tercio (o más) de lo que se vendía del supermercado dejó de interesarme.

Cuando me hice vegano, leer las etiquetas se volvió más minucioso. Ahora estaba queriendo dejar la proteína animal, así que una inmensa cantidad de alimentos pasaron a la lista negra (huevos, leche, quesos, margarina, helados, yogures, casi todos los panes de molde, el restante de las galletitas y crackers, tortas, pastas frescas y prácticamente todas las comidas preparadas como empanadas, tortillas, pizzas, etc).

Este blog no pretende sermonear ni obligar a nadie a cambiar su alimentación. Esto es algo mío, muy personal, y que siempre se me dio en forma natural. Como hice un click en mi forma de pensar, me empezó a llamar mucho la atención las compras de la gente. Veía lo que iban poniendo en la caja para que les cobren e iba listando mentalmente las cosas que iban a comer y los potenciales riesgos a la salud. Pero, como dije, son cosas mías… nunca me sentí obligado a dejar de consumir ciertos productos, simplemente no los quise más en mi vida.

Dejar el azúcar se convirtió prácticamente en un abandono de prácticamente todos los cereales, las mermeladas que no tenían gelatina, el dulce de batata y membrillo, y casi diría que el total del supermercado excepto por las frutas, verduras y ciertos cereales como la avena. Ayer, sin ir más lejos, fui a hacer las compras y tomé consciencia de que mi rutina es ir salteando góndolas.

Pero como decía en el título de post, es una incógnita si se puede dejar el azúcar. El haber dejado la leche me significó pasarme al AdeS natural como reemplazo de un líquido fluido y con proteínas para el desayuno y la merienda. Y claro, tiene azúcar. Supuestamente su concentración es menor que en otros alimentos (por ejemplo, en los cereales casi siempre hay más endulzante que cereal), pero sigue siendo algo que quiero dejar. Probé con leche de soja más casera, sin azúcar o con stevia, y resultó un verdadero espanto. En una época me hacía leche de almendras, y quizá sea el camino que tome en un futuro cercano.

Y si hay algo peor que el azúcar, es el jarabe de maíz de alta fructosa (JMAF), que viene en una gran cantidad de alimentos. No es el reemplazo que estaba buscando, sino todo lo contrario. Las ventajas que tiene el JMAF es que es menos costoso que el azúcar, se mezcla mejor con los líquidos, y también se usa como preservante. Las desventajas son que posee mayor fructosa, por lo que aumenta los riesgos de las enfermedades relacionadas como el sobrepeso (hipertensión, obesidad, cardiopatías, etc). El JMAF metaboliza la grasa del organismo más rápidamente que cualquier otro azúcar y daña el hígado y aumenta los triglicéridos, un precio muy alto para que las compañías que venden alimentos procesados y gaseosas bajen sus costos.

Ahora bien… dejar el JMAF me implica algo que para mí es muy complejo, y es abandonar las bebidas isotónicas como el Powerade y el Gatorade. Si bien su aporte de hidratos y electrolitos es imprescindible para las ultramaratones, sigo en la búsqueda de consumir en forma responsable. Esto no quiere decir que voy a pasar exclusivamente al agua, sino que necesito encontrar una alternativa. Y como todo, no puedo esperar a que la industria alimenticia lo invente: lo tengo que hacer yo. Es por eso que en los próximos días voy a experimentar con una bebida isotónica casera, a ver si la puedo usar en la Patagonia Run. Creo que sería fantástico poder volverme autosustentable, y comprobar que con un poco de esfuerzo puedo consumir exclusivamente lo que mi cuerpo necesita, y no lo que precisa una empresa…

Semana 26: Día 182: A mitad de camino

¿Qué día es hoy? Uno como cualquier otro, donde Fibertel me dejó sin internet todo el tiempo, los trabajos se acumulan, me cociné cous cous con soja texturizada y tomates desecados, corrí y me bañé. Pero podríamos decir que es un día especial.

Hoy es el día 182 de Semana 52, o sea que es exactamente la mitad del trayecto. Desde el Spartathlon 2013 a el Spartathlon 2014. Nunca pensé que iba a durar más allá del primer año, y después vino el segundo y ahora el tercero, buscando cumplir ese sueño tan lejano.

¿Cómo me encuentra estar exactamente parado en la mitad? Un poco ansioso, porque estoy lejos del dinero que necesito para viajar con mi equipo a Grecia. Sé que de mi bolsillo solo me puedo pagar todo, pero siento que con eso no va a ser suficiente para llegar a la meta. Como sea, también estoy contento por todo lo que logré. Esta semana tuve algo de preocupación por mi pie izquierdo, una molestia sobre el empeine, casi pegado al tobillo externo… dolía correr, incluso caminar. No me apareció pegado a Tandil, ni durante el último fondo de 50 km… sino el lunes, como quien no quiere la cosa. El miércoles seguía molestándome, y por eso me reservé y no volví corriendo a casa.

Pero hoy… me tomé un momento para salir a trotar, sin tener idea de cómo estaba. Lo único que le administré fue descanso. Salí y me fui a la Reserva Ecológica, que estaba desierta. Anoche llovió mucho, así que era un barrial. Yo creía que los días posteriores a una tormenta no abrían, pero como estaba tan estresado y tan necesitado de correr, me mandé sin pensar. Una vez adentro noté lo dificultoso que es hacer un fondo sobre barro… pero no me detuve. Hice 20 km, de los cuales casi 18 fueron adentro de la Reserva, pisando a veces el barro y otras esquivándolo. ¿El tobillo? No me molestó absolutamente NADA. Igual saqué turno con unos traumatólogos especialistas en atletas, porque quiero que me revisen de punta a punta. No está de más evaluar cómo estoy por dentro…

En la Reserva me pasó algo extraño, una de esas cosas que no podría ver como molestas y a la vez divertidas. Estaba corriendo e intentando identificar por el suelo si me iba a hundir o si la tierra era firme… y con el correr de los kilómetros empecé a acumular barro en la suela de la zapatilla. Se podía sentir alterando mi pisada, agregándole peso a mis pies… y al seguir avanzando, rápido y dando pisotones fuertes, empezaba a sentir cómo se desprendía el barro por cachos enormes… algunos me pegaban en los gemelos con cada zancada. Era una situación placentera, como esa sensación de sentir la estática cuando te sacás un pullover en invierno, o cuando te despegás la plasticola de la yema de los dedos. En fin, cosas que te pasan corriendo en el barro.

Ahora que estoy recuperado espero aprovechar los últimos días de marzo para aumentar mi kilometraje y ver en qué número cierro. Falta mucho para Grecia pero también muy poco. Son solo 182 días hasta llegar a la largada…

Semana 26: Día 181: Me sube la bilirrubina

Hoy tuve turno con la doctora Carosio, que es quien en los últimos tiempos me hizo los aptos médicos. Como me cambié de obra social por una que me asesinaba menos cada mes, quizás esta sea nuestra amarga despedida.

Cada vez que la doctora Carosio me veía, yo sé que lentamente en su cabeza iban apareciendo mis características: “vegano… corre mucho… tiene la bilirrubina alta…”. Varias veces me consultó si mi decisión de no comer proteína animal la iba a sostener toda la vida, porque le preocupaba que no esté recibiendo lo que necesitaba. Los análisis en general dieron siempre perfecto, excepto por la bilirrubina, índice que todavía no tengo idea de para qué sirve. Intentaré explicarlo copiando y pegando de internet: “Es un pigmento que se almacena en la vesícula y se elimina por la bilis al tubo digestivo. Se emplea fundamentalmente para valorar la función de la vía biliar y del hígado”. ¿Quedó claro? ¿No? Mejor, así no me siento tan solo.

Según mi nutricionista (a quien veré el próximo viernes), es normal que la bilirrubina le dé alta a los corredores. En mi caso, viendo el archivo, noto que en diciembre de 2010 me dio 1,44. Los valores de referencia, en aquel entonces, eran entre 0,3 y 1,0. En Febrero de 2013 me dio 1,6, pero los valores de referencia que indicaban los análisis eran entre 0,2 y 1,5. Supongo que la medicina se actualiza. En los estudios que revisó la doctora hoy me dio 1,76.

En febrero me había dado una orden para hacerme un hepatograma. Como no había “apuro”, me dejé estar y jamás lo hice. Hoy me dio una nueva orden. Si es normal que suba en corredores de fondo, ha sido progresivo mi aumento de bilirrubina con la cantidad de kilómetros mensuales que estoy haciendo.

Cito un informe de internet: “Múltiples estudios indican que el entrenamiento de resistencia provoca una menor concentración de hematíes en sangre circulante, debido fundamentalmente a déficit de hierro, pero también debido a un aumento de la hemólisis intravascular. Esto puede explicar las tasas elevadas de bilirrubina en sangre en los deportistas de fondo. Al romperse los hematíes, la hemoglobina se escinde en sus dos componentes: el grupo protéico de la globina y el grupo hemo, del que su componente de hierro es reutilizado, y el resto de hemo se metaboliza en biliverdina y posteriormente en bilirrubina”. Además, aparentemente puede hasta ser beneficioso para la salud. Mamá, leé: “Científicos de la Universidad de Johns Hopkins de Nueva York (Estados Unidos) han descubierto cómo la molécula tóxica de la bilirrubina puede también ser beneficiosa para la salud humana. Los hallazgos se publican ahora en la edición online de la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). Los investigadores informan que la bilirrubina y la enzima que la origina, constituyen el mayor agente protector contra el daño oxídativo, algo que en el futuro ayudará a mejorar los tratamientos contra el infarto cerebral, el ataque cardiaco e incluso el declive cognitivo después de una operación de ‘bypass’. La bilirrubina es, pues, un agente antioxidante tan potente que desplaza al glutation A, la molécula que se ha considerado, como el mayor antioxidante celular. Conocida como la molécula tóxica que se produce en la última fase de la degradación de la hemoglobina, la bilirrubina se sabe también que reacciona con formas altamente reactivas del oxígeno responsable de prácticamente todo el daño celular.”

Otro índice que me dio por encima de los valores normales (Mamá, no te alarmes que me aclararon que está todo bien) es el de la Glucemia. Tengo 106 mg/dl, cuando los valores de referencia son entre 70 y 110. Acá la doctora hizo trampa porque me dijo que se revisaron esas cifras y que el máximo recomendado es 100, ya que se observó que las personas que tienen más de ese valor pueden desarrollar diabetes años más tarde. Supongo que también podrían haber tenido 90 en algún momento de su infancia, por lo que tampoco me dice nada. Estoy en campaña para dejar los azúcares refinados y el Jarabe de Maíz de Alta Fructosa (JMAF). Además de hacer ejercicio y ser vegano… no se me ocurre qué más hacer para no desarrollar diabetes en algún momento de mi vida. Si alguien tiene una mejor idea, soy todo oídos.

Quiero dejar en claro que escribí un post sobre la Bilirrubina sin mencionar en ningún momento a la canción de Juan Luis Guerra. Para mí es un progreso inmenso.

Semana 26: Día 180: Volviendo

Hoy va a ser mi regreso a entrenar con normalidad. Pero sigo con algunas molestias en la pierna izquierda, así que es todavía una incógnita para mí cómo me va a ir.

El dolor no es exactamente en el tobillo, al menos no a nivel óseo. Tengo la impresión de que es algún tendón, como si fuese otra vez una osteocondritis (prefiero que me agarre ahora y no en Septiembre). Tomármelo con calma el lunes me ayudó, hoy es la prueba de fuego, aunque todavía siento una ligera molestia.

Tanta fe me tengo que vine preparado para volver corriendo a casa. Si no me molesta cuando entrene, quizá haga los 21 km desde San Isidro a Retiro trotando. Si no, será con sentimiento de derrota y en tren.

Por si todo sale bien, mi estrategia es no correr con mochila, así que me traje un Powerade en una bolsa, junto a un sándwich de tofu. En este preciso instante estoy viajando a Acassuso en un atestado tren. Vistiendo una remera de manga larga sobre la musculosa y calzas largas. No es que tenga frío (aunque afuera caen algunas gotas de lluvia), sino que mi entrenador me aconsejó vestir calzas para ayudar a que las piernas entren en calor más rápido.

Y si me sigue doliendo, no podré seguir evitando ir a una consulta con un traumatólogo…

Semana 26: Día 179: Recuperando los tobillos

Si tuviese que recomendar un modo de tratar una lesión, sería descanso y entrenamiento.

Aunque eso suene una paradoja, es lo que siempre me funcionó. No sobrecargar la zona pero tampoco quedarse quieto indefinidamente. Veo a las lesiones o los dolores como una señal de que esa parte del cuerpo necesita más entrenamiento (me refiero a las consecuencias de la fatiga, no si te cae una piedra en el antebrazo). Siguiendo esta política, en los últimos meses decidí no tomar analgésicos. Entiendo si alguien necesita tomarlos ante una situación absolutamente intolerable, pero creo que jugamos demasiado con nuestra salud y le metemos demasiados químicos a nuestro cuerpo. Sin ir más lejos, muchos calmantes tienen contraindicaciones a las que no les damos mucha importancia, la más común siendo la de hacer pelota nuestro aparato digestivo.

No me queda muy en claro qué me pasó, pero supongo que el esfuerzo por correr la Adventure Race de Tandil me dejó especialmente sensible, y ayer, un día después de correr un fondo de 50 km, empecé a notar un dolor en el tobillo izquierdo. Cuando a la noche quise entrenar, habiendo dormido muy poco en los últimos dos días, me sentía duro como una piedra y con bastante molestia. Decidí no esforzarme y correr muy poco. Después de dormir unas reglamentarias 8 horas me siento mejor, calculo que mañana será la hora de la verdad.

Si pongo la carrera en perspectiva, la montaña no es lo mío. Me cuesta mucho bajar y no piso con seguridad. Me tropecé dos veces y me torcí el tobillo todo el tiempo, pero lo raro es que era el derecho. ¿Podría ser que la molestia en el izquierdo haya sido por compensación? Todo es probable…

En 20 días es la Patagonia Run, que en comparación hace que la Adventure Race de Tandil sea una caminata al chino de la vuelta. Decididamente no me voy a enloquecer y voy a tomarme con mucha calma cualquier terreno que no sea asfalto o tierra plana. Estoy necesitando hacer una ultramaratón como entrenamiento, exigirme y salir de mi zona de confort (en la montaña no voy a poder ir a una estación de servicio a comprarme algo para tomar), pero tampoco quiero lesionarme y poner en riesgo mi entrenamiento para la Espartatlón.

Mi conclusión es que, aunque le puse mi mejor esfuerzo y me fue mejor que nunca, no estoy preparado para correr entre las rocas y mucho menos en las bajadas. Entonces, ¿para qué me meto en esa clase de carreras? Supongo que si fuera fácil para mí, no me representarían un desafío…

Semana 26: Día 178: Al final, soy humano

Creo que esta vez voy a decepcionar a mucha gente, pero hoy me sentí realmente cansado y con muy poca energía para hacer algo.

Posiblemente tenga que ver con el fondo de 50 km que hice ayer. En general me sentí bien, pero lo hice con la sensación se estar agotado. Correr sin mochila me hizo una gran diferencia, y posiblemente eso fue lo que me permitió hacer un buen tiempo para un entrenamiento (4 horas y media). Pero venía de dormir cinco horas, y para colmo, ese mismo día me acosté a las 2:30 de la mañana y a las 7 ya estaba arriba.

Creo que tampoco me recuperé del todo de Tandil. Los tobillos me empezaron a doler recién hoy, y un par de veces alguien mencionó mi cara de cansado.

Hoy fui a entrenar y di pena. Me dolían las rodillas y los tobillos. Entrar en calor me ayudó muchísimo y bajó bastante el umbral de dolor. Pero todavía están aquí, quejándose.

Evidentemente no puedo mantener este ritmo y no ddormir. Por ahí en otro momento de mi vida lo hubiese hecho. Esta fue mi resolución para 2014: descansar más. Es momento de empezar a buscar cómo cumplirlo.

Semana 26: Día 177: Abandonando la mochila

El entrenamiento de fondos largos se convirtió en algo que me encanta. Es un momento de relax, en medio de un gran esfuerzo físico, y me ha permitido que mi techo suba. Mientras antes corría una maratón y quedaba cuatro días dolorido, ahora puedo correr 50 km y a la mañana siguiente levantarme como si nada.

Disfruto correr, y esa debe ser la obviedad más grande que escribí en este blog. Pero hay algo que siempre me fastidió y a lo que no le podía encontrar la vuelta: entrenar con mochila hidratadora. La verdad es que para hacer 21 km podía salir de casa con el cinto hidratador y tirar con eso. Además, las vueltas que hacía en la Reserva Ecológica, que podían llegar hasta 30 km, tenían la ventaja de que era en un predio con canillas especialmente preparada para atletas.

Cuando la norma pasó a ser correr 50 km los domingos, ni la Reserva ni el cinto eran suficientes. Por eso cargaba la mochila (a veces con la bolsa hidratadora, a veces con botellas) y salía a patear la calle. Y realmente no me sentía cómodo. Los hombros se tensionan, la espalda queda toda transpirada, y sacar algo de ahí adentro implica todo un ritual.

El domingo pasado fue la Adventure Race de Tandil, y decidí de antemano correrla sin mochila, algo que la organización desaconsejó en la charla técnica. Estamos hablando de decidir abandonar mi zona de comfort. Yo hice mis primeras maratones con mochila, y me costaba mucho desprenderme de ella y depender de los puestos de hidratación. Para esta experiencia en Tandil me la jugué, con una botella en la mano desde la línea de largada, aguantando hasta llegar a los puestos. La experiencia anduvo bien, así que no tuve que lamentarlo.

Hoy me tocó un fondo de 50 km, de cara a la Patagonia Run (y, ya que estamos, para ver cómo quedé después de la dura experiencia en las sierras). El bichito de mandarme sin mochila me andaba revoloteando, y decidí que si quería probarlo, esta iba a ser la mejor oportunidad. Como necesitaba aprovechar el resto del día, me levanté a las 4:30 de la mañana, desayuné y preparé las cosas para salir. Le adjunté bolsillos al cinto hidratador, me guardé pretzels, pasas de uva, el celular y las llaves, y saqué un Powerade de 750 cc de la heladera. Como estaba fresco me puse una remera de manga larga térmica y salí.

Tenía una mezcla de emoción y miedo por estar sin esa mochila que me acompaña a todos lados. Pero quería estar cómodo. El frío mantiene a raya la transpiración, que a su vez hace que tengamos menos sed, así que empecé a tomar por reflejo más que nada. Cada 5 km me tomaba un tercio de la botella. Mi estrategia era depender de las estaciones de servicio del camino. Normalmente tendría montones de opciones, pero como había decidido salir a las 5 de la mañana, se me podía complicar.  Por suerte, en el trayecto me crucé con montones de lugares abiertos, e incluso boliches con la música al palo, en el que todavía quedaba gente bailando.

Hice un trayecto que me llevó al Paseo de la Costa, en Vicente López, y vi el amanecer al costado del río. Me detuve a sacar algunas fotos, ya que estaba. Cuando terminé la botella, paré en una Shell, en donde me atendieron desde atrás de un vidrio blindado. Pedí un Powerade por el que me querían asesinar, pero no me quisieron cambiar 100 pesos (como si ese billete valiese tanto ahora). Un poco fastidiadio, seguí corriendo, hasta que di con una YPF donde hasta pude entrar y sacar la botellita de 500 cc de adentro de la heladera (acá también me asesinaron con el precio). Y esa fue toda la hidratación que necesité. Fui hasta San Isidro, pasando la calle Uruguay, y cuando me dio 25 km, pegué media vuelta y volví sobre mis pasos.

Pasando por el Paseo de la Costa nuevamente, aproveché los bebederos para tomar un poco de agua, aunque todavía tenía algo de Powerade. Aunque ya era de día, Buenos Aires seguía casi desierta. Era todo un placer correr así.

En Belgrano, para mi sorpresa, me crucé con muchísima gente corriendo. No tenía idea de que era la Carrera de Miguel, el atleta desaparecido en la última dictadura militar argentina. El recorrido coincidía con mi propio camino, así que no pude evitar compartir algunos metros con los corredores. Me dio pudor que me confundan con ellos, así que traté de tirarme para la vereda. Les daban agua “Conciencia”, que mal no me hubiese venido.

Faltando pocas cuadras para llegar a mi casa y cerrar los 50 km, me dio muchísima sed. Por suerte llegué enseguida y pude tomar agua fresca de mi heladera. El experimento de salir sin mochila fue un éxito. Mi siguiente objetivo a corto plazo será armarme algún tipo de mezcla de pinole, comprar agua mineral en las estaciones de servicio, y mezclarlo. Ahora que pude dejar de cargar peso en mi espalda, me gustaría abandonar los azúcares y el jarabe de maíz de alta fructosa que tienen las bebidas isotónicas. Y sí, vamos por todo…

Semana 26: Día 176: ¿Musculación o running?

La respuesta ideal a la duda de si correr o hacer fierros parecería ser “las dos”, pero vivimos en un mundo injusto que solo tiene 24 horas, y pretende que un tercio de ellas estemos durmiendo.

Los atletas aficionados, que no estamos cerca del podio ni tenemos la suerte de contar con sponsors, nos las arreglamos para entrenar cuando podemos. A veces lo hacemos muy temprano o muy tarde, otras inventamos un hueco donde no existe. En mi caso había logrado el equilibrio perfecto para no tener que faltar a los entrenamientos con los Puma Runners. Los lunes y miércoles a la noche, y los sábados a la mañana, eran sagrados. Sumar otro día era muy complicado, pero un fondo largo en domingo podía meter. Cuando las distancias aumentaron o no me alcanzaban los kilómetros que corría en la semana, improvisé ir al entrenamiento o volver corriendo. El viaje en tren era una hora, hacerlo trotando me tomaba unos 45 minutos extra. También hice trámites en la otra punta de la ciudad a pie, o sacrifiqué horas de sueño para levantarme temprano y salir a correr.

Pero antes de todo esto, con el volumen de 160 a 200 km por mes, tranquilamente le podía sumar una hora diaria de musculación, levantando pesas o haciendo dominadas. El tema es que creo que llegué a un límite en cuanto a tiempo y esfuerzo. Me estoy concentrando en hacer distancia y no me queda mucho más para fortalecer los músculos del tren superior.

Por suerte pude comprobar que aunque no consuma proteína animal podía aumentar mi masa muscular, a veces un kilo por mes (me dicen que en cualquier circunstancia eso es lo ideal). Ante la situación de elegir entre correr y aumentar mi masa muscular, elegí lo primero. Sé que voy a perder algo de músculo (en dos semanas me lo confirma la nutricionista), pero por ahora es lo que hay.

Siento que en mi realidad actual es a lo que puedo aspirar. Las piernas no las voy a descuidar, pero seguramente pierda algo de bíceps, tríceps y hombros. Calculo que después de la Espartatlón volveré a mi punto de equilibrio. Me queda deporte para rato, y puedo darme ese lujo…

…excepto que un sponsor me mantenga los próximos seis meses. Nada me gustaría más que dedicarme solo a entrenar…

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